Chubut tiene un faro al que no se llega por casualidad: un viaje al silencio en la Patagonia más extrema

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Chubut tiene un faro al que no se llega por casualidad. No hay senderos señalizados ni rutas que terminen frente a su base. Para conocerlo hay que buscarlo: navegar entre islotes, atravesar las aguas abiertas del Parque Patagonia Azul.

Chubut tiene un faro al que no se llega por casualidad: un viaje al silencio en la Patagonia más extrema

Dónde queda el faro

Recién entonces aparece el Faro Isla Leones, oxidado, imponente y solitario, como un vestigio de otra época en uno de los confines más extremos de la costa argentina.

Visitar el Faro Isla Leones es una experiencia que empieza mucho antes de pisar tierra firme. La navegación por el Parque Patagonia Azul, entre islotes y una asombrosa fauna marina, prepara el escenario para el encuentro con una de las estructuras más emblemáticas y aisladas de la costa chubutense.

Al bajar de la embarcación, el entorno recibe al visitante con una intensidad abrumadora, marcada por el olor penetrante del mar, el viento incesante y el sonido gutural de la colonia de lobos marinos que custodian la costa.

Juan De Franco, guía de turismo y especialista en interpretación del patrimonio, experimentó una conexión particular con este sitio mucho antes de conocerlo en persona. Durante su carrera universitaria, contó a Ambiente de Chubut, eligió al Faro Leones como tema de tesis, diseñando un plan de revalorización a partir de planos y documentos históricos, sin haber pisado nunca la isla. El destino quiso que, justo antes de defender su trabajo final, surgiera la oportunidad de trabajar en el mismo lugar que había estudiado a la distancia.

Visitar el Faro Isla Leones es una experiencia que empieza mucho antes de pisar tierra firme

Esa transición del papel a la realidad le permitió confirmar que el sitio tiene una atmósfera difícil de replicar. “Lo primero que me impactó fue el silencio, la sensación de estar lejos de todo”, recuerda sobre su primera visita. Según explica, el aislamiento define la experiencia desde el primer minuto: “No es un sitio al que se llegue caminando ni de casualidad; la gente que llega al faro es porque lo busca y eso ya te marca una experiencia distinta”.

La vida en el confín del mundo

El recorrido hacia la base de la torre funciona como un viaje en el tiempo. A medida que el visitante avanza desde la costa hasta la cima de la isla, la espectacularidad del paisaje da paso a una comprensión más humana del lugar. Muchos llegan atraídos por la postal del gigante de hierro frente al mar, pero el verdadero impacto aparece al entender cómo era la vida cotidiana de los antiguos fareros.

El recorrido hacia la base de la torre funciona como un viaje en el tiempo.

La estructura se alza enorme y corroída por el salitre, generando respeto no solo por la obra de ingeniería, sino por el desafío que implicaba habitarla. Las antiguas canaletas y los tanques de recolección de agua aún permanecen en pie como testigos de la ingeniosa adaptación necesaria para sobrevivir en un islote sin agua dulce.

Una belleza frágil y urgente

El estado actual del faro suma una capa de dramatismo al recorrido. La corrosión avanzada y el deterioro estructural evidencian su fragilidad. La escalera caracol que permitía el ascenso a la cúpula se encuentra clausurada por riesgo de derrumbe, lo que impide acceder a la vista que tenían los antiguos torreros, pero refuerza la conciencia sobre lo que se está perdiendo.

. La corrosión avanzada y el deterioro estructural evidencian su fragilidad

“El principal rasgo distintivo que tiene el faro es su fragilidad. Es un sitio de patrimonio histórico fundamental para la navegación patagónica que hoy se encuentra en un estado de deterioro muy avanzado”, advierte el guía.

Desde la creación del Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral, la Isla Leones quedó bajo su jurisdicción, tanto por la necesidad de proteger la fauna marina como por el valor histórico del faro. Aun así, gran parte del trabajo de conservación recae en la comunidad local y en prestadores turísticos, como Viento Azul, junto a la agrupación Amigos del Faro, que buscan mantener viva la memoria del lugar.

Para De Franco, preservar este patrimonio es una urgencia: “Si eso no sucede, no se va a perder solo la estructura, sino una parte fundamental de la memoria colectiva de la región”.

C M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.