Bajo la superficie aparentemente tranquila de ciertos espejos de agua en la Tierra, se ocultan secretos perturbadores. A lo largo de los años, investigadores quedaron tanto fascinados como alarmados por lo que descubrieron. El lago Karachay parecía sacado de una película de terror. Estaba ubicado en el suroeste de Rusia, en la región de Cheliábinsk, dentro del complejo nuclear de Mayak, y sus aguas ocultaban sustancias altamente contaminantes para el ecosistema.
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De acuerdo con un artículo del Organismo Internacional de Energía Atómica, «el lago Karachay funcionaba como un vertedero de residuos radiactivos a cielo abierto». Desde 1951, este cuerpo de agua se utilizó para almacenar los desechos radiactivos generados por la planta de Mayak, una instalación destinada al reprocesamiento de residuos nucleares.
El agua del lago contenía alrededor de 120 millones de Ci de radionucleidos, una unidad de medida de la radiactividad que se utiliza para cuantificar la cantidad de descomposición radiactiva de un material durante un período determinado.
En 1968, debido a una sequía en la región, el viento levantó polvo radiactivo del lecho seco del lago, exponiendo a medio millón de personas de las zonas cercanas a altos niveles de radiación.
La contaminación del lago era tan grave que el Worldwatch Institute lo describió como el «lugar más contaminado de la Tierra». Su impacto ecológico era inmenso, afectando el suelo, el aire y las aguas subterráneas, lo que generaba un grave riesgo ambiental.
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En 1994, las autoridades del Ministerio de Energía Atómica de Rusia anunciaron que habían comenzado un proceso para trasladar los desechos nucleares de alto nivel a pozos profundos en tres sitios adicionales.
Sin embargo, la disminución del nivel del agua dejó sedimentos contaminados que el viento dispersó. Ante esta situación, decidieron rellenar el lago por completo con bloques de hormigón especiales, tierra y roca. En 2015, el lago quedó completamente cubierto, y tras 10 meses de monitoreo, se observó una disminución notable en la deposición de radionucleidos.
La grave contaminación del lago causó que muchos residentes locales sufrieran enfermedades relacionadas con la radiación, las cuales fueron denominadas por los médicos como «enfermedad especial», ya que no se les permitía hacer referencia a la radiación en sus diagnósticos mientras la instalación permaneciera en secreto.