Se lanzó con bombos y platillos en la Cumbre Climática de Glasgow (Escocia) en noviembre de 2021. El anuncio que el ex rugbier Agustín Pichot en representación de la firma australiana Fortescue realizó junto al entonces presidente Alberto Fernández incluía una inversión de u$s 4.800 millones en Río Negro para la producción de “Hidrógeno Verde”, un combustible esencial para la transición energética.
Cinco años después, el proyecto se evaporó sin dejar rastros. Nada quedó de los cerca de 3.000 aerogeneradores que se iban a construir para proveer de energía limpia a la producción de hidrógeno (en un proceso llamado “electrólisis” por el que se separan los componentes del agua: hidrógeno por un lado y oxígeno por el otro). Y tampoco se generaron los prometidos 6.500 empleos directos.
Por qué fracasó el proyecto de Agustín Pichot con Fortescue en Río Negro
El principal lobbista e impulsor del proyecto fue el rugbier Agustín Pichot, que había sido denunciado en 2009 por el diputado provincial Carlos Lorenzo cuando estuvo al frente de la “Casa de Chubut en Paris” por malversación de fondos públicos. El legislador acusó al ex capitán de Los Pumas de decir que trabajaba por la provincia ad honorem, pero alquilaba una oficina en la ciudad luz por más de 5.000 dólares mensuales y mantenía un contrato por más de 35.000 dólares al año.
No obstante estos detalles, Pichot se incorporó a Fortescue en 2018 como Director Ejecutivo de Crecimiento y Energía y actualmente es Presidente para Latinoamérica de la firma de capitales australianos.
Pero ¿Qué pasó con el verde megaproyecto de hidrógeno? Según la empresa “sigue en pie pero condicionado a la reglamentación del RIGI y al escenario macroeconómico del país”, señaló la firma en un comunicado.
Sin embargo, en la web oficial de la compañía, hoy enfocada en la actividad minera, ya no figura la planta de hidrógeno verde entre sus proyectos en Argentina.
En realidad -según sus detractores- la iniciativa estaba “floja de papeles” desde el vamos.
Cuáles son las denuncias ambientales contra la planta de hidrógeno verde
Para empezar, el lugar donde se iba a instalar la megaplanta de Hidrógeno Verde de exportación, en la zona de Sierra Grande y la Meseta de Somuncurá, es un área protegida con alta biodiversidad, especies endémicas y un ecosistema de extrema fragilidad.
Asimismo, académicos y ambientalistas advirtieron sobre el impacto de la “desalinización” de millones de litros de agua de mar, y las toneladas de residuos hipersalinos que serían volcados luego en la zona del Golfo San Matías, cercana a puntos turísticos como Playas Doradas y Punta Colorada.
“Para producir hidrógeno verde, se necesita agua dulce, pero como es la misma que utilizamos para el consumo humano y la producción de alimentos, la empresa Fortescue propuso desalinizar el agua marina. El problema está en el constante vertido de la salmuera resultante al océano, lo que impacta en la flora y fauna”, explicó el biólogo, paleontólogo e investigador del Conicet Leonardo Salgado.
Además, la construcción de un megaparque eólico supone una enorme afectación del paisaje y un impacto concreto en las rutas migratorias de aves y murciélagos.
A esto se suma la construcción de un puerto para la exportación de amoníaco e hidrógeno, generando contaminación acústica, lumínica y el potencial peligro de accidentes con sustancias altamente volátiles.
Por otra parte, no se tuvieron en cuenta los Derechos de los Pueblos Originarios ni se realizó de forma adecuada la Consulta Previa, Libre e Informada que exigen el Acuerdo de Escazú y el Convenio 169 de la OIT.
Orlando Carriqueo, werken (vocero) del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, denunció en su momento que “los problemas van a venir cuando intenten instalar los parques eólicos y cuando esos parques generen una afectación importante en el territorio. Entregar tierras de esta manera a una empresa extranjera, no es más ni menos que extranjerizar la tierra”.
Cómo afecta el escenario global al desarrollo de las energías renovables
No obstante, más allá de todos los cuestionamientos, la razón fundamental por la que el megaproyecto de Hidrógeno Verde de Fortescue no se llevó adelante fue “el cambio en las condiciones geopolíticas a partir de 2024, con el triunfo de Donald Trump y su discurso de escepticismo climático”, señala Juan Carlos Villalonga, dirigente ambientalista, ex diputado y consultor en temas energéticos del Círculo de Políticas Climáticas.
“La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, la desactivación de los programas de apoyo a la transición energética en ese país, el desfinanciamiento de las agencias internacionales de desarrollo y el repudio constante y agresivo hacia las políticas climáticas y las energías renovables generaron un contexto adverso global para los proyectos de hidrógeno verde en todo el mundo”, sostiene el ex integrante de Greenpeace.
Sin embargo, en un contexto de innegable crisis climática, “el hidrógeno verde o de bajas emisiones representa una tecnología fundamental para la descarbonización de aquellos sectores económicos e industriales que presentan mayores dificultades para ser electrificados. Estamos hablando de la petroquímica, la siderurgia, transporte marítimo y aéreo, transporte pesado de largas distancias”, explica Villalonga.
Hidrógeno Verde, habrá que esperar a que madure
Por su capacidad de funcionar como “vector energético”, al permitir almacenar y transportar energía de fuentes renovables, el Hidrógeno Verde está llamado a ser “el combustible del futuro”. Pero ¿cuándo será eso? “Dentro de 5 o 10 años -vaticina Villalonga- y habrá que estar preparados”.
“Argentina tiene las condiciones para producir grandes cantidades de H2 verde y ser un exportador relevante. Esto requiere de una política industrial, cosa que no tenemos, y los recaudos ambientales son necesarios como en cualquier otra industria”, apunta el especialista.
Actualmente “hay varios proyectos de envergadura en etapas preliminares de estudios y diseño, como la planta experimental de Pico Truncado, en la provincia de Santa Cruz, que se complementa con la generación de energía eólica. Estas iniciativas podrán desarrollarse cuando exista el mercado, algo que ocurrirá durante la próxima década. Son proyectos que no tienen posibilidad de ingresar al RIGI, puesto que este régimen de incentivos tiene una ventana de ingreso de tres años y se habla de 5 para el super RIGI. En esos plazos no habrá mercado para el hidrógeno aún. Los tiempos del RIGI o son los del hidrógeno”, sentencia Villalonga.
“Para impulsar a este sector realmente estratégico que puede generar empleo y divisas, se deben tener en cuenta los tiempos y la naturaleza de la industria del hidrógeno, sólo de ese modo se puede estructurar una política industrial y los marcos regulatorios adecuados”, recomienda.
Y advierte: “La demanda del hidrógeno aparecerá alrededor de 2035, si no se lo tiene en cuenta, se harán anuncios y se legislará inútilmente”.