Este país suma una planta clave para producir aluminio reciclado

Una empresa española (Cortizo) refuerza su apuesta por la sostenibilidad con la inauguración de su nueva planta en Coirós (La Coruña). La puesta en marcha de estas instalaciones marca un nuevo avance en la estrategia de circularidad de la multinacional, un compromiso que no surge como respuesta coyuntural a la urgencia climática, sino que se apoya en una trayectoria industrial iniciada a comienzos de los años noventa. En aquel momento, cuando la economía circular aún no ocupaba un lugar central en la agenda pública, el aluminio ya ofrecía una ventaja clave: su capacidad de reciclarse de forma indefinida sin perder propiedades.

La nueva instalación permitirá fabricar hasta 100.000 toneladas anuales

El acto inaugural contó con la presencia del presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda; la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana; y el alcalde de Coirós, Francisco Quintela. La participación de las autoridades puso de relieve una idea que trasciende la apertura de una nueva planta: el rol que puede desempeñar una industria pesada bien concebida en la transición ecológica.

Durante la presentación, la directora general de la compañía, Raquel Cortizo, explicó que el proyecto fue diseñado para cerrar el ciclo del aluminio posconsumo bajo estándares industriales exigentes. El objetivo no es solo aumentar los volúmenes de reciclaje, sino garantizar calidad metalúrgica, trazabilidad y una integración directa del material recuperado en los procesos de extrusión. “Este centro no responde a una moda”, afirmó, al recordar que Cortizo fue pionera en España en cerrar su propio ciclo productivo mediante la recuperación de excedentes y su conversión en nueva materia prima.

Esa visión de largo plazo también se refleja en el fuerte vínculo de la empresa con el territorio. En los últimos cinco años, Cortizo invirtió 228 millones de euros en Galicia, impulsando iniciativas como el Campus Tecnológico, la ampliación de las plantas de aluminio y PVC en Padrón y, ahora, el complejo de Coirós. Para la Xunta, la compañía se consolida así como un referente industrial en sostenibilidad aplicada, basada en hechos y no solo en declaraciones.

Tecnología de vanguardia para producir aluminio 100 % reciclado posconsumo

Las nuevas instalaciones se emplazan sobre una parcela de 110.000 metros cuadrados en el polígono industrial de Coirós, junto a la A-6. Su dimensión responde a un objetivo claro: procesar grandes volúmenes de aluminio posconsumo procedente de elementos habituales del entorno construido -ventanas, puertas, fachadas o barandillas- que, tras décadas de uso, pueden reincorporarse al sistema productivo sin perder calidad.

El proceso comienza con la trituración y clasificación de la chatarra, una fase clave en la que se separan con precisión los distintos materiales hasta aislar el aluminio. A continuación, el metal se funde y se solidifica nuevamente en forma de tocho, listo para alimentar las líneas de extrusión industrial.

Frente al aluminio tradicional, utilizará un 95% menos de recursos

El resultado es Infinity, un lingote cilíndrico de hasta siete metros de longitud, con diámetros que oscilan entre los 153 y los 305 milímetros. No se trata de un semielaborado genérico, sino de un producto diseñado para integrarse de manera directa en los procesos industriales existentes, un aspecto esencial para que el reciclaje deje de ser una excepción y se convierta en la norma.

Desde el punto de vista ambiental, los beneficios son claros. La producción de este tocho reciclado permite reducir un 86 % las emisiones de CO2 y alcanzar un ahorro energético del 95 % en comparación con el aluminio primario, según los valores medios de la Asociación Europea del Aluminio. No hay atajos tecnológicos: es una cuestión de física industrial básica. Reciclar aluminio requiere apenas una fracción de la energía necesaria para producirlo a partir de bauxita.

La planta inicia su actividad con 20 empleos directos, con previsión de duplicar esa cifra a medida que alcance su plena capacidad operativa. Se trata de empleo industrial estable, vinculado al conocimiento técnico y al desarrollo productivo local.

El modelo de Coirós demuestra que la descarbonización de la industria no depende exclusivamente de tecnologías futuristas. En muchos casos, pasa por repensar materiales conocidos, optimizar procesos y cerrar ciclos con rigor industrial. Un enfoque replicable en otros territorios y extensible a otros metales.

A medio plazo, este tipo de instalaciones puede facilitar que sectores como la construcción sostenible o la rehabilitación energética reduzcan su huella ambiental sin necesidad de cambiar de material, simplemente modificando su origen: aluminio, sí, pero aluminio circular.

Además, abre la puerta a criterios ambientales más exigentes tanto en la contratación pública como privada, donde el contenido reciclado y la huella de carbono comienzan a pesar tanto como el precio. No es una hipótesis: ya está sucediendo.

En definitiva, menos retórica y más metal reciclado regresando al sistema productivo. Con hechos.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.