¿Un auto eléctrico consume lo mismo que un aire acondicionado? ¿Puede la red eléctrica argentina, que enfrenta cortes recurrentes cada verano, sostener una transición masiva hacia la movilidad eléctrica?
En un país donde los picos de demanda ponen en jaque al sistema, surge preguntar: ¿soporta la red?
¿Cargar un auto eléctrico equivale a varios días de aire acondicionado?
Para dimensionar la comparación conviene empezar por los números. Un vehículo eléctrico promedio consume entre 15 y 20 kWh cada 100 kilómetros, según el modelo y el tipo de conducción. Una carga domiciliaria completa suele requerir entre 30 y 50 kWh.
En comparación, un aire acondicionado split mediano demanda entre 1 y 2 kWh por hora; usado ocho horas implica un consumo diario de entre 8 y 16 kWh. En términos simples, cargar un auto eléctrico una vez puede equivaler a entre dos y cuatro días de aire acondicionado intensivo.
Sin embargo, el dato aislado no cuenta toda la historia. El aire acondicionado se enciende de manera simultánea en millones de hogares durante las horas pico del verano. El auto eléctrico, en cambio, puede cargarse de noche. Y esa diferencia temporal modifica por completo el impacto en la red.
Red eléctrica argentina: ¿dónde podría estar el problema?
Según explica Claudio Damiano, experto en movilidad sostenible y exjefe de área del Ente Nacional Regulador de Electricidad, el eventual problema no estaría en la generación ni en el sistema eléctrico en su conjunto, sino en puntos específicos de la red de distribución. “Los problemas derivados de una proliferación de autos eléctricos podrían aparecer en el nivel de distribución, no en el transporte ni en la generación”, señala a Economía Sustentable.
Desde su perspectiva, el sistema vería el incremento como “prácticamente imperceptible”. El riesgo aparecería en zonas donde la red ya está saturada y se suma una demanda adicional, por ejemplo, en barrios con alta concentración de vehículos eléctricos o en lugares donde se instalen flotas de reparto o transporte público. En estos casos, lo que se necesitan son obras de refuerzo.
¿Qué pasaría si todo el parque automotor fuera eléctrico?
Para dimensionar el impacto estructural, Damiano propone un ejercicio teórico: si todo el parque automotor argentino se electrificara de manera inmediata, el aumento en la demanda energética sería de aproximadamente 33%. La cifra parece alta, pero el especialista recuerda que la transición es gradual.
Con un parque cuya antigüedad promedio ronda los 15 años, cada año se renueva alrededor del 7%. Si todos los vehículos nuevos vendidos fueran eléctricos, el incremento en la demanda el primer año sería de aproximadamente 2,2%.
Y si solo el 10% de las ventas fueran eléctricas, el aumento anual sería de apenas 0,22%. “Estamos muy lejos todavía de ese nivel de penetración, por eso el incremento actual es absolutamente marginal”, afirma el experto.
Aire acondicionado vs. auto eléctrico: la comparación que cambia el debate
El paralelo con el aire acondicionado resulta revelador. Damiano realizó un estudio que compara durante 15 años la evolución de ventas de equipos de climatización y de vehículos. Como conclusión resultó que el impacto acumulado de la expansión del aire acondicionado en ese período equivaldría a electrificar completamente el parque automotor.
“Si hace 15 años se hubiera prohibido la venta de vehículos que no fueran eléctricos, hoy tendríamos todo el parque electrificado y el impacto habría sido prácticamente el mismo que el que generó la expansión del aire acondicionado. Y la red absorbió ese crecimiento”, sostiene.
La diferencia clave vuelve a ser el comportamiento de la demanda. Los aires acondicionados responden casi exclusivamente a la temperatura y su consumo no es fácilmente gestionable. En cambio, la recarga de autos eléctricos sí puede administrarse.
“Los cargadores rápidos en general cuentan con comunicación remota y podrían desconectarse en momentos en que la red esté muy comprometida”, explica. Esa herramienta, conocida como gestión de la demanda de recarga, permite trasladar consumo hacia horarios valle y reducir tensiones en picos críticos.
Picos en verano y tensión con la demanda energética
En Argentina, los mayores problemas eléctricos no están asociados hoy a la movilidad, sino a los picos de demanda impulsados por la climatización en verano, en un sistema que ya muestra fragilidades estructurales.
La tensión real no es entre el auto eléctrico y el sistema, sino entre la electrificación creciente —del transporte y también de usos residenciales— y una red que requiere planificación e inversión para adaptarse.
Tarifas eléctricas y autos eléctricos: ¿el precio del kWh define la transición?
A este análisis se suma otro factor decisivo: el precio del kilovatio hora. Es sabido que el costo de la energía varía significativamente según el tipo de usuario, la potencia contratada y la zona del país de la cual estemos conversando.
No es lo mismo la tarifa residencial que la energía adquirida en forma mayorista, y mucho menos la utilizada en estaciones de carga rápida. En esos casos, el precio del kWh puede ser entre 20 y 30 veces mayor que el residencial, debido a los cargos asociados a la potencia instalada. Incluso, el costo de la energía en sí puede representar apenas el 5% del precio final de la recarga.
“De igual manera, los costos que se manejan hoy en día o las diferencias tarifarias en el territorio no impactan en la velocidad de la transición. Hay otros problemas más influyentes que marcan el tiempo de adopción de los vehículos eléctricos”.
Para el especialista, la movilidad eléctrica se sostiene en tres pilares:
- los precios relativos entre electricidad y combustibles fósiles
- la evolución tecnológica que reduce costos y mejora prestaciones
- la regulación, que puede cerrar brechas mediante incentivos o ayudas económicas
¿Soporta el sistema eléctrico argentino?
En definitiva, los números muestran que, al menos por ahora, el sistema eléctrico argentino no está tensionado por los autos eléctricos sino otros motivos, por ejemplo, por la climatización en horas pico. La electrificación del transporte implicará desafíos, sobre todo en redes de distribución locales y en escenarios de alta concentración de demanda. Pero el impacto sería gradual y potencialmente gestionable.
La pregunta ya no es si cargar un auto es como prender el aire. La discusión de fondo es cómo planificar una transición energética en un sistema que hoy se estresa cada verano. Y ahí el desafío no es tecnológico, sino estratégico.