La contaminación del aire podría estar afectando a las personas incluso durante las horas de sueño. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Tsinghua y la Universidad de Cambridge encontró que los aumentos de partículas finas PM2.5 se asociaron con una mayor frecuencia de tos durante la noche.
La investigación, publicada en la revista Communications Health, utilizó datos agregados de usuarios de Sleep Cycle, una aplicación que registra sonidos durante el descanso para identificar episodios de tos mediante inteligencia artificial. El análisis abarcó aproximadamente 500 días consecutivos, entre octubre de 2023 y abril de 2025, en 32 ciudades de 12 países y seis continentes.
Los investigadores vincularon esos registros con los niveles diarios de PM2.5 y ajustaron los resultados teniendo en cuenta variables como las condiciones meteorológicas y la actividad de la gripe. El resultado fue consistente: por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de PM2.5, la frecuencia de tos nocturna aumentó un 2,4% en el análisis conjunto de las ciudades.
El hallazgo también mostró una relación no lineal entre contaminación y tos. Es decir, el aumento de los episodios no apareció solamente cuando la calidad del aire alcanzó niveles extremadamente altos, sino que también se detectaron variaciones con concentraciones relativamente bajas de partículas.
La Organización Mundial de la Salud establece para PM2.5 un valor guía de 15 µg/m³ para una exposición promedio de 24 horas y de 5 µg/m³ para el promedio anual. La propia OMS advierte que sus recomendaciones no deben interpretarse como niveles por debajo de los cuales desaparecen todos los efectos sobre la salud.
Cómo la contaminación del aire aumenta la tos nocturna
Para obtener los datos, Sleep Cycle utilizó el micrófono de los teléfonos móviles para registrar sonidos vinculados con el sueño, como respiración, ronquidos y tos. Un modelo de inteligencia artificial detectó los episodios y los contabilizó en el propio dispositivo, mientras que los investigadores trabajaron con información agregada por ciudad y día.
“Cada noche, la tecnología de Sleep Cycle convierte millones de teléfonos inteligentes en instrumentos precisos de análisis de sonido. La combinación de escala y privacidad permite a los investigadores ver los efectos de la contaminación del aire ciudad por ciudad, noche a noche, a una escala que ningún laboratorio de sueño podría igualar”, explicó Mikael Kågebäck, coautor del estudio.
Para Tong Xia, autor principal de la investigación, la importancia del indicador está en que la tos puede aparecer antes de que se desarrolle un problema respiratorio más evidente.
“Todo el mundo tose de vez en cuando, pero la tos, ya sea puntual o más persistente, es una señal de irritación o inflamación en los pulmones. Una tos podría ser señal de algo que aún no se ha vuelto crónico, pero que podría serlo en el futuro”, señaló Xia.
Los investigadores también utilizaron el episodio de incendios forestales ocurrido en Los Ángeles durante enero de 2025 para observar qué sucedía cuando la contaminación aumentaba de manera abrupta. El estudio registró un incremento inmediato de 8,52 µg/m³ en PM2.5 junto con un aumento de la tos nocturna respecto de la línea de base histórica. Durante el período de los incendios, un aumento de 10 µg/m³ en PM2.5 se asoció con un incremento del 9,9% en la frecuencia de tos nocturna.
El caso de Los Ángeles fue utilizado como un experimento cuasinatural y aportó evidencia complementaria sobre la relación observada en el resto de las ciudades. Los propios autores aclaran, sin embargo, que ese análisis no demuestra por sí solo que el humo de los incendios haya causado el aumento de la tos, porque pueden haber intervenido otros factores ambientales o respiratorios.
PM2.5 y salud respiratoria más allá del sueño
El interés del estudio no se limita a contabilizar episodios de tos. Los autores plantean que una tos nocturna más frecuente puede alterar el descanso y generar fragmentación del sueño, lo que abre la puerta a posibles vínculos con otros efectos sobre la salud.
El estudio menciona como posibles consecuencias sistémicas asociadas a la fragmentación del sueño problemas cardiometabólicos, deterioro del rendimiento cognitivo y riesgo neurodegenerativo. Se trata, en este caso, de posibles implicaciones planteadas a partir de evidencia previa y no de efectos demostrados directamente por esta investigación.
Cecilia Mascolo, profesora de la Universidad de Cambridge y directora de la investigación, destacó que uno de los principales aportes del trabajo es la escala de los datos utilizados.
“El dataset de Sleep Cycle es realmente valioso porque la aplicación es ampliamente utilizada en todo el mundo. La mayoría de los estudios de salud pública solo tienen datos de un país, por lo que contar con un conjunto de datos de este tamaño le otorga mucho más poder estadístico”.
El estudio también señala varias limitaciones. Los niveles de PM2.5 utilizados corresponden a mediciones exteriores, mientras que la tos fue registrada dentro de los hogares; los usuarios de una aplicación de sueño pueden no representar a toda la población; y el reflejo de la tos disminuye durante las etapas más profundas del sueño, lo que podría hacer que los registros subestimen la irritación respiratoria real.
Aun con esas limitaciones, los resultados muestran que aumentos de corto plazo en la contaminación por PM2.5 coinciden con cambios detectables en un síntoma respiratorio cotidiano. La investigación plantea además que los datos generados pasivamente por teléfonos y aplicaciones podrían complementar los sistemas tradicionales de monitoreo ambiental y sanitario.