La nutrición deportiva de góndola, dirigida el gran público y megalómana, se sustenta en dos recursos: un halo de salud, con promesas difusas de proteínas, vitaminas, electrolitos, y una imagen aspiracional: atletas de renombre, cuerpos perfectos, juventud y potencia. Gatorade, de Pepsico, y Powerade, de Coca Cola, son las dos grandes marcas que dominan el mercado de las bebidas deportivas. Tras años de pulseada siguen compitiendo con el mismo estilo: packaging de colores vibrantes, diseño moderno y sponsoreo de figuras exitosas. El diseño y el naming apelan a personas activas que buscan una bebida funcional. ¿El contenido? No necesariamente responde a la promesa.
La amplia mayoría de los consumidores de Gatorade no tiene un nivel de exigencia en el entrenamiento que justifique su consumo. Mientras tanto, el mercado global de bebidas deportivas fue valorado en casi 29 mil millones de dólares en 2024 y se proyecta que alcance los 49 mil millones para 2033, creciendo a una tasa del 6% anual. En Argentina, específicamente, las ventas de bebidas isotónicas crecen entre un 10% y 12% al año, alcanzando hoy alrededor de 220 millones de litros anuales. Gatorade se lleva cerca del 70% de las ventas y Powerade, el 30% restante.
El origen de Gatorade
En la década del ‘20, en Estados Unidos, se elaboraba un primer antecedente llamado Glucozade (luego simplificado como Lucozade). Era un producto de medicina deportiva de uso muy limitado. Inspirado en él, recién en los años ‘60, nace una versión hecha para optimizar el rendimiento de un equipo de fútbol americano, los “Gators”. Contenía agua, sodio, azúcar, potasio, fosfato y jugo de limón. Cuando los Gators ganaron un campeonato local en 1967, el rumor en torno a la bebida llegó a los Kansas City Chiefs, que se convirtieron en el primer equipo “de primera” en probarla como suplemento. En seguida, ganaron el campeonato de 1969. Que dos hechos sean consecutivos no implica necesariamente una relación de causa y efecto; pero el rumor cobró fuerza y Gatorade empezó a crecer de forma exponencial entre deportistas profesionales, amateurs y simplemente personas de a pie que depositaron en ella la expectativa de más energía o capacidad física.
Gatorade mantuvo siempre la estrategia de marketing que le dio éxito desde el comienzo: asociarse a deportistas de elite y volverse sponsor de campeones en múltiples disciplinas. Para los 2000, PepsiCo había comprado Gatorade (que desde los 80 pertenecía a Quaker Oats Co) y Coca Cola también quiso una tajada del negocio, cada vez más pujante, lanzando su Powerade para competir cabeza a cabeza.
La composición y la utilidad de estas bebidas no ha cambiado demasiado: más allá de los colorantes y variaciones de suplementos vitamínicos, sin evidencia de ningún beneficio extra realmente significativo, lo que contienen en abundancia es sodio (180 a 200 mg por unidad) y azúcar (20 a 32 gramos por botella de 400 cc, según la variante). Si se llaman bebidas isotónicas es porque contienen una concentración de azúcares y electrolitos (como sodio y potasio) similar a la de nuestro plasma sanguíneo. Esto significa que tienen la misma presión osmótica que los fluidos internos del cuerpo y así pueden ser absorbidos y asimilados a máxima velocidad. El cuerpo no hace esfuerzo para digerirlas: pasan del estómago al torrente sanguíneo tan rápido como el agua sola.
¿Sirve o no sirve?
Como suele suceder con los escenarios engañosos, hay una base de verdad y principios científicos comprobados que sustentan las bebidas isotónicas. Lo que sucede es que están diseñadas para optimizar el rendimiento atlético de deportistas que ejecutan ejercicio intenso con sudoración extrema, durante sesiones largas, de más de 60 minutos. Al entrenar intensivamente, el cuerpo quema energía de forma drástica, y se pierden agua y electrolitos (sobre todo, sodio) mediante la transpiración. En este marco de ejercicio intenso y prolongado, se vuelve útil recurrir a fuentes como las bebidas isotónicas para recuperarlos de forma eficaz y sobre todo, veloz. El objetivo para esos deportistas es reponerse de inmediato, continuar adelante y rendir lo más posible.
El Dr. Eugenio “Toto” Viviani Rossi (médico especialista en Nutrición, director del Posgrado de Nutrición Vegetariana y Vegana en la UNLP y director del Posgrado en Suplementación Deportiva, UNLP) explica: “Cuando uno hace actividad física intensa superando los 60 minutos, la hidratación y el refuerzo deberían ser no solo con agua, sino también con sales y azúcar. Puede variar un poco, según la intensidad del entrenamiento y factores como la temperatura ambiente.” “Pero no necesitás un Gatorade o un Powerade: podés perfectamente elaborar una versión casera con 30 g de azúcar cada medio litro de agua y un gramo de cloruro de sodio (sal). Eso sería más que suficiente”, aconseja Viviani Rossi.
El marketing instala con astucia el concepto de “hidratación deportiva” para cualquier nivel de actividad a partir de esta información. Pero extraída del contexto puntual de un esfuerzo físico intensivo, la hidratación con suplementos pierde sentido, y el consumo de Gatorade también. El aporte de vitaminas que Gatorade tampoco es útil: el cuerpo las excreta en su mayor parte (como no puede absorberlas, las descarta a través de la orina). De todas formas, con una dieta saludable, esas vitaminas hidrosolubles carecen de sentido, suelen estar bien cubiertas. “Para un entrenamiento normal, incluso en la rutina de un deportista de baja a media intensidad, el agua alcanza perfectamente y, de hecho, sería preferible”, remarca Viviani Rossi. “Lo que habitualmente es incluso perjudicial (sal, azúcar) en un contexto de alto desempeño es necesario y beneficioso. También se puede pensar al revés: si querés darle un plato de arroz yamaní a alguien en medio de una maratón no va a ser buena idea, pero sí para alguien que vuelve a su casa tras hacer actividad física normal tres veces por semana.” El sodio y el azúcar son innecesarios si el cuerpo no los reclama en plena maratón. El consumidor promedio (sobre todo, el que lleva un estilo de vida saludable y ejercita) lo entiende y sabe que debe moderarlo el resto del día, en un restaurante y en su casa. En el gimnasio, sin embargo, es más fácil confundirse y beber más calorías, sal y azúcar de lo que sería conveniente. Muchas de las personas que consumen Gatorade en el contexto de un entrenamiento amateur, de una hora o menos, aspiran a controlar su gasto energético gracias a ese esfuerzo deportivo. No se dan cuenta de que aumentan su consumo de calorías vacías a cada sorbo, consumiendo una bebida azucarada como las demás, sin ganar nada que no les daría ya un buen trago de agua.
La sed, la gastroenteritis y GatoradePara insertar y justificar su producto, Pepsico creó su propio Instituto de Ciencia del Deporte de Gatorade (GSSI). Deborah Cohen, editora de investigaciones del British Medical Journal, señaló que uno de los mayores logros del GSSI fue “socavar la idea de que el cuerpo tiene un mecanismo homeostático perfectamente funcional para detectar y responder a la deshidratación: la sed“. La señal natural y directa del cuerpo es reemplazada por la suposición, fabricada a base de imágenes publicitarias, de que Gatorade debe hacer bien, por ejemplo, para garantizar la hidratación de los niños. Especialmente, para acompañar algún proceso infeccioso con riesgo de deshidratación, como una gastroenteritis. Aunque muchas familias acudan a ellas cuando los chicos se enferman, y hasta aparezcan sugeridas en algunas guardias, la médica pediatra Sabrina Critzmann (MN 148279, autora de los libros Hoy no es siempre y Comer y criar, Planeta) aclara: “las bebidas deportivas no se recomiendan para tratar la deshidratación por padecimientos estomacales. Los colorantes y otros aditivos pueden aumentar la inflamación, entorpeciendo la recuperación de la microbiota. El exceso de azúcar puede empeorar la diarrea, por efecto osmótico. El tratamiento indicado para ese cuadro, de ser necesario, son las sales de rehidratación oral que contienen una proporción menor de azúcar. Solo la cantidad justa y necesaria para que el cuerpo absorba el agua, el sodio y otros electrolitos.” La recomendación de los expertos es clara: para un estilo de vida activo y de deporte normal, beber agua. Ante la duda, consultar al médico, o de ser necesario, al deportólogo. Y en la góndola de productos “saludables”, aprender a leer la lista de ingredientes. Si entre los primeros hay algún tipo de azúcar, glucosa, maltodextrina o jarabe, probablemente no convenga demasiado su consumo.