La audiencia pública para debatir la modificación de la Ley de Glaciares generó una fuerte polémica en Argentina tras registrar más de 104 mil personas inscriptas, de las cuales solo el 0,3% pudo exponer. El proyecto ya cuenta con media sanción del Senado desde el 26 de febrero y avanza en medio de cuestionamientos por la falta de participación ciudadana.
“Fue muy escandaloso”, resumió el abogado ambientalista y presidente de la Asociación Argentina de Abogades Ambientalistas, Enrique Viale, en declaraciones a Radio 750.
La convocatoria a la audiencia se logró a partir del reclamo de organizaciones como la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Greenpeace Argentina, Aves Argentinas y el Círculo de Políticas Ambientales, entre otras, que exigieron a la Cámara de Diputados una instancia pública, participativa y federal para evitar que el proceso legislativo se convirtiera en un trámite formal sin debate real.
“Llamaron a esta audiencia pública pensando que se iban a anotar 300, 400 personas y terminó siendo récord mundial”, detalló Viale en Escuchá Página|12.
Finalmente, la Cámara de Diputados redujo la audiencia a solo dos jornadas virtuales, realizadas miércoles y jueves, lo que generó críticas por la limitación del tiempo y la cantidad de oradores. En paralelo, con el Congreso vallado, organizaciones ambientales, autoconvocados y dirigentes políticos se manifestaron en contra de la reforma y de las restricciones para participar del debate.
Qué establece la Ley de Glaciares
La Ley de Glaciares, sancionada en 2010, establece la protección de los glaciares y ambientes periglaciares como reservas estratégicas de agua dulce. A través del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), se realizó un inventario que actualmente identifica cerca de 16 mil glaciares en el país.
Sobre estas áreas está prohibida la actividad minera e hidrocarburífera, lo que representa apenas el 0,21% del territorio continental argentino.
Según Viale, la reforma apunta a modificar este esquema: “Lo que quiere cambiar el gobierno es reemplazar esa mirada científica (la del IANIGLA) para que cada provincia pueda, mediante simple resolución de funcionarios de no sabemos qué nivel, decidir que tal glaciar o tal ambiente perigracial no tenga protección. Ese es el eje”.
Intereses mineros en la reforma
El debate por la modificación de la ley también está atravesado por intereses económicos vinculados a la actividad minera. Distintas organizaciones denuncian la influencia de grandes corporaciones internacionales en la redacción de los cambios propuestos.
Entre los proyectos señalados se encuentra Vicuña, en San Juan, una iniciativa conjunta de Lundin y BHP, dos de las mayores mineras del mundo. También figuran Los Azules, de la empresa Río Tinto, y Veladero, de Barrick Gold, además del proyecto Mara en Catamarca, vinculado a la compañía Glencore.
“Fue la ruptura de un dique minero que arrasó con un pueblo entero y dejó decenas de muertos, uno de los máximos pasivos ambientales visibles de las últimas décadas de la gran minería”, recordó Viale sobre el desastre de Brumadinho en Brasil, ocurrido hace cinco años.
En esa línea, el abogado también cuestionó posibles vínculos entre funcionarios y empresas del sector: “Es sobre lo que denunciamos ayer, los vínculos de Río Tinto con la senadora nacional Flavia Royón. Hay muchos diputados y senadores con vínculos e intereses, no hay nada inocente acá”.
Un debate ambiental y económico en tensión
El conflicto por la Ley de Glaciares vuelve a poner en tensión el equilibrio entre desarrollo económico y protección ambiental en Argentina. Mientras el Gobierno impulsa cambios para flexibilizar el uso de estos territorios, organizaciones ambientalistas advierten sobre los riesgos de intervenir zonas clave para el abastecimiento de agua.
“Yo no quiero ni siquiera dar la discusión de minería sí o no, que la podría dar porque tengo miles de argumentos para demostrar que esa actividad es muy dañina. Pero en este caso discutimos que además quieren hacerlo en la naciente de los ríos. No tienen ningún tipo de límites, tienen una voracidad muy grande. Una vez destruido el glaciar, es para siempre”, concluyó Viale.