A primera vista, la superficie del planeta parece estable y previsible. Pero bajo esa apariencia se esconden recursos esenciales para el funcionamiento de los teléfonos móviles, los vehículos eléctricos, los paneles solares y los sistemas de defensa modernos.
En los últimos diez años, los denominados minerales críticos pasaron a ocupar un lugar central en la agenda global. Litio, aluminio, zinc, grafito, tungsteno y titanio dejaron de ser simples materias primas para convertirse en piezas clave de un engranaje donde se cruzan la transición energética, la innovación tecnológica y la competencia entre potencias.
En 2025, esta búsqueda sumó un capítulo singular. A más de 18.000 metros de altura, la NASA comenzó a rastrear desde el aire, con aeronaves propias y tecnología derivada de misiones espaciales, posibles concentraciones minerales en el oeste de Estados Unidos. El objetivo no era explorar otros mundos, sino conocer con mayor precisión el propio suelo terrestre, en el marco de una carrera global que combina ciencia, geología, economía y política exterior.
La condición de “crítico” de un mineral no se explica únicamente por su escasez. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, el concepto responde a dos factores centrales: su importancia estratégica para la economía y el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro. En esa categoría se agrupan materiales fundamentales para industrias que sostienen la vida cotidiana contemporánea.
El litio es indispensable para las baterías recargables que impulsan la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables, mientras que el grafito cumple un papel irremplazable en los ánodos de esos sistemas. El aluminio aporta ligereza y resistencia al transporte y a las redes eléctricas; el zinc protege infraestructuras frente a la corrosión; el tungsteno soporta condiciones extremas en herramientas industriales y aplicaciones militares; y el titanio combina bajo peso, resistencia y biocompatibilidad, cualidades que lo hacen clave tanto en la aeronáutica como en la medicina.
La expansión de las energías renovables, la electrificación del transporte y el crecimiento sostenido de la infraestructura digital dispararon la demanda de estos materiales. Informes de agencias energéticas y organizaciones ambientales coinciden en que la transición hacia una economía baja en carbono requerirá volúmenes de minerales muy superiores a los actuales.
Cada vehículo eléctrico necesita varias veces más minerales que un automóvil convencional. Cada red eléctrica inteligente depende de materiales específicos para almacenar, conducir y regular la energía. Sin embargo, las reservas explotables no están distribuidas de manera uniforme, un factor que añade tensión geopolítica a esta nueva carrera por los recursos.
En este escenario, contar con información temprana sobre la presencia de acumulaciones minerales se convierte en una ventaja estratégica. No solo asegura el acceso a insumos críticos, sino que también abre la posibilidad de desarrollar cadenas de valor más extensas, con mayor agregado local y menor dependencia externa.
Tecnología espacial para observar el suelo
La exploración de minerales críticos ya no se apoya exclusivamente en campañas terrestres tradicionales. En el oeste de Estados Unidos, la NASA y el Servicio Geológico de ese país impulsaron el proyecto conjunto GEMx, orientado a identificar indicios superficiales de estos recursos mediante observación aérea de alta precisión.
El eje del programa es el sensor AVIRIS-5, un espectrómetro de imágenes en el rango visible e infrarrojo, basado en tecnología desarrollada por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en la década de 1970. Con un tamaño comparable al de un microondas, el instrumento fue montado en el morro de un avión de gran altitud ER-2, capaz de volar a más de 18.200 metros sobre la superficie terrestre.
Desde esa altura, el sensor analiza cómo los minerales reflejan distintas longitudes de onda de la luz solar. Cada composición química presenta una firma espectral única, una suerte de huella digital que permite su identificación sin necesidad de realizar excavaciones directas.
Desde 2023, el proyecto GEMx relevó más de 950.000 kilómetros cuadrados del oeste estadounidense, una región donde la escasa vegetación de los desiertos facilita la observación. El objetivo no fue extraer recursos, sino mapear: localizar posibles depósitos valiosos antes de invertir en exploraciones costosas y potencialmente invasivas.
Esta tecnología no fue concebida originalmente para la minería. Sensores de características similares viajaron en misiones espaciales para estudiar Marte, Mercurio y Plutón, y uno de ellos se dirige actualmente a Europa, una de las lunas de Júpiter, en busca de condiciones químicas compatibles con la vida. Esa herencia espacial refuerza una idea clave: las herramientas desarrolladas para explorar otros mundos también pueden servir para comprender y gestionar mejor los recursos de la Tierra.
El alcance de AVIRIS-5 va más allá de la identificación de minerales. Dana Chadwick, científica del sistema terrestre del JPL, subrayó el potencial transversal del sensor: “La variedad de preguntas que se pueden abordar con esta tecnología es realmente emocionante, desde la gestión del territorio hasta los recursos hídricos de la capa de nieve y el riesgo de incendios forestales”. Y agregó: “Los minerales críticos son solo el comienzo de AVIRIS-5”.
Este enfoque integral refleja una tendencia más amplia. La detección de recursos ya no se limita a medir su valor económico, sino que se integra a estrategias de planificación territorial y gestión ambiental. Conocer en detalle la composición del suelo permite evaluar riesgos, proteger ecosistemas y tomar decisiones más informadas sobre el uso del territorio.
En paralelo, el reciclaje aparece como una pieza clave del rompecabezas. Baterías, dispositivos electrónicos y componentes industriales contienen minerales valiosos que podrían reincorporarse a la cadena productiva. Sin embargo, las limitaciones tecnológicas y de infraestructura aún impiden un reciclaje a gran escala. Mientras tanto, la demanda continúa en aumento y mantiene la presión por identificar nuevas fuentes de suministro.