La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial alcancen niveles sin precedentes entre octubre y diciembre de 2026.
El fenómeno podría convertirse en uno de los episodios más intensos desde 1950, con temperaturas superiores a la media y cambios en las precipitaciones que afectarían a distintas regiones del planeta.
El episodio de El Niño se está fortaleciendo rápidamente y podría alcanzar su punto máximo en diciembre, por eso un grupo de científicos del CONICET desarrollaron una plataforma para anticipar inundaciones.
Según el último boletín sobre el clima estacional mundial de la OMM, la anomalía media de la temperatura de la superficie del mar en la región central y oriental del Pacífico ecuatorial podría llegar a unos 3,7 °C por encima de lo normal durante el trimestre octubre-diciembre. De concretarse, superaría el récord anterior de +2,6 °C, registrado entre noviembre de 2015 y enero de 2016.
“El episodio de El Niño se ha consolidado y se está fortaleciendo rápidamente. Según los pronósticos de la OMM, la probabilidad de que el evento persista hasta febrero de 2027 es prácticamente del 100%, y podría ser uno de los episodios más intensos desde, al menos, 1950″, dijo la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo en un comunicado de prensa.
El organismo advierte que el fenómeno tendrá consecuencias sobre las temperaturas y las precipitaciones estacionales, con posibles impactos en las economías, los ecosistemas y las comunidades. Entre los riesgos previstos se encuentran los episodios de calor extremo, las sequías y las inundaciones, aunque sus efectos variarán según la región.
Por qué preocupa la intensidad de El Niño
El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Esa alteración modifica la circulación atmosférica y puede cambiar los patrones de lluvia y temperatura en distintas partes del mundo.
En un contexto de calentamiento global, un episodio intenso también puede contribuir a elevar la temperatura media mundial. “El Niño no añade más calor al planeta, pero libera calor que el océano ya ha almacenado bajo la superficie. Por ese motivo un episodio intenso supone con tanta frecuencia que el año del evento se convierta en uno de los más calurosos jamás registrados, como ya ocurrió en 2024”, explicó Celeste Saulo en el Foro Mundial sobre el Calor celebrado en Bangkok (Tailandia). “Las aguas de las que se nutre El Niño presentan las temperaturas más altas jamás registradas. En otras palabras, hay más calor que puede liberarse”, afirmó.
Los datos del índice Niño 3.4, una de las principales métricas utilizadas para seguir la evolución del fenómeno, muestran una intensificación marcada durante 2026. La anomalía pasó de una media de 1,6 °C por encima de lo normal en junio a 2,5 °C en agosto. Para el último trimestre del año, los pronósticos anticipan un nuevo aumento.
La evolución de otros océanos también influye en las previsiones. La OMM espera que el dipolo del océano Índico entre en fase positiva y alcance su punto máximo en octubre, mientras que las temperaturas superficiales de la región ecuatorial del Atlántico se mantendrían por encima de los valores habituales.
Qué regiones podrían tener más lluvias y cuáles enfrentarían sequías
Los pronósticos de la OMM para octubre, noviembre y diciembre anticipan temperaturas superiores a la media en amplias regiones del planeta. Esto no significa que todos los lugares vayan a registrar calor extremo todos los días, sino que aumenta la probabilidad de que la temperatura promedio de la temporada supere los valores habituales.
En cuanto a las precipitaciones, las proyecciones indican condiciones más húmedas de lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental, el Cuerno de África, partes de Asia central y oriental, zonas septentrionales de la península arábiga y algunas regiones de América del Norte. También se prevén mayores probabilidades de lluvias por encima de la media en sectores del sudeste de América del Sur.
En cambio, se anticipan condiciones más secas en una extensa región que abarca el Pacífico occidental y el Atlántico ecuatorial, y que se prolonga por el Pacífico Sur hasta el extremo meridional de América del Sur. El pronóstico también señala una mayor probabilidad de precipitaciones inferiores a lo normal en el subcontinente indio, el sur de América Central, partes del Caribe y el noroeste de América del Sur.
Estas proyecciones describen tendencias estacionales y no permiten determinar por sí solas qué ocurrirá en cada localidad. La evolución concreta dependerá de las condiciones regionales, por lo que la OMM señala que los pronósticos globales deben complementarse con información meteorológica nacional y local.
Cómo se prepara la OMM ante el fenómeno
La organización y sus países miembros trabajan para reducir los efectos potenciales de El Niño mediante la actualización de los pronósticos y el intercambio de información con autoridades y sectores económicos. Los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales y los foros regionales sobre la evolución probable del clima colaboran con los responsables de tomar decisiones para mejorar la preparación ante eventos extremos.
A través de su Mecanismo de Coordinación, la OMM también proporciona información periódica al sistema de las Naciones Unidas y a organizaciones humanitarias para contribuir a las tareas de prevención y gestión de riesgos.
El fenómeno y el aumento previsto de los eventos de calor extremo forman parte de los temas del Foro Mundial sobre el Calor, que se celebra en Bangkok del 6 al 9 de octubre y reúne a unos 600 expertos para analizar medidas de prevención y adaptación.
La evolución de El Niño será clave durante los próximos meses, tanto por su posible intensidad como por su capacidad de alterar los patrones climáticos en distintas regiones. La OMM continuará actualizando sus pronósticos a medida que se acerque el pico previsto para diciembre.