“El problema fue comercial”: el trigo HB4 reabre el debate en Argentina

La reciente distinción internacional a la investigadora del CONICET Raquel Chan volvió a poner bajo la lupa uno de los desarrollos biotecnológicos más discutidos de los últimos años en la Argentina: el trigo transgénico HB4.

A seis años de su aprobación comercial, el cultivo sigue generando controversias que van desde su desempeño agronómico hasta su impacto en el comercio exterior.

¿Qué es el trigo HB4 y por qué sigue generando debate?

El trigo transgénico HB4 incorpora un gen de girasol desarrollado por un equipo de investigadores del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral, encabezado por Raquel Chan. La tecnología fue licenciada por Bioceres, que desarrolló las variedades comerciales con el objetivo de mejorar la tolerancia del cultivo a la sequía.

Argentina se convirtió en 2020 en el primer país del mundo en aprobar comercialmente un trigo transgénico destinado al consumo humano, una decisión que desde el comienzo despertó resistencias dentro y fuera del país.

Para el ingeniero agrónomo Pablo Abbate, ex INTA, que actualmente se desempeña como investigador independiente, es importante diferenciar el desarrollo científico de la tecnología del desempeño que luego tuvo el producto comercial.

Pablo Abbate, ex INTA, que actualmente se desempeña como investigador independiente.

“Transgénico significa que vos a una especie le ponés genes de otra. En el caso de trigo se eligió un gen que transfiere tolerancia a sequía, que se desarrolló en Argentina y lo desarrolló Chan”, explicó en diálogo con Economía Sustentable.

Lejos de cuestionar la investigación encabezada por la científica Chan, Abbate sostuvo: “Sobre los trabajos de ella no tengo duda, incluso yo probé el trigo transgénico versus el no transgénico y sí tiene un efecto positivo”.

Sin embargo, aclara que el verdadero desafío vino después. “Vos eso después lo tenés que meter adentro de un germoplasma, del resto del ADN que sea comercialmente competitivo y ahí es donde no lo lograron hacer en Bioceres”.

Un trigo que prometía más rendimiento

Según Abbate, las dudas sobre el comportamiento agronómico del HB4 aparecieron incluso antes de su aprobación comercial.

Recuerda que cuando Bioceres presentó las variedades para su inscripción oficial, los resultados productivos no mostraban ventajas claras frente a los materiales convencionales. “Cuando recibimos los legajos vimos que los datos no los mostraban como trigo de alto rendimiento. Más bien los testigos lo superaban”, sumó.

Según Abbate, las dudas sobre el comportamiento agronómico del HB4 aparecieron incluso antes de su aprobación comercial.

A su juicio, esa situación no cambió con el paso de los años: “Yo te diría que hasta ahora no mostraron que comercialmente hayan tenido alto rendimiento”.

El especialista reconoce que la tecnología puede ofrecer ventajas en escenarios de sequía muy severa, aunque considera que esos ambientes representan una parte reducida del área triguera argentina: “El mismo Bioceres dice que cuando tenés menos de 3.000 kilos por hectárea por sequía se nota la diferencia. Pero en todo el este de la zona pampeana un lote de 3.000 kilos prácticamente no existe”.

El principal conflicto, según Abbate, es comercial

Más allá del rendimiento, el ex investigador del INTA considera que el mayor problema generado por el trigo HB4 fue comercial.

Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de trigo. Según Abbate, los contratos de exportación suelen incluir cláusulas que exigen que los embarques estén libres de eventos transgénicos.

“Todos los embarques de exportación de trigo argentino tienen una cláusula que dice libre transgénico”. Sin embargo, sostiene que tras la aprobación del HB4 nunca se implementaron mecanismos específicos para evitar su mezcla con el trigo convencional.

“La gran mayoría de la gente no quiere comer transgénico”, sumó el especialista.

“Cuando se aprobó el trigo transgénico no hubo ninguna medida extra que facilite la segregación de este tipo de trigo”, destacó.

Para el especialista, esto no significa que Argentina haya dejado de exportar trigo, pero sí que la comercialización se volvió más compleja: “No te voy a decir que impida hacer comercio hacia el extranjero, pero sí aumenta los costos de comercialización porque tenés que tener un cuidado muy especial”.

En ese sentido, considera que la falta de trazabilidad afecta tanto a productores como a exportadores y consumidores. “Vos hoy podés mezclar un trigo común con un trigo transgénico y que nadie sepa nada”, remarcó.

Respecto del mercado interno, el especialista remarcó que el problema es que hay “cada vez más desconfianza en los trigos”. “La gran mayoría de la gente no quiere comer transgénico, sin ninguna justificación muy científica, pero no quieren, y está en todo su derecho”, sostuvo.

¿Qué se puede hacer con el trigo HB4?

A diferencia de otros sectores que reclaman retirar el cultivo del mercado, Abbate considera que hoy esa alternativa resulta difícil de implementar. En cambio, propone reforzar la regulación para garantizar la trazabilidad durante toda la cadena.

“Para mí lo que tenés que hacer es hacer normas que obliguen la declaración de HB4”, afirmó.

“Para mí lo que tenés que hacer es hacer normas que obliguen la declaración de HB4”, afirmó.

Entre las medidas que menciona figuran informar qué lotes fueron sembrados con esta tecnología, identificar el uso previo de cosechadoras, declarar el transporte del grano y permitir que acopios y molinos puedan decidir cómo manejar cada partida.

“Que cuando hay transporte, el que lo reciba sepa que es un HB4 y que decida si lo junta con el otro trigo o no, pero que tenga la oportunidad de decidirlo”, especificó.

¿Un problema para la salud?

Respecto de los cuestionamientos sanitarios, Abbate considera que el debate no pasa por el consumo del trigo transgénico en sí.

“Se supone que se hicieron todos los estudios para que eso no pase, pero ningún transgénico hasta ahora de lo que se aprobó en Argentina o en el mundo trajo problema de salud“, concluyó el especialista.

Carla Melicci: Editora de Economía Sustentable. Periodista especializada en sustentabilidad y profesora en la UCA. Trabajó en La Nación, ViaPaís (Clarín), en el Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires y colaboró con varios medios nacionales e internacionales.