La isla frente al Río de la Plata donde se combinan naturaleza, historia y caminatas

A unos 60 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay sobre el Río de la Plata, emerge un destino que parece detenido en el tiempo: la Isla Martín García.

La isla frente al Río de la Plata donde se combinan naturaleza, historia y caminatas.

Con apenas 168 hectáreas y una pequeña comunidad estable de habitantes, esta isla bonaerense se consolidó como una escapada ideal para quienes buscan naturaleza, historia y recorridos al aire libre, todo en un mismo viaje.

Administrada por la provincia de Buenos Aires como reserva natural de uso múltiple, Martín García ofrece un entorno privilegiado de bosques ribereños, juncales, arenales y lagunas.

Con apenas 168 hectáreas, esta isla bonaerense se consolidó como una escapada ideal.

En su territorio se registran más de 800 especies de plantas y más de 250 especies de aves, lo que la convierte en un punto estratégico para el avistaje de fauna. Carpinchos, coipos, reptiles y una gran diversidad de mariposas, entre ellas la conocida como “Bandera Argentina”, forman parte del paisaje habitual.

Un museo a cielo abierto

Pero la isla no es solo naturaleza. Su ubicación estratégica la convirtió durante siglos en enclave militar y político. Fue disputada por distintas potencias y desempeñó un rol clave en el control de la navegación fluvial. Con el tiempo, también funcionó como lugar de detención de figuras centrales de la historia argentina, entre ellos los expresidentes Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi.

Caminar por sus calles arboladas es, en cierto modo, atravesar distintas capas del pasado argentino.

Hoy, muchos de esos edificios forman parte del circuito histórico que puede recorrerse a pie: el antiguo presidio, la iglesia, el teatro, el cementerio y construcciones que conservan la impronta de fines del siglo XIX y principios del XX.

Senderos, bicicleta y desconexión

Una de las principales propuestas de Martín García son sus senderos naturales. La ausencia de tránsito vehicular masivo permite recorrer la isla en bicicleta o a pie con tranquilidad. Existen caminos que bordean la costa, atraviesan el monte y conducen a miradores naturales desde donde se aprecia el paisaje del estuario.

La experiencia se completa con la posibilidad de pasar la noche. La isla cuenta con hosterías, alojamientos sencillos y áreas de camping. Al caer el sol, la baja contaminación lumínica regala cielos estrellados poco frecuentes en destinos cercanos a grandes centros urbanos.

Cómo llegar

El acceso principal es por vía fluvial desde el puerto de Tigre, con viajes que demoran aproximadamente dos horas. También hay excursiones organizadas que incluyen traslado y recorridos guiados por los principales puntos históricos y naturales.

C M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.