Emergencia geológica: por qué es una amenaza para las ciudades sobre terreno inestable

Derrumbes, deslizamientos de tierra, hundimientos y grietas que aparecen de un día para el otro. En muchas ciudades argentinas -y especialmente en la Patagonia- estos fenómenos dejaron de ser episodios aislados para convertirse en señales de una amenaza persistente: la emergencia geológica. De hecho, el último fin de semana ocurrió en Comodoro Rivadavia. Cabe destacar que, a diferencia de otros desastres naturales más visibles, este tipo de riesgo avanza sin estruendo, acumulando tensiones bajo el suelo hasta que el colapso se vuelve inevitable.

Las ciudades como Comodoro Rivadavia (recientemente afectada por un fuerte colapso) están en zonas de emergencia geológica

Por qué la emergencia geológica es una amenaza silenciosa

La emergencia geológica no responde a una única causa. Es el resultado de la interacción entre procesos naturales y decisiones humanas que se superponen en el tiempo. Pendientes pronunciadas, suelos poco consolidados, fallas geológicas activas y escorrentías naturales conviven con urbanizaciones que crecieron sin estudios de base, rellenos artificiales, cortes de ladera y redes de servicios que alteran el equilibrio del terreno.

Uno de los principales problemas es que el riesgo suele estar documentado, pero invisibilizado. Informes técnicos, mapas de peligrosidad y estudios geológicos existen desde hace décadas en muchas ciudades, pero rara vez forman parte del debate público o del planeamiento urbano. El crecimiento de barrios sobre laderas inestables o zonas de relleno responde, en muchos casos, a la presión habitacional y a la falta de alternativas, más que a una evaluación integral del territorio.

La Patagonia ofrece ejemplos claros de esta tensión. Ciudades como Comodoro Rivadavia, Bariloche o Esquel presentan una topografía compleja, con pendientes pronunciadas y suelos heterogéneos. En esos entornos, lluvias intensas o prolongadas pueden actuar como detonantes de procesos que se gestan lentamente: el agua infiltra, debilita la estructura del suelo, genera erosión interna y termina desencadenando deslizamientos que afectan viviendas, calles y servicios esenciales.

Bariloche y Esquel son otras dos de las zonas afectadas por posibles colapsos

Cuál es el impacto del cambio climático en las emergencias geológicas

El cambio climático aparece como un factor amplificador. El aumento de eventos extremos -lluvias más intensas, ciclos de congelamiento y deshielo, tormentas fuera de temporada- acelera procesos geológicos que antes podían tardar décadas en manifestarse. Lo que antes era una amenaza latente hoy se activa con mayor frecuencia y menor margen de respuesta.

A diferencia de terremotos o erupciones volcánicas, las emergencias geológicas urbanas rara vez se perciben como fenómenos naturales inevitables. En la mayoría de los casos, son el resultado de decisiones acumuladas: habilitar construcciones en zonas de riesgo, no respetar recomendaciones técnicas, postergar obras de drenaje o ignorar señales tempranas como grietas, inclinación de postes o filtraciones persistentes.

Otro aspecto crítico es la falta de monitoreo sistemático. En muchos barrios construidos sobre terrenos inestables no existen sistemas de control que permitan detectar movimientos milimétricos del suelo, cambios en la humedad o deformaciones progresivas. Sin esos datos, la reacción suele ser tardía y se activa recién cuando el daño ya es visible y, muchas veces, irreversible.

El riesgo no es solo natural, sino también la falta de acción del ser humano

La experiencia internacional muestra que el riesgo geológico puede gestionarse, pero no improvisarse. Países con larga trayectoria en planificación territorial cuentan con mapas de peligrosidad obligatorios, zonas no edificables y protocolos claros que impiden urbanizar áreas críticas. En esos contextos, la prevención resulta mucho menos costosa -en términos económicos y sociales- que la respuesta a una catástrofe.

En Argentina, el desafío es doble. Por un lado, actualizar y unificar la información geológica disponible, muchas veces dispersa entre organismos nacionales, provinciales y universidades. Por otro, incorporar ese conocimiento de manera efectiva en las políticas de suelo, vivienda e infraestructura. La emergencia geológica no se resuelve solo con evacuaciones o subsidios posteriores: requiere planificación a largo plazo, decisiones impopulares y una mirada integral del territorio.

Mientras tanto, la amenaza sigue avanzando en silencio. Bajo calles, barrios y ciudades enteras, el suelo continúa respondiendo a leyes físicas que no negocian. Entenderlas y actuar en consecuencia es la única forma de evitar que el próximo derrumbe deje de ser una advertencia para convertirse en una tragedia anunciada.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.