El consumo de vino en Argentina cayó a su nivel más bajo y los productores de vinos naturales también sienten el impacto. La pérdida del poder adquisitivo, el avance de las bebidas sin alcohol y el cambio en los hábitos de consumo impactan claramente en el sector vitivinícola.
Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2025 el consumo per cápita de vino en Argentina cayó a 15,77 litros por habitante, el valor más bajo del que se tiene registro.
“Se nota como está bajando la venta de botellas en los dos últimos años”, aseveraron Lucía Bulacio y Pamela Godoy, organizadoras de Feria Salvaje, evento que reúne a productores de vinos naturales, biodinámicos y de mínima intervención.
Según su experiencia, el escenario golpea especialmente a quienes trabajan con grandes volúmenes, mientras que los pequeños productores tienen estructuras más acotadas que les permiten adaptarse con mayor rapidez.
El consumo interno también se modificó por la menor disponibilidad económica. “La disponibilidad económica que la gente pueda llegar a tener y obviamente el vino natural de por sí tiene un precio un poco más elevado que el vino góndola”, señaló Bulacio.
En ese contexto, la organizadora observa además un cambio en la manera en que los consumidores destinan su dinero. Hay menos compra de botellas para acumular en el hogar, pero mayor interés por experiencias vinculadas con la gastronomía y el vino. “Ese ahorro que me hago de no tener vino en casa lo pongo en vivir la experiencia de ir a una degustación, sentarme a comer”,sumó Bulacio.
Nuevos consumidores y menos reglas
La menor venta no implica, sin embargo, que el interés por los vinos naturales haya desaparecido. Por el contrario, las organizadoras destacaron que la llegada de nuevos consumidores que se acercan a la categoría sin necesariamente tener conocimientos técnicos sobre vino. “Hay mucha gente nueva que se interesa por vinos más descontracturados”, explicaron.
Según describieron, algunos consumidores ya no buscan necesariamente encontrar el “Malbec perfecto”, sino probar vinos de distintas regiones, con otros sabores, colores y aromas. En ese acercamiento también juega un papel la posibilidad de conocer directamente a quienes producen estos vinos naturales, que requieren una mínima intervención humana posible y están hechos con prácticas agrícolas sostenibles.
Con Feria Salvaje se busca que los visitantes no solo prueben etiquetas, sino que puedan hablar con los productores y conocer el origen de los vinos. “Detrás de todas esas etiquetas coloridas y con mucho arte, hay mucha historia que contar”, sostuvo Bulacio.
Esa cercanía también convierte a la feria en algo más que un espacio de degustación. Las organizadoras la definen como una “herramienta comercial” y cuenta casos de personas que conocieron proyectos durante el evento y luego comenzaron a vender esos vinos o incluso desarrollaron sus propios emprendimientos vinculados al sector.
Una feria con productores de Argentina y el mundo
En este contexto, Feria Salvaje realizará su quinta edición el sábado 10 y domingo 11 de octubre, de 14 a 22, en Gral. Manuel Savio 499, Palermo. El encuentro reunirá a más de 50 bodegas de Argentina y otros países y ofrecerá más de 300 etiquetas para degustar. Entre los productores internacionales habrá proyectos de España, Georgia, Francia, Italia, Uruguay, Brasil y Chile.
La propuesta también incorpora un mercado de productores de distintos rubros, con quesos, yerba mate, salsas, vinagres, alfajores, chocolates, productos de panadería, pastas untables de frutos secos, espumantes de cerveza y sidra, vermú artesanal, aperitivos y limoncello.
La diversidad de productores extranjeros también responde, según explicaron desde la organización, a la intención de ampliar las opciones disponibles en las cartas gastronómicas y generar mayor intercambio dentro del movimiento de vinos naturales. Argentina, además, comparte protagonismo regional con otros países productores.
“Chile y Argentina son dos países productores de vino natural con historia campesina detrás fuerte”, señaló una de las organizadoras, que también destacó el crecimiento del movimiento en Brasil. El desafío de salir al exterior Para los pequeños productores, la exportación aparece como una oportunidad, pero también como un desafío difícil de afrontar. Los costos, las tasas y la falta de volumen suficiente para completar cargas complican el acceso a mercados internacionales.
“Para los pequeños que hay mucho monotributista o mucha persona que no factura para exportar tampoco tiene volúmenes para llenarte un consolidado, un container consolidado o lo que sea. Esa es la limitación”, explicaron.
Mientras tanto, la Feria Salvaje apuesta a fortalecer ese circuito local. Para esta edición, sus organizadores esperan alrededor de 500 personas por día, un número que consideran adecuado para mantener el contacto directo entre productores y público.