La contaminación del aire queda bajo la lupa por su vínculo con la salud mental

La contaminación ambiental suma una nueva dimensión a los factores que pueden afectar la salud pública. Una revisión científica publicada en el Journal of Epidemiology & Community Health encontró asociaciones entre la exposición a determinados contaminantes y un mayor riesgo de muerte por suicidio y de conductas suicidas.

El trabajo fue realizado por investigadores del Centro de Salud Pública de la Queen’s University Belfast, que analizaron estudios publicados entre enero de 2010 y abril de 2024. De los 287 trabajos evaluados inicialmente en profundidad, 45 cumplieron con los criterios establecidos para formar parte de la revisión.

Una revisión de 45 estudios encontró asociaciones estadísticamente significativas entre la exposición a contaminantes del aire y un mayor riesgo de suicidio, intentos y pensamientos suicidas, aunque no demuestra una relación causal directa

La investigación incluyó distintos tipos de exposición ambiental, entre ellos contaminación atmosférica, hídrica, acústica y lumínica. Sin embargo, la contaminación del aire concentró la mayor cantidad de evidencia, con 38 de los estudios incluidos.

Los investigadores remarcan que el suicidio es un problema de salud pública de escala global y que intervienen múltiples factores individuales, biológicos, sociales y ambientales. Por eso, plantean que las condiciones del entorno también deberían ser consideradas dentro de las estrategias de prevención.

Contaminación atmosférica y riesgo de suicidio

Del total de estudios analizados, 33 investigaron las muertes por suicidio, siete los pensamientos suicidas y cinco los intentos de suicidio. Los resultados de 29 investigaciones pudieron incorporarse a un análisis estadístico conjunto, mientras que los otros 16 fueron evaluados mediante una revisión narrativa.

El análisis encontró asociaciones estadísticamente significativas entre la exposición a corto plazo a partículas PM2,5 y PM10 y distintos indicadores relacionados con el riesgo de suicidio. También se observaron asociaciones con la exposición prolongada a PM2,5 y dióxido de nitrógeno (NO2).

La revisión narrativa encontró además posibles asociaciones con otros contaminantes, como dióxido de azufre (SO2) y ozono (O3). En el caso de la contaminación acústica también aparecieron resultados que apuntan a una posible relación con el riesgo analizado.

La evidencia, sin embargo, no permite afirmar que la contaminación sea una causa directa de las conductas suicidas. Los propios investigadores señalan que se necesitan nuevos estudios para determinar con mayor precisión cómo interactúan las exposiciones ambientales con otros factores que afectan la salud mental.

La evidencia se concentró principalmente en partículas PM2.5 y PM10 y en dióxido de nitrógeno, mientras que los efectos de la contaminación del agua, el ruido y la luz siguen siendo menos concluyentes

El trabajo plantea que algunos contaminantes atmosféricos podrían producir efectos sobre el sistema nervioso. Entre las hipótesis estudiadas aparecen procesos de inflamación y daño neurológico que podrían afectar el funcionamiento cerebral y la respuesta frente al estrés.

El ruido ambiental, especialmente el asociado al tránsito, también podría tener efectos sobre los niveles de estrés y el descanso. Algo similar ocurre con la contaminación lumínica, que puede alterar los ciclos de sueño y el reloj biológico.

Qué dice la evidencia sobre ruido, agua y contaminación lumínica

La investigación encontró menos evidencia para otros tipos de contaminación. Solo tres estudios analizaron la contaminación del agua, tres la contaminación acústica y uno la contaminación lumínica, lo que impidió realizar un análisis estadístico conjunto para varias de estas exposiciones.

Los resultados relacionados con la contaminación del agua y la luz tampoco fueron consistentes. Por ese motivo, los investigadores consideran que todavía no existe evidencia suficiente para establecer asociaciones firmes en estos casos.

El estudio también analizó algunos factores sociodemográficos, aunque no encontró asociaciones claras entre las variables consideradas y el riesgo de muerte por suicidio o de conductas suicidas.

La profesora Ruth Hunter, autora sénior del trabajo y especialista en salud pública y salud planetaria del Centro de Salud Pública de la Queen’s University Belfast, señaló: “La exposición ambiental en relación con el riesgo de suicidio está poco estudiada. Ampliaremos este trabajo investigando las exposiciones ambientales y el riesgo de suicidio en Irlanda del Norte”.

Sophie Jones, autora principal de la investigación, destacó el alcance de la revisión: “Este estudio reúne la evidencia sobre las exposiciones ambientales y los pensamientos y comportamientos suicidas, y pone de relieve que los entornos en los que viven las personas pueden desempeñar un papel importante en el riesgo de suicidio”.

La investigadora consideró que el trabajo constituye “un primer paso para comprender estas relaciones” y planteó la necesidad de profundizar la investigación para determinar los mecanismos involucrados y detectar posibles oportunidades de prevención.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.