A diferencia de la mayoría de los planetas, que orbitan de manera estable alrededor de una estrella, existe una clase singular de mundos errantes -conocidos como planetas flotantes o rebeldes- que se desplazan por el espacio sin estar gravitacionalmente ligados a ningún astro. Estos cuerpos desafían la arquitectura clásica de los sistemas planetarios y plantean interrogantes clave sobre la dinámica del cosmos.
La reciente detección de uno de estos planetas libres, junto con la determinación precisa de su masa y su distancia a la Tierra, representa un avance científico inédito. Según el estudio publicado en Science, este logro permite arrojar nueva luz sobre el origen, la evolución y el destino de estos objetos esquivos.
Contar con este tipo de datos fundamentales no solo amplía la comprensión de los procesos de formación y expulsión planetaria, sino que también contribuye a desentrañar los mecanismos que dan lugar al llamado “desierto de Einstein”, una región del espacio prácticamente vacía que separa a los planetas de las enanas marrones.
Qué reveló el análisis del planeta “rebelde”
El estudio detallado de este planeta errante fue posible gracias a la combinación de observaciones realizadas desde la Tierra y al aporte clave del telescopio espacial Gaia.
De acuerdo con los autores, la geometría particular del evento permitió que Gaia registrara seis observaciones en apenas 16 horas, coincidiendo con el máximo aumento de brillo generado por el efecto de microlente gravitacional.
Esta secuencia excepcional se produjo porque el planeta se desplazó en una trayectoria casi perpendicular al eje de precesión del satélite, un factor decisivo para calcular su distancia mediante la técnica de paralaje de microlente.
Hasta este hallazgo, la mayoría de los métodos de detección de exoplanetas dependían de la presencia de una estrella anfitriona. El método de tránsito, por ejemplo, identifica planetas a partir de pequeñas y periódicas disminuciones en el brillo estelar cuando un cuerpo pasa frente a su estrella, y ha permitido catalogar miles de exoplanetas dentro de sistemas estelares.
Otro enfoque se basa en medir los sutiles movimientos de una estrella causados por la atracción gravitatoria de un planeta cercano. Sin embargo, estas técnicas resultan inútiles en el caso de planetas rebeldes: al no estar asociados a una estrella y no emitir luz propia, permanecen invisibles para la mayoría de los instrumentos ópticos.
Qué es la microlente gravitacional
En este escenario, la microlente gravitacional se consolida como la única herramienta capaz de detectar planetas que vagan libremente por el espacio. El método se apoya en el efecto que produce cualquier objeto masivo al curvar y amplificar la luz de una estrella distante cuando se interpone en la línea de visión del observador, actuando como una auténtica “lente natural”.
El fenómeno se traduce en un aumento repentino del brillo de la estrella de fondo, señal inequívoca del paso de un objeto masivo, como un planeta rebelde. El análisis de la curva de luz permite estimar su masa, aunque persiste una dificultad central conocida como “degeneración masa-distancia”: una misma señal puede corresponder a distintas combinaciones de masa y distancia, lo que impide definir ambos valores si uno de ellos no se conoce con precisión.
La clave para superar esta limitación surgió a partir de una verdadera “geometría fortuita”. El evento de microlente vinculado a este planeta -identificado como KMT-2024-BLG-0792 y OGLE-2024-BLG-0516- fue registrado por múltiples observatorios terrestres y, de manera determinante, por la sonda Gaia, que se encontraba en una posición privilegiada respecto de la trayectoria del fenómeno. Esta configuración espacial, sumada a las leves diferencias en el tiempo de llegada de la señal luminosa a los distintos instrumentos, permitió calcular con precisión la paralaje gravitacional.
A partir de estas mediciones, los investigadores establecieron que el planeta posee cerca del 22 % de la masa de Júpiter, un valor apenas inferior al de Saturno. También se determinó que se localiza a unos 3.000 parsecs -equivalentes a aproximadamente 10.000 años luz- de la Tierra. El análisis espectral, en tanto, confirmó que la estrella de fondo involucrada en el evento es una gigante roja.
Estas características aportan nuevas claves para comprender el origen y la naturaleza de los planetas errantes. Hasta ahora, los objetos detectados mediante microlentes mostraban una tendencia marcada: la mayoría tenía masas inferiores a la de Júpiter, lo que reforzaba la hipótesis de que se formaron dentro de discos protoplanetarios y luego fueron expulsados como consecuencia de intensas interacciones gravitacionales en sus sistemas de origen.
Si bien también se identificaron objetos libres de mayor masa, estos suelen corresponder a enanas marrones, cuerpos intermedios que no alcanzan a ser planetas ni poseen la masa suficiente para iniciar la fusión nuclear propia de las estrellas. Entre ambos grupos, la distribución de los eventos de microlente revela un vacío evidente, conocido como el “desierto de Einstein”, que separa a los planetas subyovianos de las enanas marrones.
Según detalla el equipo responsable del estudio publicado en Science, este patrón resulta coherente desde el punto de vista dinámico: a mayor masa, menor es la probabilidad de que un planeta sea expulsado por completo de su sistema. En consecuencia, la mayoría de los cuerpos que logran liberarse de la atracción estelar y vagar por el espacio presentan masas comparables o inferiores a las de Saturno o Neptuno.
Tal como señalan los autores, “aunque los eventos previos de planetas flotantes libres no contaban con mediciones directas de masa, las estimaciones estadísticas indican que se trata predominantemente de objetos de masa subneptuniana, ya sea no ligados gravitacionalmente o en órbitas extremadamente amplias”. Estas evidencias respaldan la idea de que las interacciones gravitacionales violentas desempeñan un papel central en la expulsión y en la composición final de la población de planetas rebeldes.
La investigación también subraya que estos procesos extremos no solo explican la existencia de planetas errantes, sino que modelan la arquitectura completa de los sistemas planetarios. Como sintetizan los científicos en el trabajo: “Concluimos que los procesos dinámicos violentos determinan la demografía de los objetos de masa planetaria, tanto de aquellos que permanecen ligados a sus estrellas anfitrionas como de los que son expulsados para flotar libremente”.