En el envase, todo parece sencillo y a prueba de balas: FPS 50+, 60 o 65, protección muy alta, resistencia al agua, al sudor o a la fricción. Pero cuando se mira con atención el lenguaje publicitario de las principales marcas de protectores solares infantiles, la historia es otra: incluso hubo protectores prohibidos por ANMAT por venderse sin la autorización correspondiente. Son productos de calidad que cumplen la normativa, pero pueden construir una ilusión de protección absoluta con tal de vender más que la competencia.
Los claims que prometen más de lo que explican
Un caso más ejemplar es el NIVEA SUN Kids Swim & Play FPS 60. En el frente del envase uno de los claims dice: “3x mayor resistencia al agua*”. El asterisco conduce al dorso, donde la aclaración es: “comparado con fórmulas anteriores”. La página argentina de Nivea, por su parte, presenta el producto como de “fórmula extra resistente al agua”, que no es la nomenclatura que indica la regulación argentina. También indica que debe aplicarse 20 minutos antes de la exposición y reaplicarse cada dos horas, especialmente después de nadar, sudar o secarse.
El envase no identifica qué variable se multiplicó, qué fórmulas anteriores se utilizaron como comparación ni qué diferencia concreta puede esperar el consumidor. No necesariamente es una afirmación falsa. Pero un número grande acompañado por una “x” transmite una impresión fabulosa que el consumidor no tiene con qué contrastar. La médica dermatóloga infantil Jimena Martínez reflexiona: “Yo creo que sí, que puede ser engañoso cómo se usan a veces algunas palabras en los envases o las publicidades. Es importante que los usuarios estén informados y sepan cuáles son los criterios, en qué fijarse, no guiarse por cualquier cosa. Lo más importante es entender que ningún protector es completamente resistente al agua, ni por un tiempo indeterminado. El mayor grado es el que dice “altamente resistente al agua”, eso es lo que está regulado. Un protector que dé a entender que es resistente al agua indefinidamente no es confiable, ni nos podemos guiar por una afirmación que se basa en una comparación con sí mismo, de hecho no está indicado que se haga así en la regulación.” La normativa vigente en Argentina exige que los protectores incluyan las instrucciones necesarias para mantener su eficacia, entre ellas la reaplicación.
El mismo problema aparece con otra palabra: “inmediata”. Nivea Babies & Kids FPS 65, Protect & Hydrate y Sensitive, así como Nivea Kids FPS 60 Protect & Play, anuncian en el frente “protección UVA & UVB inmediata”. La página web oficial del Sensitive también replica la misma frase exactamente, alegando inmediatez. Pero el propio envase, al dorso, indica aplicar el producto 30 minutos antes de la exposición solar. La ley indica que debe hacerlo. Esto no permite concluir automáticamente que exista una contradicción técnica: “protección inmediata” podría tener un significado específico en el contexto de los ensayos de la fórmula. Para un consumidor común, sin embargo, la palabra tiene un significado bastante directo: si la protección es inmediata, ¿por qué habría de esperar media hora?
La doctora Martínez echa algo de luz al respecto. “Existen dos tipos de protectores solares: los físicos, que establecen una barrera que no deja penetrar los rayos UV, y los químicos que transforman esos rayos en otra energía. Es en el caso de los químicos cuando más deberíamos considerar un período requerido para la absorción y la producción del efecto. Pero puede ser engañoso este concepto de ‘protección inmediata’: si yo me confío ante esa leyenda, me llevo el protector a la pileta o la playa y recién me lo coloco en el sitio, no me doy cuenta de toda la exposición en el camino, en el trayecto, hasta que me termino de aplicar el producto. Hay toda una exposición que estoy sufriendo y estoy perdiendo la oportunidad de protegerme.” Entre los comentarios en la página web de Nivea del producto, hay quejas de las familias describiendo quemaduras de los niños. Sin dudas la calidad del producto es fiel al factor de protector solar y la resistencia prometidas: el problema debe haber residido, con toda probabilidad, en la aplicación y reposición, que el discurso publicitario habilita.
FPS 50, 60 o 65 y una diferencia que no es lineal
La normativa actual de ANMAT sobre publicidad de cosméticos establece que la publicidad debe ser objetiva, clara y veraz y no puede ser engañosa por información falsa, exagerada o ambigua que induzca a error al consumidor. También establece condiciones para utilizar recomendaciones o aprobaciones de expertos.
Los dos Nivea FPS 65 tienen otro mensaje destacado: “Aprobado por pediatras”. En los envases, el asterisco que acompaña esa leyenda no conduce a una afirmación sobre la eficacia fotoprotectora. Al dorso, el asterisco conduce a una nota de destino algo peculiar: “Compatibilidad con la piel”, y luego se explica para qué grupo etario fue desarrollado cada producto. Para un consumidor, “aprobado por pediatras” puede sugerir que especialistas en pediatría evaluaron y avalaron globalmente el producto, incluida su capacidad como protector solar. “Compatibilidad con la piel” es un respaldo pediátrico considerablemente acotado. Nivea fue consultada específicamente sobre qué significa “aprobado por pediatras”, qué profesionales participaron y qué evaluaron, pero no respondió a las consultas realizadas para esta nota.
La normativa argentina clasifica como “Protección muy alta” a los productos con un FPS superior a 50 y hasta 100. Dentro de la clasificación regulatoria, un FPS 60 y uno 65 pertenecen a la misma categoría de protección. La misma regulación, además, exige que el FPS declarado haya sido determinado mediante métodos establecidos muy específicos.
La Dra. Martínez desarrolla: “La definición del Factor de Protección Solar, que es un número, surge de la división entre la dosis de exposición al sol que produce enrojecimiento o eritema en una piel con ese protector aplicado, dividido la dosis de exposición que produce el mismo efecto sin protector. Por lo tanto, a mayor factor de protección, más protección de los rayos UV.
Esta relación no es lineal: en un FPS 30 la protección es del 97%, y en cambio si tenemos un FPS de 50 va a ser del 98%; si es de 100, del 99%. A partir del factor 50 de protección solar, se suele alegar que no tiene sentido la diferencia.” Un producto con FPS 65 no es idéntico a uno con FPS 50. Pero el consumidor puede interpretar intuitivamente que pasar de 50 a 65 supone un salto de protección de 30%, y esa lectura no es correcta. Sin embargo, la especialista matiza esta información: “se han hecho estudios del uso en la vida real del protector con fricción, con sudoración; supongamos que en un mismo individuo aplicáramos en un brazo FPS 30 en un brazo y FPS 50 en el otro, en la práctica sí queda más protegida la piel con un factor de protector más alto. Por eso los dermatólogos solemos recomendar el factor más elevado. En la práctica con los deslices en aplicación, distracción con el paso del tiempo, pérdida por fricción y sudoración, etc, sí empieza a haber una ventaja en los factores más altos.”
Resistencia al agua no significa protección indefinida
Nivea no es la única que utiliza estos recursos. Son muy habituales en productos y marcas que, paradójicamente, elaboran protectores solares de alta calidad, dignos de compra por mérito propio, y que podrían ofrecerse con una simple descripción objetiva de sus muchos beneficios. Pero en un mercado competitivo, casi ninguna se restringe a ese perfil discreto.
La Roche-Posay Anthelios UVMune 400 Dermo-Pediatrics SPF 50+ utiliza expresiones como “ULTRA-LONG UVA”, “ULTRA RESISTANT” y “Very water, sweat + sand resistant”. ISDIN, por su parte, exhibe “Muy resistente al agua”, “resistente a la fricción” y “absorción inmediata”.
La resistencia a la fricción es una promesa difícil de comprobar y no está entre los parámetros regulatorios nacionales. “Aunque existen algunos estudios que miden qué pasa si me pongo protector, cuánto pierdo de protección con la fricción de la ropa, o el secado con toalla, no está regulado qué debe figurar al respecto. No hay un criterio indicador consensuado por ley.” La afirmación de que un producto es resistente, muy resistente o más resistente que otros a la fricción es antojadiza o, al menos, incomprobable.
“3x”, “ultra”, “muy resistente”, “resistente a la fricción” y “resistente al sudor” no son magnitudes comparables. La normativa argentina permite algunas denominaciones concretas como “Resistente al agua”, “Muy Resistente al agua”, “Resistente al agua/sudor” y “Resistente al agua/transpiración”, cuando están adecuadamente comprobadas. Pero el frente de los productos puede acumular alrededor de esas categorías otra serie de palabras que producen una impresión general diferente: que el protector es un escudo absoluto.
“Que un protector sea resistente al agua significa que mantiene su factor de protección solar durante un tiempo determinado en la inmersión o con sudoración”, explica Martínez. “Si dura alrededor de 40 minutos, es resistente al agua. Si dura 80 minutos se considera altamente resistente al agua. Si me aplico un protector resistente al agua y me baño o sudo mucho, voy a tener que reaplicarlo a los 40 minutos. El contacto con arena, sudor, fricción de la ropa o secado con toalla puede disminuir la capacidad de proteger de un protector solar, claro.”
Resistencia al agua no significa que el producto pueda permanecer indefinidamente sobre la piel, ni que dé igual el contexto o la forma de uso. La propia regulación exige indicar que es necesaria la reaplicación para mantener la efectividad. Por eso, “80 minutos de inmersión” tampoco debería leerse como “80 minutos de exposición solar sin preocuparse por el protector”. Por ejemplo, en los horarios desaconsejados para la exposición, no hay protector que valga. La dermatóloga Jimena Martínez aclara: “Un protector altamente resistente al agua me va a permitir reaplicar recién a los 80 minutos. Sin sudoración o exposición al agua, por más que sea resistente al agua, hay un lapso de efectividad del protector, independientemente de ese criterio. Ningún protector es “impermeable”.
En el dorso, las marcas suelen ser bastante más claras, explícitas y descriptivas: hay que aplicar una cantidad suficiente, hacerlo antes de la exposición y reaplicar después del agua, el sudor o el secado con toalla. La regulación obliga a incluir parte de estas advertencias, y otras sirven para proteger a los laboratorios de reclamos. Pero el consumidor decide qué comprar mirando el frente, en pocos minutos y delante de la góndola. En ese frente aparecen, en distintos productos, palabras como “inmediata”, “3x”, “extra”, “ultra”, “muy resistente”, “resistente a la fricción”, “aprobado por pediatras”.
La regulación busca que el rotulado sea comprensible y establece límites concretos: no permite afirmar una protección del 100%, que no sea necesario reaplicar ni utilizar denominaciones que impliquen protección total o bloqueo de la radiación solar. Entre esas prohibiciones y la comunicación estrictamente técnica hay un terreno resbaladizo: el de las promesas que pueden ser formalmente defendibles y, al mismo tiempo, hacer que el consumidor crea que compró una protección más duradera, más resistente o más extraordinaria de lo que realmente puede garantizar el producto en condiciones reales de uso. En un protector solar infantil puede traducirse en pagar más por una característica cuyo significado no se comprende, o —más preocupante— en confiarse frente al agua, el sudor o una jornada prolongada al sol.
Aún con una buena calidad de protección solar, el mensaje exagerado al frente del envase y en las publicidades de estos productos puede conducir a un uso demasiado laxo que termine en quemaduras de la piel. “Sí, hay algunas publicidades o envases engañosos. Muchas veces la cuestión de la resistencia al agua se malinterpreta y se entiende como ‘no se sale’”, reflexiona la dermatóloga consultada.
Y suma: “Creo que hoy en día en general las familias si suelen elegir FPS 50 o más, hay más conciencia con eso. No se permite usar el término “bloqueador solar” que es engañoso, da la sensación de que es absoluto. Lo que más veo como origen en casos de quemaduras importantes es el tema del horario, exponerse en horarios peligrosos es un error muy frecuente, y el otro es la falta de recolocación de producto: sea por olvido, porque es difícil persuadir a los chicos cuando ya están jugando o en el agua, no reponer el protector solar cuando se debería es una de las causas de mayores problemas”.