Encontraron en Bariloche un animal que no pertenece a América: cuál es

Un hallazgo científico realizado en la Patagonia argentina encendió señales de alerta en la comunidad ambiental. Un grupo de investigadoras detectó por primera vez en las aguas de San Carlos de Bariloche a un animal jamás registrado en esa región del país: una medusa de agua dulce originaria de China. El descubrimiento no solo amplía el mapa de distribución de la especie, sino que marca el registro más austral de esta medusa invasora en la Argentina, con posibles consecuencias para los frágiles ecosistemas lacustres andinos.

Encontraron en Bariloche un animal que no pertenece a América

La protagonista del hallazgo es Craspedacusta sowerbii, conocida popularmente como “medusa de flor de durazno” o peach blossom jellyfish. Se trata de un hidrozoo de agua dulce cuyo origen se remonta al río Yangtsé, en China, y que históricamente estuvo asociado a climas tropicales y subtropicales. Su presencia en los lagos fríos de la Patagonia norte representa una adaptación inesperada, capaz de superar barreras climáticas y geográficas que hasta ahora parecían infranqueables.

Una medusa exótica en los lagos patagónicos

El descubrimiento fue documentado en un estudio publicado en la edición número 40 de la revista Desde la Patagonia. Las muestras se tomaron en febrero de 2023 en el lago Escondido, donde las investigadoras detectaron una densidad de hasta 24 medusas por metro cúbico, con ejemplares que alcanzaban los 12 milímetros de diámetro. También se registró su presencia en el lago El Trébol, un ambiente con mayor disponibilidad de nutrientes pero menor ingreso de luz solar debido a la proliferación de algas.

Craspedacusta sowerbii presenta un ciclo de vida particular que facilita su expansión. Tiene una fase de pólipo, diminuta y fija al sustrato -como rocas, plantas o troncos-, prácticamente invisible y altamente resistente. La fase de medusa, en cambio, es la más visible: gelatinosa, translúcida y pequeña, con un tamaño promedio de entre 7 y 12 milímetros, aunque en otras regiones del mundo puede alcanzar los 25 milímetros.

La investigación estuvo a cargo de Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia E. García y María del Carmen Diéguez, especialistas del Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a Escala de Paisaje (GESAP), el INIBIOMA, el CONICET y la Universidad Nacional del Comahue. En los ambientes estudiados, la medusa convive con peces nativos y con la trucha arcoíris, otra especie introducida que ya modificó el equilibrio de estos ecosistemas.

Investigadoras argentinas detectaron una medusa de agua dulce originaria de China

Por qué genera alerta ambiental

Aunque estas medusas de agua dulce no representan un peligro directo para las personas -sus aguijones microscópicos no provocan reacciones urticantes-, su presencia genera preocupación desde el punto de vista ecológico. Al alimentarse de zooplancton nativo, pueden alterar la base de la cadena alimentaria, afectando indirectamente a peces y otros organismos que dependen de esos recursos.

Además, compiten con especies locales en ambientes que ya se encuentran presionados por la introducción de fauna exótica. La detección de la fase medusa implica, necesariamente, la existencia de pólipos ocultos en el fondo de los lagos, lo que sugiere que la especie podría estar más extendida de lo que se observa a simple vista y facilitar una expansión futura.

Según el estudio, la expansión global de Craspedacusta sowerbii comenzó en el siglo XIX, impulsada por el comercio de plantas acuáticas, el traslado de especies ornamentales y el transporte accidental a través de aves y peces. Hoy se la considera una especie cosmopolita, presente en todos los continentes excepto la Antártida.

Ante este escenario, las científicas recomiendan reforzar la vigilancia en los lagos patagónicos y promover la participación ciudadana mediante plataformas como iNaturalist, que permiten reportar observaciones y mejorar el monitoreo ambiental. Detectar a tiempo la presencia de especies invasoras resulta clave para anticipar impactos y proteger la biodiversidad de los ecosistemas de agua dulce, uno de los patrimonios naturales más valiosos de la Patagonia.

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