Cómo una planta en Buenos Aires convierte la basura en energía limpia para 17.000 hogares

La gestión de los residuos sólidos urbanos en la Argentina atraviesa un momento crítico que reclama soluciones tecnológicas con urgencia. Mientras la generación de basura crece en todo el país, la tasa de reciclaje nacional apenas llega al 6 por ciento, según datos de la Organización de las Naciones Unidas. La Provincia de Buenos Aires concentra el 40 por ciento de los residuos que se generan en el país, lo que se traduce en 19.000 toneladas por día. Dentro de ese mapa, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) reúne a casi el 40 por ciento de la población nacional en menos del 0,2 por ciento del territorio continental y produce alrededor de 20.000 toneladas de basura por jornada. La Ciudad de Buenos Aires, por su parte, genera en promedio 1,46 kilogramos de residuos por habitante cada día, lo que suma más de 4,4 millones de kilogramos diarios.

Ante esta crisis a escala metropolitana, la articulación entre el sector privado y el sistema científico se convierte en una herramienta central para convertir pasivos ambientales en recursos con valor agregado. Bajo esa premisa, la empresa de servicios ambientales Benito Roggio Ambiental, a través de su compañía de ingeniería y tratamiento de residuos Tecsan, y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) sellaron una alianza orientada a la investigación aplicada. El corazón operativo de ese trabajo conjunto es el Centro de Innovación y Desarrollo (CID), que abrió sus puertas en marzo de 2024 en el campus de la FAUBA. El objetivo del espacio, que visitó recientemente Economía Sustentable, es desarrollar en conjunto tecnologías ambientales que conviertan los desechos orgánicos e industriales en energía renovable y en mejoradores de suelo de calidad, con la meta de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudar a restaurar entornos naturales degradados.

La Argentina enfrenta una crisis de residuos: solo recicla el 6% de la basura que genera, mientras empresas y científicos desarrollan tecnologías para convertir desechos en energía, compost y materiales reutilizables

La puesta en marcha del CID responde a la idea de instalar de manera permanente el desarrollo de tecnología ambiental aplicada sobre los residuos reales. El área de Investigación, Desarrollo e Innovación de Benito Roggio Ambiental es la primera en el sector de servicios ambientales del país en tener un equipo de científicos de planta dedicado por completo al estudio y la revalorización de los residuos. La infraestructura del centro incluye un laboratorio central con instrumental de precisión para caracterizar materiales desde el punto de vista químico y físico, dos parcelas experimentales para ensayos de campo y validaciones botánicas, y la primera planta piloto móvil de biodigestión del país, que permite simular y ajustar procesos biológicos en los propios puntos donde se genera la basura.

La conducción de esta iniciativa está a cargo de un comité científico que integran representantes académicos de la FAUBA y directivos técnicos de Tecsan. Ese comité coordina y evalúa la viabilidad de los proyectos que llevan adelante investigadores, docentes y alumnos de la universidad junto con los especialistas de la empresa. En julio de 2024 el comité dio luz verde a las primeras cuatro investigaciones conjuntas, orientadas a optimizar el funcionamiento de los rellenos sanitarios y a medir la respuesta biológica de los entornos restaurados. Esos proyectos abarcan el diseño del paisaje y el manejo del suelo en sectores puntuales de un relleno sanitario, la evaluación del crecimiento de plantas halófitas regadas con efluente tratado, el análisis de la viabilidad de prácticas agrícolas con tecno suelos y la posibilidad de reinsertar a la mariposa bandera argentina (Morpho epistrophus argentinus) como indicador de la calidad del entorno natural.

Cómo se genera electricidad a partir de la basura porteña

La gestión integral de los residuos urbanos golpea directo sobre las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energético, que representa el 55 por ciento de las emisiones totales en grandes centros urbanos como la Ciudad de Buenos Aires. Para enfrentar ese problema, la captación de biogás se volvió una pieza clave. Tecsan opera sistemas de captación activa de biogás en las celdas de disposición final y así canaliza el metano que genera la biodegradación anaeróbica hacia plantas de generación termoeléctrica. En el Complejo Ambiental Norte III se procesan todos los días miles de toneladas de basura que, al descomponerse, liberan gases que antes iban directo a la atmósfera.

La Planta Central Buen Ayre se destaca por su equipamiento y genera de forma constante electricidad a partir del biogás recuperado. Con la extracción y el tratamiento del biogás que produce el módulo C del Complejo Ambiental Norte III, esa planta aporta 10 MW de energía eléctrica de manera permanente al Sistema Argentino de Interconexión Nacional. En total, las plantas de la compañía producen 86.500 MWh al año de energía eléctrica limpia, según datos de Tecsan, un volumen que alcanza para cubrir el consumo residencial básico de unos 17.000 hogares y que evita la liberación de grandes volúmenes de metano a la atmósfera. El metano tiene un potencial de calentamiento global mucho mayor al del dióxido de carbono, por eso capturarlo y usarlo como combustible resulta clave para cuidar el medioambiente.

La compañía también opera una planta de tratamiento mecánico biológico (TMB) en Norte III que recibe residuos sólidos urbanos y combina procesos mecánicos con tratamiento biológico. Esa planta procesa 1.100 toneladas de residuos por día y recupera el 65 por ciento de lo que trata. Los residuos orgánicos pasan por un proceso biológico en naves diseñadas para eso, donde quedan encapsulados de forma hermética durante 21 días con inyección de aire, con temperatura, humedad y relación carbono nitrógeno bajo control. El resultado es un material bioestabilizado que se usa como cobertura del relleno sanitario, lo que reduce la cantidad de suelo virgen que hace falta para esa tarea.

A eso se suma una planta de compostaje con capacidad para procesar entre 800 y 1.100 toneladas mensuales de residuos verdes, como restos de poda, ramas y jardinería que llegan de distintas zonas del área metropolitana. Esos residuos se trituran y se guardan en silobolsas donde se insufla aire para lograr la fermentación aeróbica. El resultado es un compost que en 2010 logró la inscripción ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) para usarse como mejorador de suelos. Ese abono se usa en el vivero de la empresa, en la parquización de sus complejos y también se dona a municipios, hospitales y organizaciones no gubernamentales.

El aprovechamiento del biogás, el biochar, los residuos industriales y los efluentes tratados permite reducir emisiones, recuperar suelos y avanzar hacia un modelo de economía circular

Qué es el biochar y por qué ayuda a frenar el cambio climático

Uno de los aportes científicos más importantes del Centro de Innovación y Desarrollo en la lucha contra el cambio climático y en la recuperación de suelos es el desarrollo de enmiendas de alta estabilidad a partir de biochar. Ariel Rodríguez, jefe de I+D de Benito Roggio Ambiental, presentó este avance en el Congreso Mundial ISWA 2025, donde mostró el potencial del biocarbón como herramienta para lograr una captura de carbono permanente en el suelo.

El biochar es un material carbonoso, estable y con alto contenido de carbono que se produce a partir de biomasa residual. Se obtiene mediante pirólisis, un proceso termoquímico que descompone térmicamente la biomasa orgánica (restos de poda urbana, aserrín o descartes agrícolas) a temperaturas de entre 400 y 700 grados, en un ambiente sin oxígeno que impide la combustión tradicional. Ese tratamiento rompe las uniones de la celulosa y la hemicelulosa y convierte el carbono orgánico volátil en estructuras de carbono muy condensadas y resistentes, capaces de soportar la degradación microbiológica del suelo.

La estabilidad química del biochar hace que el carbono que las plantas capturaron por fotosíntesis quede secuestrado en la tierra durante cientos o incluso miles de años. De este modo se altera el ciclo natural de descomposición rápida de la materia orgánica, que de otra forma liberaría con rapidez dióxido de carbono o metano a la atmósfera. Ese mecanismo hace del biochar un sumidero de carbono muy eficaz, central para frenar el calentamiento global.

El biochar no solo cumple una función climática, también trae beneficios para la agricultura y la salud del suelo. Mejora su estructura, aumenta la retención de agua, permite liberar nutrientes de forma controlada y acelera el compostaje. Sin embargo, agregarlo de manera directa en suelos pobres puede inmovilizar en un primer momento los nutrientes disponibles, por su alta porosidad y su fuerte capacidad de adsorción en la superficie. Para resolver ese punto, los investigadores del CID desarrollaron una enmienda orgánica que combina compost y biochar.

Esa combinación funciona por tres mecanismos. El primero es la nutrición orgánica activa, donde el compost aporta de manera inmediata nitrógeno, fósforo y potasio disponibles, además de ácidos húmicos y fúlvicos que estimulan el crecimiento de las plantas. El segundo es la retención de nutrientes, ya que el biochar funciona como una esponja molecular que adsorbe esos nutrientes, evita que se pierdan por lixiviación o escorrentía ante lluvias intensas y los mantiene cerca de las raíces. El tercero es la protección biológica, porque los poros diminutos del biochar sirven de refugio frente a la sequedad y la predación para las bacterias y hongos que aporta el compost, algo que potencia la actividad enzimática y la respiración del suelo. Esta enmienda enriquecida es una solución clave para recuperar zonas afectadas por metales pesados o hidrocarburos.

Cómo se aprovechan los residuos industriales y comerciales

El trabajo del Centro de Innovación y Desarrollo también llega al diseño de soluciones para gestionar de forma inteligente los efluentes y los residuos que genera la actividad industrial y comercial en las zonas urbanas. Envairo, la unidad de negocios de Benito Roggio Ambiental que se dedica a este segmento, acompaña a las organizaciones que buscan sumar la sustentabilidad a su modelo de negocio y convertir los desafíos ambientales en oportunidades con valor económico y productivo. Esta unidad atiende la demanda de gestión de residuos que generan las actividades industriales y productivas en todo el país, con soluciones tecnológicas eficientes.

Envairo puso en marcha esquemas de economía circular junto con cooperativas de trabajo que la autoridad ambiental de la provincia reconoce de manera oficial como destinos sustentables. Junto con la Cooperativa de Trabajo Mundo Reciclado se recolectan, clasifican e insertan en nuevos ciclos de producción pallets de madera, cartones y neumáticos fuera de uso que salen de las bases operativas de la compañía. Gracias a ese trabajo conjunto se valorizaron más de 31.000 kilogramos de plásticos y otros componentes industriales que antes terminaban en disposición final.

La tecnología no se limita a los sólidos. En el Complejo Ambiental Norte III también se incorporaron tecnologías avanzadas para gestionar los líquidos. Tecsan trata efluentes de alta complejidad, los lixiviados, que genera la degradación anaeróbica natural de la fracción orgánica húmeda de los residuos sólidos urbanos. Norte III se convirtió en el primer centro de disposición final del país en tener una planta de tratamiento de líquidos lixiviados, desde 1994. A partir de 2011 la empresa sumó tecnología de ultra y nano filtración para ese proceso y en 2014 incorporó un equipo de punta a nivel internacional, el Reactor Biológico con Membranas.

Hoy el CID investiga, a través de la cátedra de Química de Biomoléculas de la FAUBA, si es viable usar los líquidos tratados en las plantas de la empresa para regar especies halófitas seleccionadas, capaces de crecer con altos niveles de salinidad y conductividad eléctrica. En términos operativos, la empresa logró desviar grandes volúmenes de agua de perforación subterránea al reutilizar un total de 309.211 metros cúbicos de lixiviado tratado para humedecer los caminos internos del predio, lo que reduce el polvo en suspensión sin afectar los acuíferos de la zona. Además se recolectó y almacenó un volumen neto de 111.523 litros de agua de lluvia que se destinan de manera exclusiva al lavado de la flota de camiones y al mantenimiento de los viveros de especies nativas del predio.

Tecnología ambiental argentina en el espacio

El nivel tecnológico de Benito Roggio Ambiental también cruzó fronteras. Un equipo interdisciplinario de la empresa ganó la primera fase del certamen Luna Recycle Challenge de la NASA con una propuesta que recicla polietileno y guantes de nitrilo para convertirlos en filamentos de impresoras 3D que podrían usarse para fabricar herramientas u objetos en una base lunar. Este premio confirma el nivel científico de los profesionales argentinos y muestra que la ciencia aplicada al tratamiento de residuos tiene aplicaciones que van mucho más allá de la Tierra.

La combinación entre el conocimiento que genera el Centro de Innovación y Desarrollo y la capacidad operativa de una empresa muestra que el tratamiento de los residuos sólidos urbanos e industriales dejó de ser solo un desafío de ingeniería civil para convertirse en una disciplina biotecnológica de alta complejidad. La conversión de materia orgánica en biogás eléctrico, la reutilización de efluentes líquidos con membranas biológicas y la pirólisis de biomasa leñosa para producir biochar son respuestas basadas en la ciencia frente a la crisis climática actual.

César Dergarabedian: Periodista especializado en tecnología y transformación digital. Desde 2005 escribe y edita la sección de Tecnología de iProfesional, donde cubre innovación, tendencias globales, software, ciberseguridad y negocios IT. Fue tallerista y prejurado en concursos de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada por Gabriel García Márquez, y participó como jurado en iniciativas de innovación como Wayra Argentina. Coautor del libro Historias de San Luis Digital, también integra el jurado del Premio ESET al periodismo de seguridad informática en América Latina. Reconocido como uno de los 15 editores de tecnología más influyentes de Latinoamérica (Social Geek), recibió el Premio Sadosky a la Innovación Periodística y el Premio Sadosky a la Investigación Periodística. Ha cubierto las principales ferias tecnológicas del mundo, como CES Las Vegas y MWC Barcelona, y eventos globales de compañías como Amazon, Microsoft y SAP.