Una investigación liderada por científicos de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtió que el aumento de las temperaturas hacia 2050 no solo agravará los efectos del cambio climático, sino que también tendrá un impacto directo en la salud: más inactividad física y más muertes prematuras, con mayor incidencia en los países de menores recursos.
El estudio, realizado por Mariano Rabassa y Christian García-Witulski y publicado en The Lancet Global Health, analizó datos de 156 países y proyectó escenarios futuros a partir de encuestas y modelos econométricos.
Según los resultados, cada mes con temperaturas medias superiores a los 27,8°C incrementa en 1,44 puntos porcentuales la inactividad física, un factor de riesgo clave para enfermedades crónicas y muertes prematuras.
Cómo afecta el calor a la salud
Las proyecciones indican que, hacia 2050, el aumento del calor podría provocar entre 470.000 y 700.000 muertes prematuras adicionales por año a nivel global. Además, el impacto no se limita a la salud: también se estima una pérdida de productividad de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares anuales debido al menor rendimiento laboral y el mayor ausentismo asociado a las altas temperaturas.
“El calor modifica el comportamiento de las personas y reduce los niveles de actividad física”, explicaron los autores, quienes remarcan que la inactividad prolongada se vincula con mayor riesgo cardiovascular, metabólico y mental.
Fuerte desigualdad entre países
El estudio también evidencia una fuerte desigualdad entre países. En las naciones de ingresos bajos y medios, el aumento de la inactividad física ante el calor es mayor (1,85 puntos porcentuales), frente a los países de altos ingresos, donde el impacto es menor debido a mejores condiciones de adaptación, como infraestructura climática o acceso a espacios refrigerados.
Los investigadores advierten que el cambio climático profundiza brechas existentes. “Los países más ricos cuentan con más recursos para adaptarse”, señalan, mientras que en regiones como África subsahariana, Centroamérica o el sudeste asiático los efectos serán más severos.
Más allá del diagnóstico, el trabajo subraya la necesidad de políticas públicas que integren ambiente, salud y urbanismo. Entre las medidas posibles mencionan ciudades con mayor arbolado, espacios verdes, sistemas de alerta temprana por olas de calor e infraestructura adaptada.
La investigación concluye que el desafío no es solo sanitario o ambiental, sino también político y económico: sin estrategias de mitigación y adaptación, el aumento de las temperaturas podría amplificar desigualdades globales ya existentes y profundizar su impacto en la salud pública.