Olas de calor récord, lluvias torrenciales, sequías prolongadas, incendios forestales y tormentas cada vez más intensas se repiten con mayor frecuencia en distintas regiones del planeta. Lo que antes era considerado un fenómeno excepcional hoy aparece de forma recurrente en la agenda informativa y en la vida cotidiana de millones de personas. La ciencia climática coincide en un punto central: el aumento de los eventos extremos está estrechamente vinculado al calentamiento global provocado por la actividad humana.
En las últimas décadas, la temperatura media del planeta se incrementó de manera sostenida como consecuencia de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno. Este calentamiento adicional no solo eleva los promedios térmicos, sino que altera el funcionamiento del sistema climático en su conjunto, volviéndolo más inestable y propenso a extremos.
Un clima más caliente, un sistema más inestable
La física detrás del fenómeno es clara: una atmósfera más cálida puede retener mayor cantidad de vapor de agua. Esto se traduce, por un lado, en lluvias más intensas cuando se dan las condiciones para la precipitación y, por otro, en períodos secos más prolongados cuando esas lluvias no llegan. De este modo, el calentamiento global actúa como un amplificador de los eventos climáticos.
En el caso de las olas de calor, los estudios muestran que no solo son más frecuentes, sino también más largas y más intensas. Ciudades que antes experimentaban unos pocos días de calor extremo por año ahora enfrentan semanas completas con temperaturas peligrosas para la salud. Algo similar ocurre con los incendios forestales, favorecidos por la combinación de altas temperaturas, sequías persistentes y cambios en los regímenes de viento.
Los océanos también juegan un rol clave. Al absorber gran parte del exceso de calor del planeta, sus temperaturas superficiales aumentan, lo que aporta más energía a tormentas y huracanes. Esto explica por qué muchos ciclones tropicales recientes alcanzaron categorías más altas y provocaron daños sin precedentes en zonas costeras.
Impactos crecientes y desafíos para la adaptación
El aumento de los eventos extremos tiene consecuencias directas sobre las sociedades y las economías. Inundaciones que afectan infraestructura crítica, sequías que comprometen la producción de alimentos, incendios que destruyen viviendas y ecosistemas, y olas de calor que elevan la mortalidad son algunos de los impactos más visibles.
En regiones como América Latina, estos fenómenos suelen agravar desigualdades preexistentes. Las poblaciones con menos recursos son las más expuestas y las que cuentan con menor capacidad de adaptación. A esto se suma la presión sobre sistemas de salud, redes eléctricas y servicios básicos, que muchas veces no están preparados para responder a eventos de gran magnitud.
Frente a este escenario, los especialistas destacan dos líneas de acción fundamentales. La primera es la mitigación: reducir de manera urgente las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global. La segunda es la adaptación: diseñar políticas públicas e infraestructura capaces de resistir un clima más extremo, desde sistemas de alerta temprana hasta planes urbanos y productivos que contemplen estos nuevos riesgos.
Aunque ningún evento individual puede atribuirse exclusivamente al cambio climático, la evidencia científica muestra que muchos de ellos son hoy más probables y más intensos debido al calentamiento global. Entender esta relación es clave para dejar de percibirlos como hechos aislados y comenzar a abordarlos como parte de una tendencia estructural.
En un mundo que ya superó niveles históricos de temperatura, la pregunta no es si los eventos extremos seguirán ocurriendo, sino con qué frecuencia y cuán preparados estarán los Estados y las sociedades para enfrentarlos.
3 de los fenómenos climáticos extremos más recientes en Argentina
- Inundaciones en Bahía Blanca (marzo de 2025): una lluvia excepcional abrumó a la ciudad de Bahía Blanca el 7 de marzo de 2025, con precipitaciones récord que superaron los 300 mm en apenas horas, lo que desencadenó inundaciones masivas, evacuaciones y al menos 16 fallecidos.
- Olas de calor extremo y anomalía térmica (verano 2024-2025): Argentina experimentó condiciones de calor muy por encima de lo habitual durante el verano de 2024-2025, con temperaturas que superaron los 40 °C en numerosas localidades y 61 ciudades bajo registros de ola de calor prolongada.
- Incendios forestales en la Patagonia (finales de 2025 / principios de 2026): los incendios forestales, alimentados por sequías prolongadas, condiciones secas y el factor humano, devastaron grandes áreas de la región patagónica, especialmente en Chubut, donde las llamas arrasaron miles de hectáreas.