La trampa del turrón de maní Arcor: se consume como snack saludable pero es todo lo contrario

El origen del turrón de maní Arcor es la competencia directa con Georgalos, que hasta fines de los años ’80 producía con gran éxito su turrón Namur. El Namur, en sí, era una adaptación “a la argentina” de las tantas que creó Georgalos para abaratar productos europeos a las posibilidades del gran público local. Junto al Mantecol, integraba la dupla más emblemática de Georgalos. Ambos productos se elaboran a base de maní de producción cordobesa, muy accesible en comparación con los frutos secos originales de las recetas que los inspiran (almendras, principalmente).

Ante el éxito masivo de Georgalos, Arcor creó su propia marca de turrón y el Namur -que se producía de manera artesanal- no pudo competir en precio con un producto de elaboración automatizada, lo que terminó provocando su salida del mercado a fines de la década de los ochenta. Actualmente Namur figura otra vez en el catálogo de Georgalos, relanzado en 2019 para competir ante el furor de ventas, pero tiene una circulación incomparable con el producto de Arcor.

A lo largo de los años, la oblea rellena de Arcor no ha sufrido modificaciones significativas, ni se ha relanzado al mercado con otro nombre. Ni siquiera ha cambiado el color de su envoltorio. Sin embargo, el producto está más vigente que nunca. Como golosina, el turrón siempre se posicionó muy bien en el mercado: una opción al paso económica, accesible a todos los bolsillos y de distribución masiva. Pero con el tiempo multiplicó sus ventas gracias a un factor que difícilmente haya calculado la empresa: su inclusión inesperada en dietas para adelgazar o en planes nutricionales ideados por profesionales de la salud.

El turrón de maní Arcor se consolidó en el mercado tras desplazar al histórico Namur de Georgalos.

A partir de esas recomendaciones, muchos consumidores orientados a un estilo de vida saludable ya no ven al turrón de maní como una golosina, sino como un snack útil y estratégico dentro de una dieta limitada en calorías, porque aporta saciedad y un alto nivel de recompensa sin alterar demasiado el “millaje” calórico del consumidor. Es una colación sugerida por personal trainers y un cierto perfil de nutricionistas muy conciliadores con la industria alimentaria.

Pero, ¿es verdaderamente recomendable?

No. El turrón no es saludable, y no ayuda en nada pensar únicamente en sus kilocalorías. Hay un ejército de personas que son, consciente o inconscientemente, serviles a la industria de los alimentos.” sentencia el Dr. Carlos Sabagh, médico especialista en nutrición, MP 15230. “Estos son productos ultraprocesados, con un montón de harina y un montón de azúcar.” Un alimento es por definición un comestible nutritivo. El turrón de maní Arcor no cumple con esa definición: solo aporta harina blanca y azúcar. Es, simplemente, una golosina. Sus ingredientes son jarabe de glucosa –como el de los caramelos-, harina blanca, azúcar, aceite y para amalgamar la mezcla: lecitina de soja, gelatina y/o grenetina bovina, aromatizante de turrón. Apenas lleva un 10% de maní, 2,5 gramos, el equivalente a 2 o 3 maníes. Aporta 98 calorías pero casi nada de nutrientes.

El tamaño de la unidad es grande para la densidad calórica que ofrece: las obleas, livianas y voluminosas, dan la sensación de una merienda completa, mientras que la consistencia densa, chiclosa y masticable del relleno de glucosa impide consumirlo demasiado rápidamente. Pero si calculamos cada 100 gramos de producto, encontraríamos un total de 410 calorías: no es posible considerarlo un alimento de bajo valor energético.

Expertos advierten que el turrón es un producto ultraprocesado con altos niveles de azúcar y harina blanca.

 “Una cosa son las calorías y otra cosa es la densidad nutricional de un alimento, que es lo realmente importante. En medicina, como criterio de salud, las calorías no existen más.”, explica Sabagh. Por caso, la misma cantidad de maní resulta una colación mucho más atractiva en nutrientes sin las desventajas del azúcar, la harina y la grasa. El turrón tiene 100 calorías cada 25 g mientras que la misma cantidad de maní tiene 140. El turrón tiene 10 gramos de azúcar cuando el maní tiene 1 g. El turrón tiene 0,4 g de fibra contra los 2 g que tiene el maní.

La porción justa

Alrededor de 2017 la popularidad de este producto estalló, y se calcula que se vendían aproximadamente un millón de turrones diarios. En noviembre de 2019 se lanzó una versión verde del mismo turrón, promocionado como fuente de fibra y libre de colesterol, que nunca obtuvo un éxito ni remotamente cercano. De todas formas, todos estos productos son libres de colesterol por su propia naturaleza y ni la versión original ni la verde podrían considerarse realmente fuentes significativas de fibra.

El concepto de «Porción Justa» de Arcor es cuestionado por médicos que rechazan el snackeo de ultraprocesados.

Hoy, apuntalado por la pérdida de poder adquisitivo, un comestible a $450 en supermercados como Coto y con el aval de cierto campo de expertos, es imbatible en góndolas.

La seducción del turrón Arcor ante consumidores que habitualmente no consumirían golosinas reside en justificativos peculiares. Forma parte de un segmento de productos que hábilmente Arcor promociona como “porción justa”: golosinas de pequeño formato que lograron el respaldo de algunos médicos y nutricionistas bajo el argumento de que, a discreción, ningún producto sería dañino.

El concepto de porción justa es familiar del de los “permitidos” que en los años 90 acuñó Cormillot. Además, construyen un modelo alimentario a favor del snackeo cotidiano, una práctica que la mayoría de los profesionales actualizados encuentra más cercana a los intereses de la industria que de la salud pública. Como “porción justa”, Arcor ofrece junto a su turrón paquetes pequeños de Saladix, gomitas Mogul, Bon o bon y Tofi. Comestibles difícilmente asociados a una alimentación saludable de por sí, pero que la industria logra colocar incluso en dietas cuidadosas con gran astucia.  

Natalia Kiako: