Sucralosa, el enemigo oculto que se usa en productos como Ser, Yogurísimo y Levité: qué riesgos para la salud alertan expertos

El mercado de los endulzantes artificiales alcanzó unos 214.53 millones de dólares en 2025 en el país, y se estima que llegue a 340.82 millones para 2035. La sucralosa es uno de los edulcorantes no nutritivos más utilizados en el país y en el mundo, compitiendo directamente con el acesulfame-K por la mayor cuota de mercado para uso industrial, en ultraprocesados o elaborados para la venta. Si bien la industria sigue explotando el aspartamo y el acesulfame en primer término, los cuestionamientos a esas sustancias y la versatilidad de la sucralosa por su rendimiento, textura y sabor en el producto final, provocan una tendencia pronunciada a su favor. Entre 2003 y 2013, las importaciones de sucralosa crecieron un 952%, convirtiéndose en el insumo de mayor crecimiento exponencial en todos los sectores industriales del país. En 2024, Argentina importó sucralosa por un valor de 7.9 millones de dólares: indudablemente, una demanda fuerte en la industria alimentaria.

El mercado de los edulcorantes en Argentina crece con fuerza, impulsado por la expansión de la sucralosa, que gana terreno en la industria alimentaria por su versatilidad, sabor y estabilidad frente a alternativas más cuestionadas como el aspartamo

Sucralosa en Argentina: crecimiento del mercado, marcas líderes y uso en alimentos

Las marcas líderes del mercado nacional de edulcorantes son las mismas hace décadas: a la cabeza, Hileret (producida por La cumbre para la empresa norteamericana Talentum), seguida por tres líneas pertenecientes a la estadounidense Merisant: Chuker (al igual que Hileret, compuesta en su versión clásica de sacarina, ciclamato y sucralosa); Sucaryl, a base de sucralosa, y Equal Sweet, de aspartamo. Todas debieron diversificarse para adaptarse a las demandas vigentes en los últimos tiempos. En julio de 2023, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, clasificó formalmente al aspartamo como «posiblemente carcinógeno para los seres humanos» (Grupo 2B). Por la mala fama creciente de la sacarina, el ciclamato y el aspartamo, la tendencia en el público para su uso doméstico viró: la popularidad máxima es actualmente de la estevia, por considerársela más natural y saludable.

Hoy, todas esas marcas ofrecen versiones de sus edulcorantes a base de estevia, cuya desventaja es un sabor y un contragusto menos populares. Por eso, la mayoría de las versiones comerciales (entre ellas, las más exitosas y rentables de las marcas mencionadas) son en realidad una mezcla con los mismos edulcorantes de la línea original de cada marca, más polémicos pero de mayor palatabilidad. Sucralosa y estevia constituyen hoy la combinación más aceptada, porque la sucralosa «tapa» el sabor amargo residual de la estevia pura. El endulzante Hileret de etiqueta verde, llamado Hileret Stevia, es efectivamente una combinación de esteviósidos con sucralosa.  Además, existe Hileret Zuchero, identificado en amarillo, probablemente líder en ventas del segmento sucralosa en Argentina. La marca Chuker imita el producto con el mismo color al igual que Sucaryl, marca líder en la franja económica. Splenda, la marca líder a nivel global de sucralosa, se importa y se consigue en las cadenas de supermercado de perfil más alto con un precio acorde.

Sin embargo, estudios recientes y advertencias de organismos internacionales señalan posibles efectos adversos a largo plazo —desde alteraciones metabólicas hasta impacto en la microbiota—, lo que reabre el debate sobre el consumo habitual de estos productos

El diferencial de la sucralosa es amplio: un edulcorante artificial de alta intensidad (seiscientas veces más dulce que el azúcar, tres veces más que el aspartamo y que la estevia), sin calorías, utilizado en alimentos, bebidas y cocina, identificado frecuentemente como aditivo E955 en los paquetes. Se obtiene modificando la molécula de la sacarosa, el nombre científico del azúcar. Es estable a altas y bajas temperaturas (conveniente para cocción y congelado) y apta para diabéticos, ya que no eleva la glucosa en sangre.

Riesgos de la sucralosa y edulcorantes: qué dicen los estudios sobre salud, microbiota y consumo excesivo

En ultraprocesados, se la incorpora generalmente mezclada con otros edulcorantes. Por ejemplo, al combinar sucralosa con acesulfame K, el dulzor se potencia, imita mejor al azúcar y se vuelve más estable (evita que el producto pierda sabor en la góndola con el tiempo). Las líneas como Ser, Yogurísimo Cremix (versiones descremadas) y Yogs usan esa combinación. Las leches saborizadas en versiones «light» o «0% azúcar» de primeras marcas utilizan sucralosa, así como los clásicos postres (tipo Shimmy o Ser) en sus versiones dietéticas dependen casi íntegramente de la sucralosa. Levité, Villa del Sur Levité y Aquarius la utilizan en sus fórmulas sin azúcar, como también los alfajores sin azúcar Chocoarroz y Cachafaz.

Su consumo a largo plazo es objeto de debate. Trabajos recientes han demostrado alteraciones metabólicas como producto del consumo frecuente. La sucralosa tendría un impacto negativo en el microbioma intestinal, aunque el alcance aún es poco claro: es difícil saber hasta qué grado puede afectar la flora bacteriana.

Un estudio de 2023 en la revista Journal of Toxicology and Environmental Health evidencia que la sucralosa-6-acetato (un compuesto que se forma cuando el cuerpo digiere sucralosa y que también se encuentra en trazas en el edulcorante mismo) es genotóxica, es decir, puede provocar daños al ADN en una dosis normal autorizada por las regulaciones estadounidenses.

La FDA establece un máximo de 5 mg/kg de peso corporal al día. El consumo excesivo de sucralosa reduce la respuesta inmunitaria en ratones, según sugiere un artículo publicado en Nature. Aunque los resultados no demuestran que la ingesta normal pueda ser inmunosupresora, un equipo de investigación británico indica, consumida en altas dosis, reduce la eficacia de respuesta en las células T, que ayudan al cuerpo a protegerse de infecciones y combatir el cáncer. Estos resultados no se repiten con los otros edulcorantes estudiados.

También estudios del último año (Harvard Medical School) señalan un vínculo entre el alto consumo de edulcorantes y una disminución más rápida de la capacidad cognitiva y de memoria. Otros estudios obtuvieron evidencia de que el consumo crónico y elevado de sucralosa podría disminuir la sensibilidad a la insulina, incrementando las posibilidades de resistencia a la insulina y de diabetes tipo 2, especialmente en personas con factores de riesgo. En síntesis, aunque parece segura a corto plazo y no eleva la glucosa de inmediato, el impacto metabólico de la sucralosa a largo plazo es lo que preocupa a los expertos.

Consultada acerca del uso de estos edulcorantes, Florencia Dafne Raele, médica funcional, emprendedora y autora de los libros Nutrición holística (Planeta, 2017), Medicina ancestral y epigenética (Planeta, 2019) y Medicina preventiva en tu cocina (Planeta, 2022), explica: “La mayoría de esos productos tiene un poder endulzante elevadísimo, incomparable con la estevia o los polialcoholes (xilitol, eritritol). Considero cualquier endulzante como una herramienta de transición desde el azúcar y rumbo a  bajar el umbral de dulzor, hasta no necesitar en lo posible endulzar las infusiones en general».

“El aspartamo está considerado un potencial cancerígeno directamente, no es aconsejable”, continúa. “Con la sucralosa hay un límite muy holgado permitido. El estudio que evidenció problemas para la microbiota y respuesta post prandial habla de grandes cantidades. Pero no veo el sentido de utilizarlo cuando estamos expuestos a tantos aditivos y a tantos tóxicos, que se hace un efecto “cóctel”, entre estabilizantes, conservantes y otras sustancias. Es preferible ir por opciones más naturales. No recomiendo edulcorantes en general a mis pacientes, solamente les aconsejo estevia, xilitol, eritritol, alulosa y monk fruit.En todo caso, el uso indiscriminado de endulzantes sin calorías parece acarrear más problemas que beneficios. La OMS y diversas instituciones como la Pan American Health Asociation advierten sobre cambios metabólicos, impacto en la microbiota, alteración de la saciedad y efectos psicólogicos que, en conjunto, confirman una relación entre abuso de edulcorantes y obesidad.

El problema subyacente es que ese “abuso” no parece ser excepcional, ni depender realmente del buen criterio del consumidor, sino que es impulsado por el umbral de dulzor elevadísimo de los mismos productos light que provee la industria.El consumo excesivo de azúcar estimula intensamente el sistema de recompensa cerebral, liberando dopamina y provocando una sensación de placer similar a la adicción a las drogas. “El exceso de dulce, aunque no haya azúcar sino endulzantes sin calorías, impacta los centros de recompensa del mismo modo”, explica la Dra. Raele. Este mecanismo genera tolerancia, antojos y dependencia, modificando el cerebro para buscar constantemente el estímulo dulce, lo que vuelve ese supuesto “abuso” el resultado casi inevitable de una reacción en cadena.

Natalia Kiako: