El ya clásico bizcochuelo en polvo Exquisita está presente en los almacenes argentinos desde 1959 y hoy domina hoy las góndolas de los supermercados. Para muchas familias, significa el atajo perfecto para una torta de cumpleaños infantil: rápido, barato y seguro.
Pero escarbando apenas más allá de la superficie, o mejor dicho, del marketing, es dudoso que esa practicidad supere verdaderamente la de una torta casera como la que haría una bisabuela.
Además, un repaso por sus ingredientes, y por sus versiones más atractivas, muestra que esa supuesta practicidad tiene un costo invisible.
La marca no es un actor menor: pertenece a Molinos Río de la Plata, una de las mayores compañías de alimentos del país, con 14 plantas productivas y marcas como La Salteña, Cocinero y Matarazzo bajo el mismo paraguas. Ese peso comercial se nota en las góndolas, donde Exquisita es la opción mejor posicionada en la categoría de premezclas para torta.
También en internet y redes sociales, donde circula sobre todo como base para tortas de cumpleaños infantiles rellenas con dulce de leche o decoradas con golosinas. Un gran volumen de contenido en TikTok, Instagram o Cookpad muestra a la premezcla como el “atajo casero” perfecto y argentino: barato, rápido y que “sale bien seguro”.
Un bizcochuelo ultraprocesado con sellos de advertencia
Todas las variantes para bizcochuelo Exquisita comparten una base ultraprocesada: harinas refinadas, azúcares añadidos, grasas animal de baja calidad y una lista de aditivos (leudantes químicos, conservantes, emulsionantes y aromatizantes), cuyos objetivos son “la estabilidad y la consistencia industrial, no la calidad nutricional”, explica Ana María Caballero, pediatra con formación en puericultura, nutrición, estimulación temprana y crianza.
“El perfil de sabor de estos productos es homogéneo y siempre igual, muy distinto de lo que ocurre con una preparación casera, donde el resultado cambia de una torta a otra según los ingredientes que se usen”, suma la especialista.
La preparación seca que trae el paquete requiere, según las instrucciones, el agregado de huevos y leche para elaborar el bizcochuelo. Sorprende, en ese contexto, el precio de góndola que arranca alrededor de los $3700 pesos y alcanza los $5500, para la versión sin gluten, cuando lo único que reemplaza la premezcla respecto de la lista de ingredientes en una receta convencional serían harina, leudantes y azúcar. A lo sumo, podría mencionarse la vainilla y una pizca de sal. Tradicionalmente, los bizcochuelos no requieren manteca ni aceite adicionados (aunque la premezcla Exquisita sí contiene grasa, de origen animal).
El costo por paquete resulta inédito, si se piensa que sólo cumplirá la función de los ingredientes más económicos de la receta. Ingredientes cuyo precio por kilo es de menos de la mitad que el de 470 g de Exquisita. Sin embargo, en el imaginario popular, ésta se mantiene como una opción accesible y fácil.
Las versiones relevadas en supermercados (vainilla, coco, chocolate y los sabores sin TACC) comparten un mismo leudante cuestionado: el fosfato ácido de aluminio y sodio (INS 541i). Este aditivo forma parte de la exposición dietaria acumulada a aluminio que organismos como la EFSA vienen monitoreando desde 2008, cuando redujo la ingesta semanal tolerable de este metal. El sitio Aditivos Alimentarios lo considera de nivel de toxicidad “Alto”, y señala que se lo considera neurotóxico.
Todas las versiones llevan sellos negros por exceso de azúcares y de sodio. En el bizcochuelo de vainilla y en el de coco, la harina de trigo encabeza la lista de ingredientes. Las versiones de chocolate y sin gluten son las más cuestionables: ambas contienen más azúcar que harina. De hecho, el primer ingrediente declarado es el azúcar.
Para Caballero, esto invierte una proporción básica que en cualquier bizcochuelo doméstico las familias respetarían “una receta de torta básica en general tiene el doble de harina que de azúcar”, mientras que en el chocolate y el sin gluten “la proporción es al revés. Es extremadamente difícil que una familia note esto en la góndola.” Frases como “Meren-dar” o “extra esponjoso” desvían la atención de la lista de ingredientes.
Sin gluten: menos harina, más aditivos
Las versiones sin TACC reemplazan el trigo por una combinación de almidón de maíz, fécula de mandioca, un “agente de batido” sin especificar y tres emulsionantes distintos (INS 466, 322 y 415), además de sulfitos declarados: una sustancia que puede desencadenar reacciones en personas sensibles, sobre todo asmáticas.
La opción que muchas familias compran porque suponen “más sana”, al no tener gluten, y que muchas otras utilizan por confiar en la marca para sus integrantes celíacos es, en los hechos, la que acumula más aditivos y más azúcar de toda la línea. Caballero coincide con el diagnóstico: advierte que muchas personas eligen productos sin gluten “por considerarlos más saludables”, cuando en realidad “la calidad nutricional de esos productos no tiene los mejores perfiles”.
El verdadero costo del bizcochuelo Exquisita: el paladar de los chicos
Más allá de la composición puntual, la pediatra pone el foco en un efecto a mediano plazo. El consumo reiterado de productos ultraprocesados hiperpalatables, con estímulos de sabor y aroma mucho más intensos que los de la comida casera, provoca que el umbral de dulzor se recalibre y se eleve, necesitando cada vez dosis más altas de azúcar para sentir satisfacción.
Frutas, verduras y preparaciones caseras terminan percibiéndose como “sosas” y dejan de elegirse, lo que deriva en dietas cada vez menos variadas y basadas en ultraprocesados. Estos productos, explica, están formulados industrialmente para alcanzar el llamado bliss point: el punto exacto de azúcar, grasa y aditivos que maximiza el deseo de seguir comiendo.
“Otro punto importante es el desdibujamiento del origen”, explica Caballero. “Al llamar a estos productos “caseros”, se rompe la conexión del niño con el proceso de elaboración. Se pierde la oportunidad pedagógica de entender qué ingredientes componen un alimento, perpetuando la idea de que la comida ‘aparece’ lista para consumir y que el estándar de sabor debe ser ese nivel de artificialidad”, añade.
Consultada sobre qué responder a las familias que apelan a Exquisita por comodidad, Caballero es clara: “La única practicidad que reporta es que ya están pesadas y mezcladas harina y azúcar”, porque el batido y el horneado hay que hacerlos de todos modos. Su sugerencia, si se desea ganar tiempo, es armar en casa el equivalente a un kit propio, mezclando de antemano los ingredientes secos en un frasco, y compartir recetarios sencillos con las familias consultantes: el éxito de una torta depende de los ingredientes, la técnica y la cocción, no tanto de la cantidad de aditivos que lleve.