Las líneas blancas que dejan los aviones en el cielo no son solo una señal del paso de una aeronave. Las estelas de condensación pueden contribuir al calentamiento global en una magnitud comparable a la de las emisiones de CO₂ de la aviación, aunque su impacto está concentrado en una pequeña proporción de los vuelos. Un nuevo informe sostiene que evitar su formación podría retrasar hasta una década el calentamiento asociado al sector aéreo.
El informe fue elaborado por Klima Consulting, por encargo de Transport & Environment (T&E), y revisa la evidencia científica disponible sobre las estelas de condensación y las distintas estrategias para reducir su impacto climático. Sus autores consideran que la ciencia disponible ya es suficientemente sólida para avanzar con medidas de mitigación, aunque reconocen que todavía existen incertidumbres sobre algunos de sus efectos.
Según el análisis, si las medidas para evitar las estelas comienzan a aplicarse a partir de 2030 y consiguen reducir a la mitad el calentamiento que provocan, la contribución de la aviación al calentamiento global podría alcanzar 0,08 °C en 2050 en lugar de hacerlo alrededor de 2040. El mismo escenario permitiría evitar aproximadamente 0,025 °C de calentamiento en 2050 y 0,049 °C en 2070.
Por qué las estelas de los aviones calientan el planeta
Las estelas de condensación, conocidas como contrails, son nubes de pequeños cristales de hielo que se forman a partir del escape de los aviones cuando atraviesan determinadas condiciones atmosféricas. Pueden retener parte del calor que, de otro modo, escaparía hacia el espacio y contribuir así al calentamiento. También pueden reflejar radiación solar y generar un efecto de enfriamiento, por lo que el impacto climático neto depende de factores como la hora del vuelo, la forma de la estela y las condiciones de la atmósfera.
Una investigación publicada en Nature Communications en enero de 2026 estimó que, sin medidas para evitarlas, las estelas aportarían unos 0,054 °C de calentamiento en 2050, frente a 0,040 °C atribuibles al CO₂ de la aviación en uno de los escenarios analizados. Los autores concluyeron que una estrategia de evitación implementada entre 2035 y 2045 podría recuperar parte del presupuesto de temperatura restante, aunque sus resultados también dependen del crecimiento futuro de la actividad aérea y de la eficacia de las medidas.
Solo una parte de los vuelos genera la mayor parte del impacto
Una de las particularidades de las estelas es que su impacto climático no se distribuye de manera uniforme entre todos los vuelos. Las condiciones necesarias para que se formen y persistan se dan en determinadas zonas de la atmósfera, por lo que modificar la ruta o el horario de algunos vuelos puede evitar una parte importante del calentamiento.
El informe de T&E plantea que la mitigación operacional puede consistir en desviar los vuelos de las zonas donde existe mayor riesgo de generar estelas persistentes o modificar sus horarios. También analiza alternativas relacionadas con el combustible, aunque señala que todavía existe mayor incertidumbre científica sobre la capacidad de distintos combustibles para reducir este efecto.
En 2019, según los datos citados por T&E, apenas el 3% de los vuelos fue responsable del 80% del calentamiento provocado por las estelas. Una parte importante de los vuelos de mayor impacto se produjo durante la noche y en invierno, cuando las condiciones atmosféricas pueden favorecer la persistencia de las estelas.
Cuánto calentamiento podría evitarse
El informe estima que, con los niveles actuales de tráfico aéreo, reducir a la mitad el calentamiento provocado por las estelas permitiría evitar entre 67 y 225 millones de toneladas de CO₂ equivalente por año, calculadas sobre un período de 100 años.
T&E compara ese volumen con entre el 7% y el 23% de las emisiones globales de CO₂ de la aviación en 2025. También señala que el impacto sería equivalente a las emisiones anuales de entre 15 y 50 millones de automóviles a gasolina.
La magnitud del beneficio depende, sin embargo, de que las medidas se mantengan en el tiempo. El informe advierte que el efecto sobre la temperatura desaparece si dejan de aplicarse las estrategias para evitar las estelas. Por eso, sus autores remarcan que la reducción de este fenómeno no reemplaza la necesidad de reducir las emisiones de CO₂ de la aviación.
La ciencia y las medidas que proponen
El informe sostiene que las principales incertidumbres científicas ya no impiden comenzar a aplicar medidas de mitigación. Entre las áreas que requieren más investigación menciona la formación de cristales de hielo, el efecto de las estelas sobre la radiación, sus interacciones entre sí y los cambios que producen en la atmósfera.
Entre las medidas propuestas figuran financiar investigación y desarrollo, realizar pruebas de evitación de estelas a gran escala y desarrollar sensores de humedad que puedan instalarse en los aviones para identificar en tiempo real las zonas donde podrían formarse.
De hecho, un consorcio que incluye al Gobierno del Reino Unido y a los servicios de control del tráfico aéreo prevé realizar este invierno una prueba a escala del espacio aéreo oceánico en el Atlántico Norte para evaluar estrategias de evitación de estelas.
En Europa, mientras tanto, todavía no existen medidas vinculantes a escala regional o global para reducir específicamente los efectos climáticos de la aviación distintos del CO₂. La Comisión Europea comenzó en 2025 a monitorear estos efectos y, en el marco de la revisión del régimen de comercio de emisiones de la Unión Europea, propuso incentivos para las aerolíneas que logren evitar la formación de estelas.
El informe plantea que la reducción de este impacto puede ser una herramienta adicional para limitar el calentamiento provocado por la aviación, pero no una alternativa a la descarbonización del sector: evitar estelas puede reducir rápidamente parte del calentamiento, mientras que la reducción del CO₂ sigue siendo necesaria para disminuir el impacto climático de largo plazo.