Una nueva generación de robots agrícolas impulsados por inteligencia artificial comienza a ganar terreno como respuesta a la escasez de mano de obra y a la creciente demanda de eficiencia en el sector. Según proyecciones del mercado, el negocio global de estos dispositivos podría superar los 100.000 millones de dólares en los próximos ocho años, impulsado por el aumento de los costos laborales, la disminución del número de agricultores y el mayor apoyo gubernamental a la automatización del campo.
Los robots agrícolas ya están modificando la gestión de cultivos en distintas regiones del mundo. Desde la empresa Frutas AI, su director ejecutivo, Kedar Iyer, explicó a Portalfruticola.com que los desafíos actuales de la producción agrícola exigen soluciones automatizadas capaces de mejorar la productividad y optimizar recursos.
Históricamente, el agro fue uno de los sectores más rezagados en la incorporación de tecnología. Esta situación contribuyó a que profesiones esenciales, como la de agrónomo, resulten menos atractivas para las nuevas generaciones, en parte por la percepción de un trabajo exigente y poco atractivo, sumada a la escasez global de trabajadores.
Ante este panorama, empresas tecnológicas desarrollan herramientas para automatizar tareas clave. Entre ellas se destaca un robot con forma de perro diseñado para recopilar información sobre el estado de los cultivos, una labor que tradicionalmente requería que los agrónomos recorrieran los campos fila por fila.
Un “perro robot” para monitorear cultivos
El llamado Agronomist Robot Dog puede inspeccionar de forma autónoma cultivos de baja altura -como plantaciones de arándanos- y recolectar datos sobre el rendimiento y el tamaño de los frutos. El dispositivo detecta sectores que requieren intervención humana, reconoce patrones de crecimiento y regresa por sí mismo a su base para recargarse.
Además de desplazarse entre las hileras sin supervisión, el robot puede operar de manera autónoma en áreas definidas o ser controlado a distancia mediante una aplicación móvil. Esto permite a los productores planificar recorridos, supervisar el avance en tiempo real y optimizar el uso de recursos. También puede acompañar a los responsables de la finca durante las inspecciones, actuando como un asistente en el terreno.
Su sistema de movilidad se basa en una marcha bioinspirada que calcula la estabilidad de cada paso en milisegundos, lo que le permite avanzar sobre superficies irregulares o fangosas. A través de modelos de visión por computadora, analiza las plantas en tres dimensiones y procesa información de cientos de ejemplares en pocos minutos, reduciendo significativamente el tiempo requerido por las inspecciones manuales.
Uno de sus principales aportes es la cobertura total del terreno. Mientras que un agrónomo suele evaluar apenas el 1% de una explotación y extrapolar resultados, el robot puede analizar la totalidad del cultivo. Esta capacidad contribuye a reducir el uso de insumos, minimizar desperdicios y mejorar la gestión de datos, incrementando la previsibilidad de la producción.
Las primeras pruebas, realizadas en septiembre de 2025 en viñedos de uva de mesa en Chile, mostraron resultados alentadores: una reducción del 95% en errores de ajuste y una precisión del 90% en indicadores como uniformidad, tamaño y color del fruto. Según los desarrolladores, el dispositivo fue rápidamente adoptado por los trabajadores, integrándose a las tareas cotidianas.
Desafíos técnicos y futuro del agro automatizado
Pese a sus avances, el robot presenta algunas limitaciones. Puede superar pendientes leves y obstáculos pequeños, pero requiere caminos despejados de tuberías grandes o ramas caídas para mantener su funcionamiento sin interrupciones.
La conectividad también representa un desafío, especialmente en zonas rurales o montañosas con cobertura limitada. Aunque el dispositivo puede continuar operando sin conexión, los datos se cargan únicamente cuando regresa a su base, lo que ocurre al menos cada cuatro horas.
Para Iyer, estos obstáculos forman parte de un proceso de mejora continua. El robot perfecciona su desempeño con cada temporada, adaptándose a las condiciones específicas de cada cultivo. Según el directivo, la experiencia del agrónomo sigue siendo el recurso más valioso en el campo, aunque muchas de sus tareas -como observar, caminar, contar y registrar información- están listas para una transformación tecnológica.
La incorporación de robots agrícolas autónomos marca así un punto de inflexión en la producción agropecuaria, con potencial para redefinir el trabajo rural, optimizar los procesos productivos y atraer a nuevas generaciones hacia una agricultura cada vez más tecnificada.