La inteligencia artificial en la agricultura comienza a transformar la producción vitivinícola con robots capaces de detectar enfermedades, monitorear cultivos y aplicar tratamientos de manera más precisa. La tecnología busca responder a dos problemas que afectan al sector: el impacto de productos químicos en cosechas para combatir las plagas y enfermedades que amenazan los viñedos.
Uno de los principales desafíos es el mildiu, una enfermedad causada por un hongo que afecta las hojas y los racimos de uva, provoca la pérdida de frutos y puede comprometer gran parte de la producción. En 2023, la región italiana de Toscana perdió el 70% de su producción de vino como consecuencia de esta enfermedad.
El impacto también se reflejó en el mercado internacional. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), la producción mundial cayó un 10% respecto de 2022 y alcanzó su nivel más bajo desde 1961. Entre los factores que explicaron la caída estuvieron las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y la propagación de enfermedades fúngicas.
En este escenario, la incorporación de robótica e inteligencia artificial aparece como una alternativa para mejorar el control sanitario de los cultivos y reducir la necesidad de intervenciones generalizadas. La automatización también responde a otro problema económico del sector: la escasez y el encarecimiento de la mano de obra agrícola.
Robots con inteligencia artificial para detectar enfermedades en los viñedos
Uno de los desarrollos en marcha pertenece a un equipo de investigadores de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Se trata de PhytoPatholoBot, un robot autónomo diseñado para recorrer las hileras de vides, tomar imágenes del follaje e identificar posibles enfermedades mediante inteligencia artificial.
El sistema analiza las imágenes para diferenciar las partes sanas de las plantas de aquellas que presentan signos de infección. También cruza esa información con datos satelitales, GPS y modelos informáticos que permiten reconocer cambios en las características de la vegetación.
El objetivo es ofrecer a los productores información precisa sobre la ubicación de los focos de infección y su nivel de desarrollo. De esta manera, pueden intervenir sobre las zonas afectadas sin necesidad de aplicar tratamientos de manera uniforme en toda la explotación.
La tecnología busca reducir los tiempos de inspección y anticipar problemas que, si no se detectan a tiempo, pueden traducirse en pérdidas económicas y mayores costos de producción. También permite superar algunas limitaciones del monitoreo manual, especialmente en establecimientos de grandes dimensiones.
En Europa ya existen experiencias comerciales que avanzan en esa dirección. En Italia, el robot Icaro X4, desarrollado por la empresa Free Green Nature, se utiliza para combatir el mildiu mediante luz ultravioleta tipo C (UVC). El equipo también realiza tareas habituales de mantenimiento y funciona con energía solar.
Su sistema híbrido le permite operar durante períodos prolongados, con una autonomía de hasta 72 horas, incluso durante episodios de lluvia, cuando aumentan las condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades fúngicas.
Otro desarrollo es Thorvald, una plataforma robótica autónoma creada por la empresa noruega Saga Robotics. El sistema utiliza luz UVC como tratamiento preventivo para afectar el material genético de las esporas de los hongos e impedir su desarrollo.
La compañía también incorporó cámaras y modelos de inteligencia artificial para reconocer racimos, contar bayas y evaluar su estado de maduración. Los datos se organizan por filas, parcelas y establecimientos, lo que permite seguir la evolución de los cultivos y estimar los volúmenes de producción.
Menos agroquímicos y costos para la producción vitivinícola
La incorporación de estas tecnologías también responde a una preocupación ambiental y económica vinculada con el uso intensivo de fungicidas y pesticidas. Estos productos representan un costo para los productores y, cuando se utilizan de manera inadecuada, pueden contaminar el suelo y los cursos de agua cercanos.
Damian Flynn, director de producto de Saga Robotics, explicó que los productores enfrentan dificultades tanto por el costo de los insumos químicos como por la disponibilidad de trabajadores. También señaló que la utilización repetida de determinados productos puede favorecer la aparición de resistencias en los organismos que buscan controlar, lo que reduce su efectividad.
Frente a este escenario, los tratamientos con luz ultravioleta y la detección automatizada permiten avanzar hacia intervenciones más específicas. Sin embargo, su implementación no elimina por completo la necesidad de productos fitosanitarios ni resuelve por sí sola los problemas sanitarios de los cultivos.
La información recopilada por los robots también tiene un impacto directo en la planificación económica. Conocer la cantidad de racimos, su estado de maduración y la evolución de cada parcela permite anticipar posibles variaciones en los volúmenes de cosecha y ajustar las decisiones productivas.
En California, Estados Unidos, Thorvald trató cerca de 1.300 acres de viñedos durante la última temporada. La empresa también consiguió una inversión de 11,2 millones de dólares para ampliar sus operaciones en Reino Unido y Estados Unidos.
La expansión de estas herramientas refleja un cambio en la gestión de la producción agrícola. Frente a eventos climáticos cada vez más difíciles de anticipar, la robótica y la inteligencia artificial ofrecen mecanismos para mejorar el seguimiento de los cultivos, reducir pérdidas y administrar de manera más eficiente los recursos.