En uno de los barrios más antiguos de la Ciudad de Buenos Aires, sobrevive una construcción que condensa siglos de historia urbana, epidemias y transformaciones sociales.
Se trata de la Casa Mínima, considerada la vivienda más angosta de la ciudad y uno de los enigmas arquitectónicos más curiosos del casco histórico porteño.
La historia de la Casa Mínima
La historia del lugar se remonta a los primeros repartos de tierras tras la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay en 1580. Con el crecimiento de la ciudad, esa zona fue ocupada por grandes casonas que, siglos más tarde, serían modificadas y subdivididas.
Lejos del mito popular que durante años la presentó como la vivienda de un esclavo liberto, investigaciones históricas indican que la Casa Mínima fue en realidad parte de una propiedad mucho más amplia, reducida progresivamente por sucesivas divisiones del terreno.
Uno de los momentos clave que explica su forma actual fue la epidemia de fiebre amarilla de 1871, que marcó un antes y un después en Buenos Aires. La crisis sanitaria provocó el éxodo de las familias más acomodadas hacia el norte de la ciudad y dejó numerosas casas del sur en estado de abandono. Muchas de esas construcciones se transformaron en conventillos o fueron fragmentadas para su alquiler, dando origen a espacios mínimos como el que hoy se conserva en San Telmo.
Registros catastrales del siglo XIX confirman que el terreno original era mucho más amplio, lo que refuerza la idea de que la Casa Mínima no fue concebida como una vivienda independiente, sino como un remanente arquitectónico de una época atravesada por el crecimiento urbano acelerado, la inmigración y las crisis sanitarias.
Actualmente, la Casa Mínima forma parte del complejo histórico El Zanjón de Granados, un circuito cultural que permite recorrer túneles, patios y estructuras subterráneas vinculadas a la vida colonial y poscolonial de la ciudad. Más que una rareza urbana, el lugar funciona como una puerta al pasado, donde convergen los orígenes de Buenos Aires, las huellas de las epidemias y la memoria de un barrio que supo reinventarse.
Cómo es y dónde queda la Casa Mínima
Ubicada en el Pasaje San Lorenzo al 380, a metros de las calles Defensa y Balcarce, la Casa Mínima mide apenas 2,5 metros de ancho y unos 13 metros de largo.
Su aspecto austero, con fachada colonial y balcón de hierro, contrasta con el valor simbólico que adquirió con el paso del tiempo: es un vestigio tangible de cómo Buenos Aires se fue reconfigurando desde la época colonial hasta fines del siglo XIX.