La producción actual de alimentos es responsable del 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); ocupa la mitad de la tierra habitable del mundo; utiliza el 70% de la extracción de agua dulce total y es el principal contribuyente a la eutrofización mundial de los océanos y el agua dulce.
Además, figura como una de las amenazas al 85% de las especies que actualmente se considera que están en peligro de extinción, especialmente debido a la conversión de su hábitat en tierras agrícolas y la sobreexplotación de sus poblaciones.
Según los expertos, estas amenazas apuntan a crecer si se tiene en cuenta que se necesitarán más alimentos para satisfacer las necesidad de una población en crecimiento, en medio de un cambio climático que está empeorando las cosas.
Por una parte, la intensificación agrícola en general tiene un impacto negativo en el medio ambiente y el clima.
Al mismo tiempo y a pesar de que las emisiones de la agricultura contribuyen al cambio climático, los agricultores también son víctimas del calentamiento global, ya que se enfrentan a un escenario errático y extremo que amenaza a sus ingresos, medios de subsistencia y al suministro global de alimentos.
A partir de este crítico escenario, se puede decir que el mundo, y la Argentina, se enfrenta al desafío urgente de crear sistemas agrícolas que ayuden a los productores a adaptarse a los impactos del cambio climático.
También, a administrar un negocio comercialmente viable que, además permitan proteger el planeta, limitar la expansión adicional de las tierras cultivables y renovar los ecosistemas naturales.
Resultados medibles
Según un informe “confidencial” que circula entre unas pocas empresas de este sector, la necesidad es preventiva y pasa por transformar la producción agrícola global con un enfoque regenerativo.
“La única forma de avanzar es transformar radicalmente los sistemas agrícolas actuales y cambiar a prácticas de agricultura regenerativa que produzcan más con menos, mientras restauran más”, advierte el documento.
Destaca el paper que, en ausencia de un solo producto o solución única, la agricultura regenerativa trata de adoptar un enfoque total del sistema que tiene como objetivo ofrecer resultados medibles en términos de capacidad productiva y sostenibilidad.
En la práctica, este modelo significa establecer una operación agrícola que, al combinar la mezcla de soluciones, no solo produzca mejores cosechas con una menor huella climática, sino que también brinde resultados positivos para la naturaleza.
Además puede permitir que las especies y ecosistemas se restauren constantemente y la tierra quede en mejores condiciones que antes.
El informe asegura que, si se cumplen estos objetivos, “los sistemas de agricultura regenerativa podrían impulsar las ganancias de producción y el crecimiento de los ingresos de los agricultores, al mismo tiempo que brindan beneficios netos a la naturaleza, como el secuestro de carbono a escala global”.
Para los autores del documento, la estrategia permitiría que el futuro de la agricultura fuera más sostenible y crearía un beneficio mutuo para los agricultores, la sociedad y nuestro planeta.
Producir más con menos
A partir de este complejo escenario y de las conclusiones del informe restringido, grandes multinacionales como Bayer entienden que se le debe proporcionar a los productores un sistema completo de soluciones regenerativas.
El holding viene consolidando una hoja de ruta centrada en este sistema con el objetivo de producir más con menos recursos y restaurar los ecosistemas.
Bayer proyectó que para el 2030 sus operaciones globales serán 100% neutras en carbono.
En Argentina, la meta inmediata es seguir escalando la medición de huella hídrica y de carbono, facilitando que el productor reciba beneficios financieros (como el Bayer Green Credit) por aplicar prácticas que restauren la salud física y química del suelo.
La compañía alemana busca transformar el modelo productivo argentino mediante la integración de biotecnología, herramientas digitales y nuevos mercados de carbono.
En el pasado, sus ejecutivos consideraban las soluciones desarrolladas como pilares (semillas y características, protección de cultivos y tecnología digital), pero a partir del desafío de la agricultura moderna, entienden la necesidad de que sean parte de una solución holística.
Así surge de un informe elaborado por Bayer en el que se propone ofrecer soluciones agrícolas que, en combinación, tengan el potencial de aumentar la producción agrícola, crear valor comercial para los agricultores y generar resultados positivos para la naturaleza.
La propuesta de Bayer no se limita a la sustentabilidad tradicional («no dañar»), sino que evoluciona hacia la regeneración («mejorar»).
La hoja de ruta local
Su plan estratégico se apoya en tres ejes fundamentales:
- 1.Programa PRO Carbono: esta plataforma ya conecta a cerca de 3.000 productores y abarca más de 3,1 millones de hectáreas en el país. Incentiva prácticas como la siembra directa y el uso de cultivos de servicio para convertir al suelo en un sumidero de carbono.
- 2.Innovación en Cultivos de Servicio: Bayer está impulsando el cultivo de camelina como una alternativa invernal que no solo protege el suelo y captura carbono, sino que genera ingresos adicionales para el productor a través de mercados de biocombustibles.
- 3.Digitalización con FieldView: la tecnología digital es el «sistema nervioso» de este plan. Permite la trazabilidad absoluta del proceso productivo, requisito indispensable para que los granos argentinos puedan acceder a mercados globales que exigen certificaciones de baja huella ambiental.
Alianzas Estratégicas
Un hito reciente en este camino es el acuerdo con la familia Prodeman en Córdoba, donde el centro agronómico «Cropmix Prodeman» se convirtió en el segundo Bayer ForwardFarming de Argentina.
Se trata de un campo modelo de 318 hectáreas donde se experimenta con riego subterráneo y rotaciones intensivas para demostrar que la agricultura regenerativa es, ante todo, un negocio rentable.
Otro de los pilares del enfoque es impulsada a través de PRO Carbono, la plataforma de soluciones regenerativas para integrar productividad y descarbonización.
Es una app que conecta productores, empresas e industrias para medir y escalar prácticas agrícolas sostenibles y que en América Latina ya vincula a cerca de 3.000 productores.
El mecanismo genera una base de datos que permite medir con precisión el impacto de prácticas como la siembra directa, la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertura.
Acompañar al productor
Al respecto, Pablo Leguizamón, gerente de Operaciones Comerciales de Carbono de Bayer Crop Science, explica que “la agricultura regenerativa demuestra que es posible mejorar productividad y sustentabilidad al mismo tiempo”.
Señala que con PRO Carbono, la empresa busca “acompañar al productor en ese camino, generando datos que permitan medir el impacto real de las prácticas en el suelo y en el sistema productivo”.
En este marco, los cultivos de servicio ocupan un rol cada vez más estratégico.
Alternativas como la camelina, un cultivo invernal de ciclo corto, permiten mantener el suelo cubierto durante el invierno, mejorar su estructura, reciclar nutrientes y aportar biomasa.
Al mismo tiempo, generan una oportunidad adicional de ingresos para el productor que logra un flujo de caja en una época donde el campo solía estar inactivo.
Al ser un cultivo destinado a biocombustibles de aviación (SAF), suele tener contratos de compra asegurada con primas por sustentabilidad.
En otro capítulo, el informe de Bayer explica que, a diferencia del estilo convencional de la agricultura sostenible, que se enfoca en reducir el impacto negativo de la agricultura en el medio ambiente y el clima, la regenerativa adopta este enfoque de “no dañar”.
Además, va más allá con el objetivo de “retribuir a la naturaleza”, y dejar la tierra en un mejor estado que antes.
Modelo sustentable y rentable
Los ejecutivos de la multinacional alemana entienden que para que un modelo de negocio sea sostenible, también debe ser rentable.
En ese camino, el grupo ha diseñado un ecosistema financiero en Argentina que premia directamente al productor por «hacer las cosas bien».
En este sentido, el Bayer Green Credit es la herramienta principal de financiamiento verde.
A través de acuerdos con bancos (como el relanzamiento reciente con Banco Galicia), los productores que cumplen con ciertos estándares de sustentabilidad acceden a:
- Tasas de interés preferenciales: descuentos en la tasa de préstamos para capital de trabajo o compra de insumos.
- Reconocimiento de «Productor Sustentable»: al validar prácticas como la siembra directa y el uso de cultivos de servicio, el productor mejora su calificación de riesgo ambiental, facilitando el acceso a créditos internacionales.
Otro instrumento similar es el Programa PRO Carbono que más allá de ser un complemento técnico, es una oportunidad comercial para transformar el carbono capturado en valor monetario:
- Bonos y Créditos de Carbono: Bayer actúa como puente para que el productor pueda, en un futuro cercano, vender créditos de carbono en mercados internacionales.
- Acuerdos con Terceros: los participantes de PRO Carbono acceden a beneficios exclusivos con empresas aliadas:
La empresa también ofrece descuentos significativos en primas de seguros (por ejemplo, con Sancor Seguros, donde la tasa puede bajar del 7% al 3,5% en seguros de sequía).
Lo mismo hace en nutrición y semillas, cn rebajas de entre el 5% y 15% en fertilizantes de baja huella (Yara) y semillas de cultivos de cobertura (Oscar Peman).
En el caso de maquinaria, aporta beneficios en la compra de equipos de precisión (Altina) para aplicación variable.
El proceso se complementa con el Programa de Puntos «Orbia», una plataforma de lealtad de Bayer que premia la adopción de prácticas regenerativas duplicando o triplicando los puntos obtenidos por compras de insumos.
Estos puntos pueden canjearse por servicios de consultoría técnica especializada; software de agricultura de precisión (Climate FieldView) o herramientas de medición y análisis de suelo sin costo directo.