Mars cambia la receta de sus históricos M&Ms en Estados Unidos y hay dudas sobre qué pasará en Argentina

La decisión de Mars de lanzar en Estados Unidos versiones de sus golosinas sin determinados colorantes sintéticos anticipa una discusión que ya llegó al mercado local que agrega presión sobre fabricantes como Arcor, Mondelez, Georgalos, Ferrero y Nestlé.

Los pequeños confites de colores de M&M’s, propiedad del gigante alimenticio Mars, son uno de los símbolos más reconocibles de la industria mundial de las golosinas. Sin embargo, esa distinción que convirtió al producto en un ícono global empieza a transformarse en uno de sus mayores desafíos por ahora en los Estados Unidos donde el grupo comenzó a avanzar con versiones elaboradas sin determinados colorantes sintéticos certificados por la autoridad sanitaria de ese país.

Mars comenzó a avanzar en Estados Unidos con versiones de M&M’s sin determinados colorantes sintéticos, en medio de una creciente presión regulatoria y de consumidores sobre estos ingredientes

Si bien, por ahora, no desaparecerán los M&M’s tradicionales, la compañía optó por una transición que contempla productos alternativos mientras en Estados Unidos se acelera la salida de varios pigmentos sintéticos derivados del petróleo.

A pesar de que la discusión parece lejana para el consumidor argentino, el gobierno nacional comenzó su propio proceso para revisar algunos de esos mismos ingredientes, al punto que el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) ya propuso a la industria avanzar hacia su sustitución.

Por eso, la pregunta que empieza a recorrer el negocio local es saber si los M&M’s que se venden en la Argentina terminarán cambiando también su receta, y qué ocurrirá con cientos de golosinas, bebidas, cereales, postres y alimentos procesados fabricados en el país que utilizan colorantes similares.

Un mercado donde ya se revisan los colorantes

Hasta hace poco, el escenario permitía pensar que Mars podía reformular sus productos en Estados Unidos y conservar una composición diferente en la Argentina ya que legalmente todavía puede hacerlo.

Pero el escenario regulatorio local empezó a cambiar desde agosto de 2025, cuando el Ministerio de Salud reunió al INAL con representantes de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), una de las principales entidades empresarias del sector para avanzar en un plan para sustituir colorantes sintéticos presentes en alimentos procesados.

El INAL propuso trabajar sobre esos ingredientes “incluso en aquellos que no requieren aportes de color para su aceptación” y acordó impulsar un convenio marco para que las empresas puedan implementar su eliminación de manera “voluntaria y gradual”.

Para llegar a esta conclusión, el organismo realizó previamente un relevamiento del mercado argentino y detectó un uso extendido de seis colorantes artificiales como son Sunset Yellow o Amarillo Ocaso; Tartrazina; Azul Brillante; Rojo Allura; Indigotina y Verde Sólido.

Se trata de ingredientes presentes en distintas categorías de alimentos procesados y varios coinciden con los pigmentos que quedaron bajo presión regulatoria internacional.

El propio Ministerio de Salud vinculó expresamente la iniciativa argentina con el proceso iniciado por la FDA estadounidense y señaló que el país estaba evaluando su normativa y el camino a seguir respecto de esos aditivos.

En otras palabras, Argentina todavía no los prohibió, pero ya puso en marcha el proceso para discutir su reemplazo.

Argentina ya abrió su propia discusión: el INAL relevó seis colorantes artificiales de uso extendido y propuso a la industria avanzar hacia su sustitución de manera voluntaria y gradual, con especial preocupación por la exposición infantil

Poner el foco en los más jóvenes

La presión sobre las empresas suma, además, evidencia producida en el país si se tiene en cuenta los resultados de una investigación publicada en INNOVA UNTREF, la revista de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en la cual se analiza el consumo de colorantes sintéticos entre chicos de seis a 12 años escolarizados en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

El trabajo, realizado por Brenda Gorbach, del Instituto Universitario CEMIC, analizó específicamente las sustancias Amarillo Ocaso; Tartrazina; Rojo Allura y Azul Brillante, cuatro de los seis que el INAL identificó en su relevamiento y puso sobre la mesa para discutir su sustitución con la industria.

Los resultados muestran que más del 60% de los chicos estudiados superó la llamada “Ingesta Diaria Admisible” de por lo menos uno de los cuatro colorantes analizados.

La investigación encontró también que más del 80% consumía diariamente cereales, golosinas y productos de copetín, mientras que el 46,8% ingería entre 400 y 600 mililitros de bebidas azucaradas.

Los riesgos de un producto puramente cosmético

A partir de estos resultados, la discusión se concentra especialmente en la exposición acumulada, el consumo infantil, determinados grupos sensibles y la necesidad de utilizar aditivos que, en muchos productos, tienen una función exclusivamente estética.

En este sentido, una de las organizaciones que impulsa desde hace años mayores restricciones es el Center for Science in the Public Interest (CSPI).

Su presidente, el médico Peter Lurie, viene advirtiendo que si la principal función de esos pigmentos consiste en mejorar la apariencia de productos, especialmente aquellos dirigidos a los chicos, resulta necesario preguntarse qué nivel de riesgo resulta justificable para cumplir una función puramente cosmética.

Es decir, el especialista no se refiere únicamente a demostrar que determinado ingrediente produce necesariamente un daño, sino de evaluar si resulta necesario mantenerlo cuando existen alternativas capaces de cumplir la misma función.

El futuro de Mars en la Argentina

A partir del debate, en el corto plazo el grupo norteamericano analiza varias alternativas entre las que se encuentra la de mantener formulaciones diferentes según cada país.

Se trata de una fórmula usada habitualmente por las multinacionales alimenticias que producen un mismo producto con diferentes cantidades de azúcar, sodio, conservantes, saborizantes o colorantes según la legislación y las preferencias de cada mercado.

Por lo tanto, no existe hoy una obligación general que fuerce a Mars a trasladar inmediatamente a los M&M’s argentinos las modificaciones que realice en Estados Unidos.

Pero la situación podría complicarse si avanza el proceso iniciado por el INAL y si algunos de los colorantes utilizados por la industria quedan finalmente alcanzados por restricciones, menores límites de utilización o acuerdos para su eliminación. 

En ese caso, Mars deberá analizar la formulación de los productos destinados al mercado argentino, aunque también puede adoptar otro camino y anticiparse a esa posibilidad.

Es que desarrollar una fórmula para Estados Unidos y mantener durante años otra para mercados como el argentino significa sostener proveedores, especificaciones, controles y procesos diferentes.

A medida que aumenta la escala de producción de los pigmentos alternativos, podría resultar más eficiente extender una misma formulación hacia distintos mercados.

El eventual cambio podría impactar a toda la industria alimenticia local, desde Arcor y Mondelez hasta Nestlé y Ferrero, que deberían reformular productos, adaptar procesos y asumir mayores costos si las restricciones avanzan

De todos modos, el grupo también debe analizar la reputación de la marca ya que si anuncia que abandona determinados ingredientes en Estados Unidos mientras continúa utilizándolos en mercados donde todavía son legales, organizaciones de consumidores y clientes pueden comenzar a reclamar explicaciones.

Un problema que puede generalizarse

Además, el efecto potencial para la Argentina excede largamente a Mars ya que si el proceso iniciado por el INAL avanza, fabricantes como Arcor, Mondelez, Georgalos, Ferrero, Nestlé y otras empresas nacionales y pymes tendrán que revisar aquellos productos que utilicen los pigmentos alcanzados.

La reformulación puede afectar chocolates y golosinas, pero también gomitas, caramelos, bebidas, cereales, postres, galletitas y otras categorías.

En ese caso, deberán desarrollar nuevas formulaciones, realizar pruebas de estabilidad, homologar proveedores, analizar modificaciones de sabor o textura, adaptar procesos productivos y eventualmente modificar etiquetas y registros.

También tendrán que garantizar que el consumidor continúe reconociendo el producto, efecto que para una golosina como M&M’s se trata de un problema particularmente evidente porque el color forma parte de la identidad del producto.

Las trabas para cambiar una receta

Otro de los factores que podría entorpecer este proceso tiene vinculación con las características industriales difíciles de reproducir que tienen los colorantes sintéticos.

Ofrecen colores intensos y uniformes, tienen buena estabilidad, soportan diferentes temperaturas y condiciones de almacenamiento y permiten fabricar enormes volúmenes manteniendo prácticamente idéntica la apariencia.

Los pigmentos alternativos pueden provenir de remolacha, cúrcuma, zanahoria negra, espirulina u otras fuentes pero es difícil que puedan lograr exactamente el mismo rojo, azul, amarillo o verde puede exigir mezclas diferentes y procesos más costosos.

De hecho, Mars anunció hace casi una década su intención de avanzar hacia formulaciones con menos ingredientes artificiales, pero la lentitud de esa transición demostró que reemplazarlos a escala mundial resulta mucho más complejo que anunciar su eliminación.

Una discusión científica que mantiene matices

De todos modos, las organizaciones de consumidores reclaman acelerar los cambios, aunque las autoridades científicas mantienen posiciones más prudentes sobre algunos de los compuestos.

En este sentido, la FDA no está establecido que los colorantes certificados provoquen efectos conductuales en todos los chicos, aunque las investigaciones continúan evaluando posibles efectos en determinadas poblaciones sensibles.

La discusión internacional también empieza a advertir sobre otro punto al entender que “natural” no significa automáticamente inocuo.

Al respecto, la investigadora francesa Mathilde Touvier, directora del Inserm y referente de la cohorte NutriNet-Santé, cuestionó esa simplificación al advertir que en la naturaleza también existen sustancias altamente tóxicas.

Para la experta, la investigación no debería reducirse al origen natural o sintético de un ingrediente sino a su composición, dosis, procesamiento industrial y nivel de exposición.

El dilema que enfrentará la industria argentina

Para las grandes multinacionales, una eventual reformulación representa principalmente un desafío tecnológico, logístico y económico.

Para las pequeñas y medianas alimenticias argentinas puede ser bastante más complicado.

Cambiar proveedores, realizar ensayos, reformular productos y modificar procesos requiere inversiones que tienen un peso proporcionalmente mayor sobre compañías de menor escala.

Precisamente por eso el Gobierno eligió inicialmente un esquema voluntario y gradual en lugar de avanzar directamente con una prohibición.

La transición permite a las empresas buscar sustitutos y calcular costos antes de una eventual modificación más profunda de la normativa.

A nivel local, el próximo paso será determinar hasta dónde están dispuestas a llegar voluntariamente las compañías y si ese proceso termina posteriormente convertido en nuevas exigencias del Código Alimentario Argentino.

Andrés Sanguinetti: Periodista especializado en negocios