Argentina busca ampliar su participación en el mercado europeo de harina de soja argentina, mientras Brasil enfrenta dificultades para adaptarse a las nuevas exigencias ambientales de la Unión Europea (UE). El reglamento comunitario contra la deforestación exige demostrar que determinados productos agrícolas no provienen de tierras deforestadas, una condición que podría alterar el comercio internacional de uno de los principales ingredientes utilizados en la alimentación animal.
Brasil es el mayor proveedor de harina de soja de la UE y representó cerca de la mitad de las importaciones del bloque durante el último año. Sin embargo, los requisitos de trazabilidad previstos por la normativa generan preocupación entre los exportadores brasileños, que advierten sobre las dificultades para identificar el origen de los granos a lo largo de cadenas de suministro extensas y complejas.
Según la Federación Europea de Fabricantes de Piensos (FEFAC), las nuevas exigencias podrían dejar fuera del mercado europeo hasta cuatro millones de toneladas de harina de soja brasileña, cerca del 17% de las exportaciones de ese producto del país. La magnitud del posible impacto abre un espacio para que otros proveedores de la región aumenten sus ventas.
La normativa europea contra la deforestación favorece a Argentina
La diferencia entre ambos países está vinculada, en parte, a la ubicación de las zonas productivas y a la infraestructura necesaria para transportar los granos hasta los puertos. En Brasil, una parte importante de la producción se encuentra a más de 2.000 kilómetros de las terminales marítimas y requiere combinar camiones, barcazas y trenes. Esa estructura dificulta el seguimiento de los cargamentos desde el campo hasta la exportación.
En Argentina, en cambio, las principales zonas sojeras se encuentran a una distancia mucho menor del polo portuario de Rosario. Según Dante Romano, responsable de investigación del corredor de granos Max Agro, esa cercanía permite simplificar la trazabilidad y reducir sus costos.
La situación también se refleja en la evaluación de riesgo de la FEFAC. La entidad asignó a Brasil una categoría de riesgo medio en relación con las interrupciones que podría generar el reglamento europeo, mientras que Argentina recibió una calificación de riesgo bajo.
La normativa, conocida como EUDR por sus siglas en inglés, busca impedir que productos comercializados en la Unión Europea estén vinculados a la deforestación. Para cumplir con sus disposiciones, los operadores deberán demostrar el origen de las materias primas y aportar información que permita verificar que no proceden de terrenos deforestados después de la fecha de corte establecida por el reglamento.
La implementación exige inversiones y cambios en los sistemas de control de las cadenas de suministro. En países con grandes distancias entre los campos y los puertos, así como con múltiples etapas de transporte, reunir y verificar esa información puede resultar más complejo.
Desde el sector brasileño cuestionan el alcance de las exigencias. Mauricio Buffon, presidente de la asociación de productores Aprosoja, considera que la legislación perjudica al país y sostiene que los problemas ambientales deben evaluarse en relación con la dimensión de su producción agrícola.
“Los problemas ambientales de Brasil son mucho menores que el tamaño de nuestra agricultura”, afirmó Buffon. La declaración fue publicada en la información original de la que surge este análisis.
Argentina busca captar las exportaciones de harina de soja brasileña
La industria argentina de molienda y exportación de soja se prepara para aprovechar las posibles dificultades de su principal competidor regional. Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), aseguró que el país tiene capacidad para cubrir parte del volumen que Brasil podría dejar de colocar en Europa.
“Podemos llenar fácilmente ese vacío”, afirmó Idígoras, en referencia a las pérdidas potenciales de exportaciones brasileñas, que estimó entre cinco y seis millones de toneladas. El dirigente también destacó que el sistema argentino VISEC, destinado a rastrear la soja y la carne vacuna desde la producción hasta la exportación, ya se encuentra operativo.
Argentina es el principal exportador mundial de harina de soja. En 2025 despachó alrededor de 27 millones de toneladas métricas, de las cuales aproximadamente una cuarta parte tuvo como destino el sudeste asiático. Una mayor demanda europea podría modificar la distribución de esos envíos y aumentar la competencia entre mercados compradores.
Sin embargo, la oportunidad no implica que el país vaya a reemplazar automáticamente las ventas brasileñas. La capacidad de capturar esa demanda dependerá del cumplimiento efectivo de las exigencias europeas, de la evolución de los precios y de la respuesta de otros exportadores, que también podrían buscar destinos alternativos para su producción.
Paraguay, otro proveedor relevante de soja para la industria regional, también podría beneficiarse de las nuevas condiciones. Su cámara de procesadores de oleaginosas, CAPPRO, destacó que el país cuenta con condiciones favorables para cumplir con los requisitos europeos. En la Región Oriental, donde se concentra gran parte de la producción sojera, una ley aprobada en 2004 prohíbe la deforestación con fines agrícolas.
El cambio regulatorio llega, además, en un momento relevante para las relaciones comerciales entre la UE y el Mercosur. Ambos bloques avanzaron hacia un acuerdo comercial tras décadas de negociaciones, por lo que las nuevas condiciones ambientales pueden convertirse en un factor decisivo para el acceso de los productos agrícolas sudamericanos al mercado europeo.