La escena se repite de lunes a viernes, pero encuentra su pico de máxima tensión cada viernes por la tarde.
Las principales arterias de acceso a la Ciudad de Buenos Aires y sus autopistas urbanas se transforman en extensos playones de estacionamiento a cielo abierto.
Detrás del fastidio cotidiano de los conductores por las demoras, se esconde una problemática ambiental invisible pero medible.
El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) concentra casi la mitad de la flota vehicular de la Argentina, y su impacto en la calidad del aire ya enciende alarmas científicas.
De acuerdo con datos oficiales de movilidad y estudios recientes de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), en las calles porteñas circula de forma interna un parque fijo de más de un millón de automóviles, a los que se suma otro millón de que ingresan y egresan diariamente desde los municipios del conurbano bonaerense.
El informe también cruzó por primera vez las estadísticas de los radares viales (ubicados en autopistas clave como la Lugones, Dellepiane y 9 de Julio Sur) con los registros de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de la Ciudad (que mide estaciones en Parque Centenario, La Boca y la Avenida Córdoba).
Comportamientos evidentes
El estudio determinó patrones muy claros sobre cómo la intensidad del tránsito determina de forma lineal la pureza del aire que respiran los porteños:
- El pico de la semana: los viernes registran la peor calidad de aire de toda la semana debido a la superposición del flujo laboral con las salidas recreativas y el inicio del éxodo de fin de semana.
- El oasis dominical: los domingos se consolidan como las jornadas más limpias, con los niveles más bajos de polución atmosférica.
- El efecto “residuo” en el aire: el estudio detectó un desfasaje temporal crítico. Los contaminantes gaseosos -como el monóxido de carbono (CO) y el dióxido de nitrogeno (NO_2)- alcanzan sus picos máximos entre dos y tres horas después de que se disuelve la hora pico vehicular. En el caso del material particulado (PM_{10}), el retraso es de hasta cinco horas debido a que las micropartículas permanecen en suspensión y se acumulan en la atmósfera baja.
Más allá de estos datos científicos, la ecuación ambiental de la Ciudad se vuelve aún más compleja si se analiza la composición interna del parque circulante.
Según el último informe sectorial de la Asociación de Fábricas de Componentes (AFAC), la flota vehicular en la región AMBA padece un marcado proceso de envejecimiento, con una edad promedio que se ubica en los 14,8 años.
Reconvertir el transporte
Esta falta de renovación tecnológica agrava las emisiones, teniendo en cuenta que los vehículos con más de una década de antigüedad carecen de los sistemas de filtrado modernos y consumen más combustible por kilómetro recorrido.
Paralelamente, la penetración de las tecnologías limpias sigue marchando a ritmo lento en el mercado local.
Si bien la venta de vehículos híbridos y eléctricos experimentó un crecimiento interanual superior al 60% hacia el cierre del último ciclo, la flota electrificada total representa apenas el 0,50% del parque circulante.
Los analistas urbanos coinciden en que la solución no pasa únicamente por desalentar el uso del auto particular, sino por reconvertir el transporte comercial pesado y mediano, responsable de la mayor densidad de emisiones de material particulado por kilómetro.
El despliegue de Zonas Urbanas de Atmósfera Protegida (ZUAP), la implementación de camiones de bajas emisiones para el abastecimiento y la reconversión de las flotas de logística de última milla hacia utilitarios eléctricos y bicicletas de carga asoman como los ejes centrales de una transición hacia una movilidad corporativa alineada con las metas globales de descarbonización.
Estrategia clave
A partir de este escenario, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires viene implementando diferentes programas orientados a cumplir con esos objetivos.
Uno es el plan para digitalizar la infraestructura urbana, para lo cual se acaba de lanzar una nueva licitación pública vinculada a contratar un servicio técnico especializado para realizar un exhaustivo relevamiento de tránsito, cuyo objetivo central será confeccionar la base de datos necesaria para elaborar un nuevo Modelo de Asignación de Tránsito (MAT).
Lo hizo mediante la publicación en el Boletín Oficial de la Ciudad de la Resolución N.º 105/APRA/26 de la Agencia de Protección Ambiental (APRA), con un presupuesto de $170 millones.
El proceso tiene por objeto la confección de una base de datos que permita elaborar un modelo de asignación de tránsito.
A su vez, dicho modelo tendrá como finalidad la obtención del flujo vehicular promedio diurno y nocturno; la composición del tránsito -incluyendo el porcentaje de vehículos pesados y colectivos-, así como las velocidades medias y máximas de circulación, para la totalidad de las cuadras que integran la red vial de la Ciudad.
Según los pliegos, la empresa que gane la licitación “será responsable de la obtención, procesamiento y sistematización de la información que conformará la base de datos pertinente, debiendo garantizar que la misma resulte representativa de la red vial urbana de tránsito vehicular de toda la Ciudad de Buenos Aires”.
Es decir, la iniciativa apunta a modernizar el diagnóstico de la movilidad en el ámbito capitalino, permitiendo proyecciones más precisas para mitigar la congestión, optimizar el transporte público y reducir la huella de carbono derivada del parque automotor.
Modelo matemático
Fuentes oficiales cercanas al jefe de Gobierno, Jorge Macri, explicaron a economíasustentable.com que la convocatoria responde a la necesidad de actualizar las matrices de origen y destino de los flujos vehiculares en las principales arterias y puntos críticos de la Ciudad.
Agregaron que el nuevo modelo matemático de asignación de tránsito funcionará como un “gemelo digital” de la red vial porteña.
Es decir, simulará escenarios futuros para evaluar el impacto de obras de infraestructura, cambios de sentido de calles o carriles exclusivos antes de su implementación real.
Desde la perspectiva de los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), contar con una base de datos de alta precisión resulta clave para optimizar los flujos de tránsito.
Este mecanismo impacta, por ejemplo, en una reducción de emisiones, con menores tiempos de espera y detenciones (el clásico stop-and-go), que equivalen a una baja sustancial en el consumo de combustibles y en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).
También mejora la logística ya que permite coordinar de manera más sustentable la distribución de última milla y los corredores de carga pesada.
Además, el mapeo pormenorizado de los volúmenes de circulación es la base técnica indispensable para planificar futuras redes de carga para vehículos eléctricos e híbridos y priorizar los corredores del transporte público bajo en emisiones.
Alcances del relevamiento
El pliego tecnológico contempla la utilización de metodologías combinadas para la captura de datos en campo.
Entre las tareas requeridas a la empresa adjudicataria se destacan conteos volumétricos y clasificación vehicular, y mediciones automáticas y manuales que discriminen entre autos particulares, vehículos comerciales ligeros, camiones y colectivos.
Del mismo modo, se contempla una medición de tiempos de viaje y demoras a través de un monitoreo de velocidades comerciales en horas pico y valles.
“Se trata de herramientas fundamentales para entender el comportamiento de los usuarios y las variables socioeconómicas que motivan la elección del modo de transporte”, aseguran funcionarios del gobierno porteño.
Explican también que los datos consolidados se estructurarán bajo estrictas normas de consistencia interna para ser integrados al software de modelación geomática y de transporte de la Ciudad.
Con este proyecto, entienden que Buenos Aires busca alinearse con las tendencias globales de Smart Cities o ciudades inteligentes, donde los datos empíricos desplazan a las estimaciones lineales, permitiendo un desarrollo urbano más resiliente, habitable y, fundamentalmente, sustentable.