El costo oculto de la IA: alertan por el impacto ambiental de los datacenters en el país

En medio del avance acelerado de la inteligencia artificial (IA), una nueva preocupación comienza a instalarse en Argentina: el impacto ambiental de los centros de datos que sostienen esta tecnología. La investigadora del CONICET Erica Correa Cantalube alertó sobre este fenómeno en una entrevista con Radio Post FM 92.1, donde explicó que estas infraestructuras ya generan efectos concretos en el entorno.

Una investigadora del CONICET advirtió que el crecimiento de los datacenters en Argentina, impulsado por la inteligencia artificial, genera un alto consumo de agua y energía, con impacto directo en el ambiente

“El desarrollo de grandes centros de datos ya está generando efectos concretos sobre el ambiente”, señaló la especialista, al referirse especialmente al fenómeno de la “isla de calor urbana”, que se intensifica con este tipo de instalaciones.

Si bien las ciudades modifican su clima desde hace décadas por su propia dinámica, los datacenters introducen un nuevo factor de presión. Estos complejos, que requieren enormes volúmenes de energía y agua, suelen instalarse en zonas rurales o periurbanas, donde encuentran mejores condiciones para operar.

Según explicó Correa Cantalube, un estudio reciente de la Universidad de Cambridge que analizó unos 6.000 centros de datos en el mundo detectó aumentos de entre uno y nueve grados en la temperatura superficial de las áreas cercanas. Se trata de un incremento significativo, comparable con variaciones que el planeta tardó décadas en registrar en el marco del cambio climático.

El impacto, sin embargo, no se limita al aumento de temperatura. La investigadora detalló que estos centros incrementan la demanda energética, generan estrés térmico en la población y presionan sobre servicios básicos como el agua. Esto se debe a que los servidores transforman casi toda la energía que consumen en calor, lo que obliga a implementar sistemas de enfriamiento intensivos.

Estos centros pueden elevar la temperatura del entorno, presionar recursos básicos y consumir volúmenes equivalentes a los de ciudades enteras, en un contexto de escasa regulación

En ese punto, el consumo hídrico aparece como uno de los aspectos más críticos. Un datacenter promedio puede utilizar hasta 60 millones de litros de agua, mientras que su consumo energético puede equipararse al de una ciudad de 250.000 habitantes. En Argentina ya existen 42 centros de este tipo, lo que abre interrogantes sobre la sostenibilidad de su expansión.

La especialista advirtió que el país resulta atractivo para estas inversiones por sus condiciones climáticas, beneficios fiscales y regulaciones ambientales más flexibles. Esto genera un escenario en el que empresas internacionales buscan reducir costos, pero trasladan los impactos ambientales a territorios con menor control.

En ese sentido, la Patagonia aparece como un caso emblemático. Su clima frío y la disponibilidad de agua la convierten en un destino ideal para la instalación de datacenters. Sin embargo, también es una región clave para el equilibrio hídrico y el desarrollo de energías renovables, lo que plantea un debate estratégico sobre el uso de esos recursos.

Para Correa Cantalube, el problema no radica en el avance tecnológico en sí, sino en la falta de planificación. “Se pueden hacer muchas cosas”, afirmó, aunque subrayó la necesidad de contar con regulaciones claras, estudios de impacto ambiental rigurosos y mayores exigencias para las empresas. Entre las posibles soluciones, mencionó sistemas de enfriamiento cerrados que reduzcan el consumo de agua y estrategias para mitigar el calor generado.

La investigadora también puso el foco en el rol del Estado. Advirtió que, sin controles adecuados, los intereses económicos tienden a imponerse sobre los ambientales, lo que podría derivar en mayores costos sociales a largo plazo, como aumentos en tarifas energéticas, agotamiento de acuíferos o deterioro de la calidad de vida.

La especialista pidió mayor planificación estatal y controles para evitar que el desarrollo tecnológico avance sin contemplar sus costos ambientales y sociales

Otro aspecto que genera debate es el uso de la capacidad instalada. Según explicó, muchos de estos centros funcionan de manera permanente y no siempre están destinados a resolver problemas críticos, sino que en muchos casos responden a demandas vinculadas al consumo y la publicidad digital.

La entrevista, realizada en el programa “Victoria de 8 a 11” de Radio Post, también evidenció la falta de articulación entre el sistema científico y los tomadores de decisiones. Aunque existen estudios y advertencias, muchas veces no se traducen en políticas públicas concretas.

A nivel internacional, ya se registran antecedentes de comunidades que frenaron proyectos de este tipo. En países como Chile y Brasil, acciones judiciales impulsadas por poblaciones locales lograron detener la instalación de datacenters por su impacto ambiental, especialmente en contextos de escasez hídrica.

En este escenario, el desafío -según la especialista- es anticiparse. Evaluar los efectos antes de que se profundicen y definir qué tipo de desarrollo tecnológico se busca. En un contexto donde la inteligencia artificial avanza sin pausa, la discusión sobre sus costos ambientales comienza a ganar terreno también en Argentina.

Fuente: Radio Post FM 92.1

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.