Pacientes con diabetes, en riesgo: Laboratorio Elea casi no tiene stock de su fármaco estrella y peligran tratamientos

Lo que comenzó como un hito para la industria farmacéutica nacional hoy enfrenta su mayor desafío logístico. La semaglutida, el fármaco estrella para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y el control metabólico, registra faltantes cada vez más prolongados en las principales redes de farmacias del país, afectando especialmente a los usuarios de la versión local producida por el Laboratorio Elea.

Desde que en el 2024 este grupo lanzó al mercado su propia versión bajo la marca Dutide (tanto en comprimidos como en su versión inyectable), la promesa de un acceso más económico frente al importado Ozempic fue cumplida solamente durante los primeros meses. 

En su propia página web, el laboratorio se enorgullecía de presentar este lanzamiento, sosteniendo que se trataba de “una innovadora solución para el tratamiento integral de la diabetes tipo 2”.

El laboratorio nacional Elea enfrenta crecientes denuncias por faltantes de su medicamento Dutide, utilizado para tratar la diabetes tipo 2, debido a una demanda que superó ampliamente la capacidad de producción local

Sin embargo, dos años después la situación para quienes comenzaron tratamientos bajo este medicamento es casi desesperante por la falta de provisión del medicamento y las pocas respuestas esbozadas por Elea para admitir la situación y tratar de remediar el daño causado.

Si bien, tras el lanzamiento de su remedio estrella, el costo de producción nacional logró situarse hasta un 80% por debajo del precio de los fármacos internacionales, ahora la demanda debe volcarse nuevamente a marcas extranjeras de precios casi inalcanzables.

Los “dueños” del mercado

En el mercado local, la competencia de la semaglutida de Elea se divide entre los productos originales de laboratorios multinacionales y las nuevas moléculas que han llegado al país.

La gran diferencia radica en el precio, donde el laboratorio nacional ha logrado una ventaja competitiva agresiva, lo que explica en parte el cuello de botella en su stock.

Por ejemplo, el Ozempic (Novo Nordisk), es el rival directo y al ser el producto original e importado, su precio es casi tres veces más alto que el de Elea y llega casi a los $500.000 por caja de cuatro jeringas. 

Muchos pacientes migraron al Dutide, que puede llegar a costar menos de $100.000 por caja con el descuento de las obras sociales o prepagas, lo que saturó la producción local.

También se ofrece el Wegovy (Novo Nordisk), producido con la misma molécula (semaglutida) pero aprobada específicamente para obesidad con dosis más altas. 

Su precio oscila entre los $370.000 y los $700.000 dependiendo de los miligramos que se deban aplicar.

En el caso de la Tirzepatida (Mounjaro / Zepbound), es la competencia de «nueva generación» y aunque es más potente que la semaglutida (actúa sobre dos receptores en lugar de uno), su costo es prohibitivo para la mayoría, situándose cerca de los $800.000 mensuales.

Por su parte, la Liraglutida (Saxenda/Victoza), es una generación anterior y requiere aplicación diaria (a diferencia de la semanal de la semaglutida).

Aunque sigue vigente, ha perdido terreno frente a la comodidad y eficacia de los lanzamientos de Elea y también es mucho más costoso, rondando los $500.000 por caja.

Aprovechar la brecha

En cuanto a la estrategia de Elea ha sido el «volumen sobre margen«. Al producir localmente y no tener que pagar los costos de importación y logística internacional de la cadena de frío de las multinacionales, pueden ofrecer el producto a una fracción del precio.

Esta brecha de más del 150% con la competencia extranjera es la que generó que, ante cualquier problema de producción en la planta nacional, el paciente no tenga una alternativa económica real, quedando atrapado entre pagar un sobrecosto enorme o interrumpir el tratamiento.  

Por eso, el laboratorio enfrenta el desafío de gestionar el éxito de su línea metabólica mientras sus dueños continúan diversificando inversiones y su imagen se encuentra bajo la lupa por la inoperante capacidad de respuesta logística y de producción ante la explosiva demanda de sus lanzamientos más recientes.

Perfil de un grupo líder

La escasez obliga a muchos pacientes a interrumpir tratamientos o recurrir a alternativas importadas mucho más costosas, mientras crecen los reclamos ante ANMAT, obras sociales y defensorías del pueblo

En la actualidad, Elea es una de las mayores empresas farmacéuticas de capitales argentinos, con una trayectoria de más de 80 años, plazo durante el cual se ha consolidado como un líder en innovación, especialmente tras la adquisición de Phoenix en 2017, lo que le permitió expandir su vademécum a casi todas las áreas terapéuticas.

La compañía mantiene una posición estratégica en el mercado de medicamentos de venta libre (OTC) y en el desarrollo de biotecnología, siendo el primer laboratorio nacional en lanzar versiones locales de moléculas complejas, como es el caso de la semaglutida.

La propiedad de Elea está estructurada a través de una alianza entre tres de las familias más poderosas y tradicionales del sector salud en Argentina. 

El control accionario se divide en tres partes iguales pero el liderazgo se encuentra en manos de Hugo Sigman y Silvia Gold, dueños del Grupo Insud. 

En el caso de Sigman, es considerado una figura de peso global en la industria de la biotecnología y las vacunas, y también en el mundo del cine con su productora K&S Films. 

En Elea comparte accionariado con Daniel Sieleck,, miembro de una familia histórica de la industria farmacéutica argentina que además tiene intereses en el sector de la energía. 

El grupo propietario de Elea se completa con Luis Gold, representante de otra de las ramas familiares fundacionales, quien ha mantenido un perfil más bajo que Sigman, pero es considerado clave en la dirección estratégica y operativa del laboratorio.

Entre todos, han logrado crear una empresa  con liderazgo en consumo masivo a partir de marcas que forman parte del «botiquín» argentino, como Geniol, Hepatalgina, Adermicina, Evatest y Pervinox.

También son fuertes en biotecnología y alta complejidad ya que, a través de sus plantas en Argentina, producen desde tratamientos oncológicos hasta terapias para enfermedades raras.

Su modelo de negocios actual se basa en lanzar versiones nacionales de drogas de alta demanda (como la semaglutida o anticonceptivos) a precios significativamente menores que los laboratorios internacionales, capturando rápidamente la cuota de mercado de las obras sociales y prepagas.

Falta de previsibilidad

Sin embargo, este beneficio de costo, sumado a la popularidad global de la molécula para la pérdida de peso, ha generado un efecto «cuello de botella» en el caso de la semaglutida. 

Fuentes del sector farmacéutico indican que la demanda ha superado las proyecciones más optimistas para este 2026.

«Estamos recibiendo apenas un tercio de las unidades que solicitamos semanalmente. El paciente diabético, que es quien tiene la indicación prioritaria, llega a la farmacia y se encuentra con que el stock de Dutide se agota en horas», comenta un farmacéutico del barrio de Palermo.

Pero esta falta del medicamento no es solo un inconveniente logístico, sino un riesgo sanitario para los pacientes de diabetes que iniciaron un tratamiento con Elea, si se tiene en cuenta que la semaglutida actúa regulando el azúcar en sangre y prolongando la sensación de saciedad. 

Para un paciente con diabetes tipo 2, la interrupción del tratamiento puede derivar en descompensaciones en los niveles de glucemia; pérdida del control metabólico alcanzado tras meses de tratamiento y hasta dificultad para retomar la dosificación progresiva (titulación) una vez que se recupera el stock.

La respuesta del sector

Desde las cámaras de farmacias advierten que los «faltantes son momentáneos» y que responden a un reabastecimiento que no llega a la velocidad del consumo.

En tanto, fuentes cercanas al laboratorio indican que la planta de producción está operando a su capacidad máxima. 

Sin embargo, las críticas apuntan a una falla en la previsión de demanda teniendo en cuenta que  el éxito de la semaglutida nacional fue tan rotundo que el sistema logístico colapsó ante una demanda que triplicó las estimaciones para este semestre.

Es más, los períodos de escasez del medicamento son cada vez más prolongados, por lo cual crecen de manera exponencial las denuncias por interrupción de tratamientos.

En los últimos meses, organizaciones de pacientes y organismos de control han comenzado a canalizar el malestar de quienes dependen de este fármaco.

Dónde denunciar

Las denuncias se concentran principalmente en tres canales, reflejando la frustración de los usuarios frente a la falta de respuestas claras:

  • Reportes ante la ANMAT: el organismo regulador ha habilitado canales específicos (como el correo disponibilidad@anmat.gob.ar) ante el aumento de alertas por «quiebre de stock». Los pacientes denuncian que, al ser un producto de producción nacional, la distribución debería ser más estable que la de los fármacos importados.
  • Acciones en Defensorías del Pueblo: se han registrado presentaciones colectivas solicitando que se garantice el suministro para pacientes con diabetes tipo 2. La queja principal radica en que el «boom estético» (el uso del fármaco para adelgazar sin patología de base) está consumiendo el inventario que el Laboratorio Elea produce para el mercado interno.
  • Reclamos a Obras Sociales y Prepagas: muchos afiliados denuncian que las entidades de salud rechazan las autorizaciones o dilatan las entregas alegando que el laboratorio no entrega las unidades pactadas, dejando al paciente en un limbo legal y médico.

«Mi tratamiento se cortó hace 20 días. En la farmacia me dicen que Elea no manda el pedido y el laboratorio dice que están distribuyendo normalmente. En el medio, mi glucemia volvió a subir», relata uno de los testimonios presentados ante la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).

En este sentido, los expertos recomiendan a los afectados exigir a sus médicos un informe de «continuidad terapéutica» para presentar ante las autoridades, lo que permite presionar legalmente por la entrega de las dosis faltantes.

Peligros del mercado negro

La falta de producto oficial ha disparado una alarma colateral a partir de la aparición de denuncias por ventas ilegales en redes sociales y plataformas de e-commerce. 

La ANMAT ya ha advertido sobre la comercialización de unidades falsificadas o magistrales sin control sanitario, que intentan llenar el vacío dejado por la falta de suministro de Elea.

Tanto el organismo de control oficial como médicos diabetólogos advierten sobre la necesidad de no interrumpir el tratamiento sin consultar. 

Ante la falta de stock, aseguran que es vital hablar con el endocrinólogo para evaluar alternativas temporales.

A partir de este escenario, muchas farmacias están habilitando listas de espera para priorizar a pacientes con recetas autorizadas por patologías crónicas.

La situación plantea un debate ético y regulatorio sobre la prioridad de entrega en un mercado donde la «droga de moda» es, ante todo, un medicamento esencial para la vida.

Andrés Sanguinetti: Periodista especializado en negocios