Turismo con propósito: la «Ruta B» en Mendoza gana terreno entre viajeros

Mendoza consolida una tendencia que redefine la manera de viajar: el turismo con propósito. En el corazón de la principal región vitivinícola del país, la llamada “Ruta B” reúne a empresas certificadas que combinan calidad, sustentabilidad e impacto social positivo, ofreciendo experiencias que van más allá del consumo tradicional.

Mendoza se posiciona como referente del turismo sostenible con la “Ruta B”, que integra bodegas, restaurantes, experiencias y marcas comprometidas con el impacto social y ambiental

Las Empresas B -un movimiento global que promueve un modelo económico más inclusivo y responsable- se caracterizan por integrar en sus decisiones el impacto en las personas y el medio ambiente al mismo nivel que la rentabilidad. En Argentina ya hay cerca de 300 compañías de este tipo, que generan más de 45 mil empleos y facturan alrededor de 6 mil millones de dólares al año.

Por su historia e idiosincrasia, Mendoza se convirtió en un terreno fértil para este ecosistema. Hoy lidera a nivel nacional en proporción de Empresas B sobre el total de compañías locales, impulsada por políticas públicas, el rol activo de los municipios y el acompañamiento de la academia en la transición hacia modelos de desarrollo sostenible.

Las Empresas B, que ya suman casi 300 en Argentina, promueven un modelo económico donde el cuidado del ambiente y las comunidades tiene el mismo peso que la rentabilidad

Vino con impacto: bodegas que van más allá de la copa

La experiencia enológica mendocina suma un nuevo diferencial: el compromiso ambiental y social. Bodegas como Kaiken, Bousquet, Bodega Araujo, The Wine Plan, CARO, Trivento y Lagarde forman parte de este circuito, incorporando prácticas de agricultura regenerativa, producción orgánica y eficiencia en el uso de recursos.

En estos espacios, el visitante no solo degusta vinos de alta calidad, sino que también accede a recorridos que explican procesos productivos sustentables, el uso responsable del agua y la preservación del entorno natural.

En la provincia, este enfoque se traduce en prácticas como agricultura regenerativa, gastronomía con productos locales y experiencias turísticas responsables

Gastronomía consciente: del plato al territorio

La Ruta B también se vive en la mesa. Restaurantes como Centauro, Bosco, La Marchigiana, Nipoti, Bianco & Nero, Los Vientos, Zonda, Gaia, Penedo Borges y Fogón promueven una cocina basada en ingredientes naturales, de cercanía y con trazabilidad.

El foco está puesto en el desarrollo comunitario, el comercio justo y la reducción del desperdicio, integrando conceptos de economía circular que conectan al comensal con el origen de cada producto.

Así, la Ruta B redefine la forma de viajar al impulsar un consumo consciente que contribuye al desarrollo sostenible del destino

Experiencias que conectan con la naturaleza

El turismo B en Mendoza no se limita a la gastronomía y el vino. Propuestas como Aconcagua Visión -con expediciones de montaña responsables- y la Reserva Natural Villavicencio invitan a una conexión directa con el entorno, promoviendo la conservación y el respeto por los ecosistemas.

Estas experiencias buscan generar conciencia sobre el impacto del turismo en áreas naturales, fomentando prácticas responsables y educativas.

Consumo responsable: compras con impacto positivo

La Ruta B también incluye espacios de consumo consciente como Frat, Lulea y Warmi, donde cada compra apoya modelos productivos responsables, el trabajo local y el uso de materiales sustentables.

El consumo responsable de ropa en la Ruta B impulsa marcas locales que priorizan materiales sustentables, comercio justo y procesos productivos con menor impacto ambiental

Un cambio de paradigma en el turismo

En un contexto donde los viajeros valoran cada vez más el impacto de sus decisiones, Mendoza se posiciona como un destino líder en turismo sostenible. Elegir una Empresa B no es solo una opción de calidad, sino una forma de contribuir activamente al cuidado del ambiente y al desarrollo de las comunidades.

Así, la Ruta B mendocina no solo invita a descubrir paisajes, sabores y experiencias únicas, sino también a ser parte de un cambio más profundo: una nueva manera de viajar, consumir y habitar el mundo.

Iván Mónaco: Periodista