Lo que comenzó como una tensión geopolítica regional ha mutado en un shock sistémico para la industria automotriz del siglo XXI, por lo menos, desde el inicio del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La guerra en Medio Oriente está actuando como un catalizador de doble filo sobre este sector. Por un lado, expone la fragilidad de depender de hidrocarburos, validando la tesis de la electromovilidad. Por otro lado, la disrupción logística y el encarecimiento del crédito amenazan con ralentizar la adopción masiva de este tipo de vehículos justo cuando los costos de las baterías empezaban a democratizarse.
En concreto, el cierre del Estrecho de Ormuz el pasado 4 de marzo no solo disparó el crudo Brent hasta los u$s110, sino que activó un fenómeno contradictorio para los vehículos eléctricos (VE).
Mientras el costo de uso mejora frente a la nafta, la cadena de suministros y los gastos de recarga enfrentan su mayor crisis histórica.
Es que la escalada bélica en Medio Oriente ha encarecido los combustibles líquidos hasta un 12% en mercados clave, lo que en teoría debería acelerar la transición hacia los vehículos “sustentables”.
Tarifas en alza
Sin embargo, analistas del sector advierten que el beneficio se está diluyendo por el lado de la infraestructura, como en el caso de las tarifas eléctricas, que apuntan al alza.
En Europa, por ejemplo, el precio mayorista de la electricidad saltó a 136,86 €/MWh (un alza del 14,6%), elevando el costo de una recarga doméstica estándar por encima de los seis euros.
«Estamos ante el mayor desafío de seguridad energética de la historia», señalan desde la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Pero, la volatilidad no solo afecta al surtidor, sino que amenaza con frenar las decisiones de compra de autos eléctricos debido a la suba de tasas de interés que los bancos centrales aplican para contener la inflación importada por el conflicto en Medio Oriente.
Además, la logística y la producción de baterías también están mostrando síntomas de estres ante la escalada bélica, a pesar de que este lunes 23 de marzo el presidente Donald Trump anunció una ventana de cinco días de negociaciones con Irán y aseguró que, durante ese período, suspenderá los ataques contra centrales energéticas.
Es que el insumo estrella de las baterías para este tipo de vehículos, como es el litio, vive un momento crítico.
En la Bolsa de Futuros de Guangzhou, el carbonato de litio registró caídas cercanas al 13% recientemente.
El precio del litio
Este mercado bursátil, que se ubica en la ciudad de Guangzhou, provincia de Guangdong, en el sur de China, es fundamental porque gestiona la volatilidad de materias primas críticas, como el carbonato de litio, y busca posicionar a ese país como líder global en la fijación de precios de metales esenciales para la transición energética.
Los expertos explican que el litio cae porque el conflicto en Medio Oriente ha frenado la demanda en la región, que era uno de los mercados de mayor crecimiento para sistemas de almacenamiento de energía (ESS) chinos.
Con este escenario, se proyecta que el costo de las baterías podría tocar los u$s80 por kWh para finales del año, una noticia positiva para el largo plazo, pero empañada hoy por la incertidumbre logística en el Mar Rojo.
El bloqueo en esa zona hace que las automotrices, especialmente las que dependen de componentes asiáticos, enfrenten un cuello de botella en el Canal de Suez.
Las navieras han comenzado a aplicar «recargos de emergencia por guerra» a cada contenedor, al punto que Andrés Quirós, director de Compras de SEAT, ha enfatizado que la digitalización y la cooperación con proveedores son las únicas herramientas para mantener la resiliencia ante una cadena de valor que se fragmenta.
La electromovilidad local
En Argentina, la industria de la movilidad eléctrica atraviesa también por un «momento bisagra» derivado de los coletazos bélicos sobre este sector.
Justo en un momento en el cual la llegada masiva de terminales chinas y la ampliación de cupos están cambiando un mercado que hasta hace poco era testimonial haciendo que, lo que durante años fue una promesa de vanguardia es hoy una realidad de mercado.
En lo que va de este 2026, el patentamiento de vehículos 100% eléctricos (BEV) ha dejado de medirse en modo goteo para hacerlo en volumen, si se tiene en cuenta que solo en febrero se registraron 554 unidades, un salto interanual superior al 1.200%.
Detrás de estos números no hay solo una conciencia ambiental, sino un cambio agresivo en la oferta comercial y la política de importaciones.
En especial, a partir del impulso que ha este mercado de vehículos eléctricos puros le está dando la automotriz china BYD.
La empresa ya captura casi tres de cada cuatro ventas en el país y, con el desembarco de modelos como el Dolphin Mini (u$s 22.900) y el Yuan Pro, ha logrado perforar la barrera del precio que antes limitaba al sector a un segmento de lujo.
Actualmente, esta firma junto a la local Coradir (fabricante del Tito), se reparten casi el 85% del market share eléctrico en momentos en los cuales el gobierno nacional asignó para este año 50.000 unidades con arancel cero para vehículos con valor FOB inferior a u$s 16.000, lo que ha permitido una «invasión» de otras marcas como JMEV, Baic y Geely.
Menores costos
Además, con el litro de nafta premium bajo presión por el contexto internacional en Medio Oriente, el argumento económico se vuelve imbatible para el uso urbano.
Recorrer 3.000 km con un vehículo eléctrico nacional como el Volt Motors cuesta aproximadamente u$s 36 mensuales, frente a los más de u$s300 que demandaría un motor de combustión.
En el caso del mantenimiento, la eliminación de cambios de aceite, filtros y correas reduce los costos de taller a prácticamente cero durante los primeros tres años.
De todos modos y a pesar del boom de ventas, la red de carga sigue siendo el principal punto de fricción.
Argentina cuenta hoy con más de 200 puntos públicos, pero con una alta concentración en el AMBA.
En este escenario, la Ciudad de Buenos Aires tiene en marcha la instalación de 400 estaciones adicionales entre espacios públicos y privados para 2026 y 2027.
En tanto, empresas como YPF (Punto Eléctrico) y Chargebox lideran la expansión en corredores viales hacia Rosario, Córdoba y la Costa Atlántica.
Los analistas entienden que el desafío para el resto del año será la estabilidad de la red eléctrica ante una demanda creciente y la sanción definitiva de un marco normativo (Ley de Movilidad Sustentable) que brinde previsibilidad a largo plazo para la fabricación local.
Impacto local
Sin embargo, el impacto de la crisis bélica en Medio Oriente también puede cambiar el tablero sobre la electromovilidad, que actualmente presenta una dinámica de «doble velocidad».
Mientras el encarecimiento de los combustibles tradicionales acelera el interés por el ahorro, los costos de importación y la generación eléctrica local enfrentan nuevas presiones.
Como en otras regiones del mundo, la escalada del crudo Brent ha tenido un traslado directo a las pizarras locales, con aumentos en naftas de hasta el 15 y 25% en las últimas semanas.
Esta suba plantea una especie de ahorro comparativo haciendo que el costo de mantenimiento de un vehículo eléctrico en Argentina ya se estima un 40% inferior al de combustión.
Con el litro de nafta premium presionando al alza, el «período de recupero» de la inversión inicial en un VE se está acortando significativamente.
Además, el mantenimiento de las medidas que eliminan los aranceles a la importación de estos autos mantiene competitivos los precios de modelos como el Nissan Leaf o el Peugeot e-208 frente a la inflación de los autos convencionales.
Componente crítico
Pero, un punto crítico para el negocio es que el 60% de la matriz eléctrica argentina depende del gas natural.
Desde entidades locales (como IIEP UBA-CONICET) advierten que el precio mayorista de la energía podría subir entre un 60% y 80% si el Gobierno traslada el sobrecosto del GNL importado a las tarifas.
Si bien la carga doméstica sigue siendo más barata que el tanque de nafta, el aumento de las tarifas de luz para usuarios residenciales de altos ingresos (Nivel 1) podría moderar el entusiasmo de los «early adopters».
Pero, a diferencia de otras regiones, el conflicto ha revalorizado el rol de Argentina en la cadena de suministro global.
Proyectos como el de Río Tinto en Salta (u$s 1.100 millones) y la actividad en la Puna se ven como activos estratégicos ante la volatilidad de Medio Oriente.
A esto se suma que, tras un 2025 de precios bajos, el litio muestra señales de recuperación, lo que para el negocio local significa una mayor entrada de divisas, aunque los analistas advierten que los costos logísticos (fletes marítimos) han subido por el bloqueo de rutas clave como el Estrecho de Ormuz.