Llevar adelante una dieta saludable sin alimentos ultraprocesados es cada vez más caro. Según la ONU, el costo de una dieta saludable aumentó un 25% en los últimos cinco años y alcanzó un promedio mundial de u$s4,28 dólares diarios por persona medidos por paridad de poder adquisitivo (PPA).
El dato se desprende de un informe The State of Food Security and Nutrition in the World 2026 (SOFI), elaborado por organismos de Naciones Unidas. Si bien el estudio muestra una mejora en el acceso a una alimentación adecuada a nivel global, también advierte que persisten profundas desigualdades entre regiones y que la obesidad continúa creciendo, especialmente en los países desarrollados.
Menos personas no pueden acceder a una dieta saludable
De acuerdo con el informe, el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable disminuyó de 2.970 millones (37,4% de la población mundial) en 2021 a 2.690 millones (32,7%) en 2025.
Sin embargo, Naciones Unidas señala que esta mejora no fue uniforme. África continúa siendo la región con mayores dificultades: el 66,6% de su población no puede costear una alimentación saludable, más del doble que en Asia y América Latina y el Caribe.
En América Latina, el informe identifica a las verduras como el componente que más encarece una dieta saludable.
Para tener una idea sobre esto, en la Argentina, durante abril de este año, el promedio ponderado del segmento de las 6 especies de hortalizas más vendidas en el Mercado Central (papa, tomate, zapallo, cebolla, lechuga y batata) mostró un aumento en sus precios ponderados 1,4% respecto del mes de marzo, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
Necesidad de alimentos más accesibles
El estudio sostiene que el principal problema ya no pasa por la disponibilidad de alimentos, sino por su acceso económico.
“El desafío no es producir suficientes calorías, sino hacer que los alimentos ricos en nutrientes sean más asequibles”, señala el informe.
Además, explica que entre el 70% y el 75% del costo de una dieta saludable se genera una vez que los alimentos salen del campo, debido a gastos de transporte, almacenamiento, distribución y márgenes de comercialización.
En los países desarrollados crece la obesidad
Mientras que el hambre severa prácticamente dejó de ser un problema generalizado en América del Norte y Europa, la ONU advierte sobre otro desafío creciente: la obesidad.
En esas regiones, la inseguridad alimentaria moderada o grave afectó al 8,7% de la población en 2025, una de las tasas más bajas del mundo.
No obstante, la prevalencia mundial de obesidad en adultos alcanzó el 16,2% en 2024 y continúa aumentando, con una tendencia especialmente marcada en los países de ingresos altos.
Según el informe, la amplia disponibilidad de alimentos procesados y ultraprocesados, junto con estilos de vida sedentarios, explica gran parte de este fenómeno.
Qué recomienda la ONU
De cara al objetivo de Hambre Cero para 2030, el informe destaca que Asia y América Latina demostraron que es posible reducir el hambre mediante políticas de crecimiento inclusivo, inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes y programas de protección social.
Entre las principales recomendaciones figuran:
- Reorientar los subsidios agrícolas hacia alimentos nutritivos, como frutas, verduras y legumbres.
- Fortalecer las cadenas de valor posteriores a la cosecha, especialmente en refrigeración, almacenamiento y transporte, para reducir pérdidas y abaratar alimentos perecederos.
- Integrar los programas de protección social con la producción local, favoreciendo circuitos cortos entre pequeños productores y consumidores vulnerables.
“La reducción del costo de una dieta saludable requiere intervenciones específicas según el contexto, no soluciones uniformes”, precisaron desde la entidad.