Ecuador aprobó una ley minera en medio de fuertes críticas indígenas y ambientales

En sintonía con Argentina, el pleno de la Asamblea Nacional de Ecuador aprobó este jueves, con 77 votos, el proyecto de ley presentado por el Ejecutivo para optimizar la gestión pública y privada en minería y energía eléctrica.

La normativa, que generó un intenso debate político y social, fue cuestionada por movimientos indígenas que temen impactos ambientales y afectaciones al acceso al agua en distintos territorios del país.

Durante la sesión se expusieron argumentos a favor de reforzar la regulación minera, combatir la minería ilegal y atraer inversión para fortalecer la economía. Sin embargo, un artículo fue excluido del texto final al considerar varios legisladores que afectaba la entrega del 30% del superávit de las empresas públicas de generación eléctrica a la región amazónica.

Qué implica la nueva ley

La iniciativa apunta a mejorar el desempeño operativo de los sectores minero y energético mediante una regulación que, según el Gobierno, promueva ingresos fiscales y divisas, y contribuya a la sostenibilidad fiscal y estabilidad macroeconómica del Estado.

La iniciativa apunta a mejorar el desempeño operativo de los sectores minero y energético mediante una regulación.

En materia minera, el informe aprobado introduce reformas a la Ley de Minería para reforzar la rectoría estatal, precisar competencias institucionales y regular actos administrativos previos a la actividad extractiva. También actualiza el régimen de patentes y etapas de exploración y explotación, e incorpora un capítulo sobre fomento de la inversión y áreas de protección estratégica.

En el ámbito energético, se modifican disposiciones de la Ley Orgánica del Servicio Público de Energía Eléctrica para modernizar conceptos como generación distribuida y autoabastecimiento, y establecer reglas para la participación excepcional de empresas privadas, estatales extranjeras y organizaciones de la economía popular y solidaria.

Agua o extractivismo

Antes del debate, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) había advertido que la Asamblea debía decidir entre “el agua y el extractivismo”.

Para la organización, la ley “va en contra de la consulta previa y flexibiliza controles ambientales en favor de grandes empresas”, al considerar que “reemplaza licencias ambientales por autorizaciones simples”, permite concesiones de hasta 30 años y habilita la militarización de territorios.

Desde el oficialismo, el asambleísta Alejandro Lara defendió el proyecto: «Ambiente y empleo al mismo tiempo. No es elegir entre trabajo y naturaleza. Esta ley permite inversión con control ambiental y respeto a consultas populares», y sostuvo que lo que «destruye territorios es la ilegalidad, no la inversión responsable».

En la misma línea, la ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, afirmó tras la votación que el país avanza “camino a la formalidad, a la conservación, y a potenciar oportunidades en los dos sectores estratégicos”.

En contraste, el dirigente ambiental indígena y excandidato presidencial Yaku Pérez aseguró que la normativa implica “firmar la partida de defunción a la mega biodiversidad” de Ecuador y adelantó que buscarán frenar su entrada en vigencia mediante una medida cautelar ante la Justicia.

¿Por qué? Un punto polémico del proyecto permite ahora otorgar permisos de libre aprovechamiento y extracción de áridos y pétreos en Zonas de Aprovechamiento Sustentable fuera del Parque Nacional Galápagos..

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