El plan de negocios de Cresud para los próximos años (proyectado hacia 2026-2030) se fundamenta en una transformación profunda de su modelo agroindustrial tradicional hacia uno de gestión de activos ambientales y eficiencia tecnológica extrema.
Es decir, no se limita a producir más, sino a producir mejor, apostando a que el mercado financiero premiará a las firmas agropecuarias que puedan demostrar una gestión transparente de sus recursos naturales, transformando el desafío climático en una ventaja competitiva de largo plazo.
La estrategia no es una más dentro del mundo del campo si se tiene en cuenta que Cresud es una de las compañías agroindustriales más importantes y dinámicas de América Latina.
Con más de 80 años de historia, su modelo de negocio es único por integrar la producción agropecuaria tradicional con una sofisticada estrategia de Real Estate rural y urbano.
A diferencia de otras empresas agrarias que solo buscan el rinde por cosecha, Cresud opera bajo una lógica inmobiliaria que le permite comprar tierras subutilizadas o vírgenes (especialmente en áreas marginales); aplicar tecnología, riego y mejoras de suelo para llevarlas a su máximo potencial productivo.
Cuando el campo alcanza su madurez productiva y su mayor valor de mercado, se vende para realizar ganancias de capital y reinvertir en nuevos proyectos.
En la actualidad, Cresud gestiona un portafolio de aproximadamente 800,000 hectáreas distribuidas estratégicamente para mitigar riesgos climáticos y políticos.
Argentina es su base histórica, con una fuerte presencia en granos (soja, maíz, trigo) y ganadería de alta calidad.
Matriz diversificada
Pero también opera en Brasil a través de su subsidiaria BrasilAgro (LND), una de las mayores empresas agrícolas del país vecino.
En el caso de Bolivia y Paraguay, es dueña de áreas de expansión donde replica su modelo de transformación de tierras.
Cresud es la controlante de IRSA (Inversiones y Representaciones S.A.), el gigante inmobiliario urbano de Argentina que lidera Eduardo Elsztain, figura clave en los mercados financieros y el Real Estate regional.
Es además la única empresa agropecuaria argentina que cotiza simultáneamente en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BYMA: CRES) y en el NASDAQ de Nueva York (NASDAQ: CRESY).
Sus unidades de producción principales se dividen en granos y oleaginosas (producción a gran escala de soja, maíz y trigo); ganadería (cría y engorde con foco en la eficiencia de conversión y genética superior); caña de azúcar (a través de sus operaciones en Brasil, destinada tanto a la producción de azúcar como de bioetanol).
También ofrece servicios y AgTech, mediante inversiones en tecnología aplicada al agro para reducir costos y aumentar la trazabilidad.
El año pasado sembró 300.000 hectáreas en la región, alcanzando una producción de 867.000 toneladas de granos, principalmente soja, maíz y trigo.
Su actividad ganadera registró un incremento en la producción de carne y márgenes elevados, impulsados por precios firmes y una favorable relación insumo-producto.
Además, concretó la venta de un campo y tres fracciones —Los Pozos en Argentina, Rio do Meio, Alto Taquari y Preferencia en Brasil—, con muy buenos retornos, reafirmando la efectividad de su estrategia de rotación del portafolio de tierras.
Foco en la salud del suelo
A partir de esta estructura societaria y de negocios, el directorio de la compañía acaba de trazar un plan de expansión para los próximos cuatro años con el que busca capitalizar la transición global hacia la sustentabilidad, integrando la producción de alimentos con servicios ecosistémicos.
La compañía ha puesto el foco en la salud del suelo y la reducción de la huella de carbono a través de programas innovadores como la agricultura regenerativa.
En alianza con Indigo, destinó 18.500 toneladas de maíz y 6.000 toneladas de soja a prácticas que incluyen siembra directa, cultivos de servicio y uso de biológicos.
Además, con el Programa PRO Carbono que lleva adelante junto a Bayer, monitorea la huella de carbono en 2.200 hectáreas de soja en Argentina para optimizar la eficiencia y el impacto positivo.
En el mismo sentido, el 25% de la soja y el 15% del maíz producido en Argentina cuentan con certificación RTRS (Mesa Redonda de Soja Responsable). Además, el 43% de la producción cumple con el estándar 2BSvs para biomasa y biocombustibles.
Esta “hoja de ruta”, se sustenta en la premisa del “suelo como activo de captura de carbono” para pasar de ser un productor de granos a un «gestor de carbono».
Subirse la moda de los bonos de carbono
La empresa está implementando sistemas de Agricultura de Precisión diseñados específicamente para maximizar el secuestro de CO2.
El objetivo es que para 2030, la totalidad de sus hectáreas operativas no solo sean neutras, sino que funcionen como sumideros de carbono certificados.
En ese camino, planea emitir y comercializar bonos de carbono en mercados voluntarios, convirtiendo la sostenibilidad en una nueva línea de ingresos independiente de los precios de los commodities.
La compañía, liderada por Alejandro Elsztain, no solo busca mitigar emisiones, sino transformar sus suelos en activos ambientales.
De hecho, ya ha alcanzado el 100% de su superficie agrícola bajo siembra directa, práctica que es el núcleo de su reducción de huella.
Al no remover la tierra, se evita la mineralización del carbono orgánico, impidiendo que el CO2 almacenado en el suelo se libere a la atmósfera.
La empresa utiliza los cultivos de cobertura para maximizar la captura de carbono atmosférico durante todo el año, incluso en periodos entre cosechas principales.
Además, ha pasado de la fase de diagnóstico a la de monetización y estándares globales, participando activamente en ecosistemas que validan sus balances de carbono.
El objetivo es convertir sus campos en «sumideros» certificados que puedan emitir créditos de carbono en el mercado voluntario.
Para este 2026, ha ampliado la certificación de soja sustentable (RTRS) a gran parte de sus lotes, asegurando que su producción sea libre de deforestación y con una huella hídrica y de carbono auditada, requisito indispensable para exportar a la Unión Europea.
Innovaciones en marcha
En el caso de la reducción de emisiones de Alcance 1 y 2 (directas e indirectas por energía) se apoya en tres innovaciones:
- 1.Bombeo Solar: sustitución de motores diésel por bombas de extracción de agua alimentadas 100% por paneles solares en zonas remotas.
- 2.Logística Inteligente: implementación de software de telemetría en su flota de maquinaria para optimizar el uso de combustible, reduciendo los kilómetros recorridos y las horas de ralentí de los tractores.
- 3.Puestos Sustentables: los puestos de los colaboradores en campos propios ahora operan con energía renovable, eliminando la dependencia de generadores fósiles.
La visión de Cresud para el cierre de esta década es dejar de ser vista solamente como una exportadora de commodities para posicionarse como una empresa de servicios ecosistémicos.
Esto implica que el valor de la hectárea ya no se medirá solo por su rinde en quintales de soja, sino por su capacidad de retener carbono y conservar la biodiversidad.
Mantener el plan “histórico”
De todos modos, Cresud mantiene su estrategia de «comprar, desarrollar y vender» tierras, pero con un enfoque geográfico renovado y con el foco puesto en el Mercosur, a pesar de que Argentina sigue siendo su base.
En este sentido, la empresa busca aumentar su exposición en Brasil, Paraguay y Bolivia a través de su subsidiaria BrasilAgro, aprovechando regímenes impositivos más estables y menores costos logísticos.
El plan incluye la venta de campos ya desarrollados (donde el valor de la tierra alcanzó su techo) para reinvertir en tierras marginales con alto potencial de revalorización mediante riego y tecnología.
Para los próximos años, la eficiencia operativa se apoyará en la digitalización total del ciclo productivo a partir del mayor uso de la Inteligencia Artificial (IA).
También sumará la Telemetría, o implementación de software de gestión en tiempo real para optimizar el uso de insumos (fertilizantes y combustibles), reduciendo costos directos y emisiones de Alcance 1.
Adicionalmente, buscará desarrollar un sistema de trazabilidad «Blockchain» mediante mecanismos que le permitan certificar el origen sustentable de cada tonelada exportada, facilitando el acceso a mercados premium (como la Unión Europea) que exigen garantías de no deforestación.
En un reciente informe elaborado por el board de la compañía se explican los aspectos de su plan ambiental.
Producción responsable
En el reporte, sus ejecutivos aseguran haber ampliado la superficie certificada bajo estándares internacionales de sostenibilidad como EPA y 2BSvs.
Se agrega que continúan “expandiendo la certificación RTRS (Round Table on Responsible Soy Association), que hoy abarca el 25% de nuestra producción de soja y el 15% de la de maíz en Argentina, reafirmando nuestro compromiso con una producción responsable y trazable”.
“Uno de los ejes de nuestra estrategia es producir de manera responsable. Este año certificamos soja y maíz bajo el estándar RTRS en siete campos adicionales —dos propios y cinco alquilados—, alcanzando cerca del 25% de nuestra producción de soja y el 15% de maíz en Argentina”, detalla el paper.
Se admite además que la sustentabilidad es un pilar central de la organización “ya que no se trata de una acción aislada, sino de un enfoque transversal que atraviesa nuestra producción, nuestra cultura interna y la forma de vincularnos con el entorno”.
La estrategia de la compañía está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, mediante el compromiso con una gestión energética más eficiente y con la incorporación gradual de soluciones renovables en nuestros establecimientos.
En el mismo sentido, el paper explica que Cresud sigue promoviendo la reducción de emisiones mediante el uso de bombas solares para extracción de agua.
Transición energética
A esto le agrega la instalación de sistemas fotovoltaicos en puestos rurales, lo que permite abastecerlos con energía limpia y disminuir la dependencia de combustibles fósiles.
En línea con su estrategia de transición energética, continúa evaluando alternativas para incorporar sistemas solares en sus establecimientos, con el objetivo de migrar gradualmente parte de su matriz hacia fuentes limpias.
La actual matriz energética de la compañía se compone mayoritariamente de diésel, que representa aproximadamente el 70% del consumo total y se utiliza principalmente en labores agrícolas y en la extracción de agua.
El 30% restante corresponde a energía eléctrica adquirida. Esta relación estable guía nuestros esfuerzos para mejorar la eficiencia operativa y evaluar alternativas de suministro más sostenibles.
El plan se complementa con acciones de gestión de residuos que contempla la clasificación, el acopio y el traslado de los materiales a los destinos asignados según su naturaleza.
Junto con el cumplimiento de la normativa aplicable, la empresa impulsa en sus campos prácticas que permitan incrementar la proporción de residuos correctamente clasificados y gestionados, favoreciendo su posterior recuperación o tratamiento:
En el plano corporativo, Cresud busca fortalecer su balance mediante reducción de apalancamiento, priorizando el desendeudamiento para mejorar su calificación crediticia y reducir el costo de capital.