Del motor térmico al eléctrico: cómo se redefine la VTV ante los vehículos eléctricos

La reforma de la Verificación Técnica Vehicular (VTV) impulsada por el Gobierno no solo cambia quién puede realizar los controles, cada cuánto se hacen y cuánto cuestan. También abre una discusión más profunda: si el sistema actual, diseñado hace décadas, sigue siendo adecuado para un parque automotor que empieza a electrificarse.

La reforma de la VTV en Argentina introduce desregulación, mayor competencia entre talleres, nuevos plazos y precios libres, en un contexto de transformación del parque automotor hacia la electrificación

A partir del Decreto 139/2026, la VTV en Argentina entra en una etapa de desregulación, con mayor competencia entre talleres, nuevos plazos y libertad de precios. Pero en paralelo, el cambio tecnológico empieza a tensionar el modelo vigente.

En ese contexto, desde el sector técnico comienzan a surgir definiciones sobre qué aspectos de la revisión siguen vigentes y cuáles necesitan actualizarse. “El único elemento de la VTV que no sería necesario en un vehículo eléctrico es el analizador de gases. El resto de los controles se mantiene igual”, explica Alejandro Moy, director de Relaciones Institucionales de Control Vehicular Argentino (CVA).

La definición funciona como punto de partida, pero también deja en evidencia el límite del sistema actual.

En los vehículos eléctricos, la mayoría de los controles mecánicos se mantienen, pero dejan de ser necesarios los sistemas de medición de emisiones, lo que evidencia límites del modelo actual

Qué cambia (y qué no) en la VTV con la electrificación

En términos inmediatos, la adaptación de la VTV a los vehículos eléctricos parece acotada. Los controles mecánicos -frenómetro, detector de holguras, alineación, suspensión y sistema de iluminación- continúan siendo válidos porque no dependen del tipo de motorización.

“Todo lo vinculado a piezas mecánicas se mantiene”, señala Moy a Economía Sustentable, marcando una continuidad clara en el esquema de revisión técnica.

La diferencia aparece en los sistemas vinculados a emisiones. El analizador de gases, que mide dióxido de carbono, monóxido de carbono e hidrocarburos, y el opacímetro, que evalúa el humo del escape, dejan de ser necesarios en vehículos eléctricos.

En un sistema históricamente centrado en el control de emisiones, este cambio no es menor.

Una reforma que expone los límites del sistema

La actualización normativa llega en un momento en que el parque automotor empieza a transformarse.  El número todavía es bajo, pero suficiente para plantear una pregunta de fondo: ¿una VTV pensada para motores a combustión sigue siendo adecuada para vehículos eléctricos?

La VTV tradicional no contempla nuevos factores clave como el estado de la batería, la seguridad en sistemas eléctricos ni la creciente complejidad tecnológica (ADAS, sensores, electrónica)

“La respuesta es parcial”, reconoce Moy. Porque si bien los controles tradicionales siguen siendo útiles, no alcanzan para cubrir las nuevas variables que introducen los vehículos eléctricos.

Lo que la VTV todavía no mide

La electrificación no solo elimina emisiones: introduce nuevos puntos críticos que hoy quedan fuera del diagnóstico estándar.

Entre ellos, el estado de la batería aparece como uno de los principales desafíos: su capacidad real, nivel de degradación y autonomía son variables clave que hoy no forman parte de la revisión técnica.

También surgen nuevas necesidades en términos de seguridad. “Habría que detectar golpes en la zona donde se aloja la batería”, advierte Moy, en relación a posibles daños que podrían comprometer el funcionamiento del sistema.

Se perfila un esquema mixto: una VTV con controles generales y talleres especializados para diagnósticos avanzados, lo que exige nuevas herramientas, capacitación técnica y estándares para garantizar la seguridad

A esto se suma la creciente complejidad electrónica: sistemas ADAS, sensores, radares, inversores, controladores y cableado de alta tensión. En conjunto, configuran un escenario donde la revisión técnica deja de ser exclusivamente mecánica.

Entre la VTV y los talleres: un nuevo esquema en construcción

La reforma del Gobierno, al habilitar a talleres privados y concesionarias a realizar la VTV, acelera otro proceso: la diversificación de los espacios de diagnóstico.

“No todo se resolverá dentro de la VTV”, admite Moy. Algunos controles, como el análisis del calentamiento de la batería, requieren más tiempo y equipamiento específico, por lo que probablemente se realicen en talleres especializados.

Así, empieza a configurarse un esquema mixto: una VTV que mantiene controles generales y una red de servicios técnicos que absorbe los diagnósticos más complejos.

Nuevas herramientas para una nueva etapa

Frente a este escenario, el sector ya comienza a adaptarse. Desde CVA se avanza en conjunto con el INTI en el desarrollo de nuevas capacidades.

Entre ellas, el control de sensores vinculados a sistemas ADAS y la incorporación de cámaras térmicas para monitorear la temperatura de las baterías, un factor clave en la prevención de fallas.

En paralelo, también se trabaja en la formación y certificación de técnicos especializados en vehículos eléctricos, un paso necesario para acompañar la transformación del parque automotor.

Más competencia, pero también más exigencia

La desregulación del sistema busca generar mayor competencia y reducir costos para los usuarios. Con nuevos actores habilitados y precios liberados, la VTV en Argentina entra en una etapa más flexible.

Sin embargo, este nuevo escenario también plantea un desafío: garantizar que todos los actores estén preparados para evaluar tecnologías cada vez más complejas.En el caso de los vehículos eléctricos, además, hay un efecto inmediato. Al tratarse de unidades nuevas, la mayoría queda dentro del período de gracia de cinco años sin obligación de verificación, lo que reduce costos en el corto plazo.

Ayelén Portaluppi: Periodista especializada en movilidad sustentable