Más de 295 millones de personas padecieron hambre aguda en 2025 debido a conflictos, desplazamientos, crisis económicas y fenómenos climáticos extremos. Pero el panorama podría agravarse de forma drástica en las próximas décadas: una nueva investigación basada en inteligencia artificial proyecta que el cambio climático, por sí solo, podría empujar a más de 1.100 millones de personas a sufrir al menos una crisis alimentaria severa antes de que termine el siglo.
El estudio fue desarrollado por un ecólogo cuantitativo que diseñó un modelo de inteligencia artificial para estimar cómo el aumento de temperaturas y los cambios en las precipitaciones impactarán en la seguridad alimentaria global.
A diferencia de otros enfoques que dependen de complejos datos socioeconómicos difíciles de proyectar a largo plazo, el modelo se calibró con información histórica de inseguridad alimentaria de la Famine Early Warning Systems Network y datos climáticos de la National Oceanic and Atmospheric Administration y del Climate Hazards Center.
Un escenario crítico si no se reducen las emisiones
El modelo advierte que, si el mundo mantiene altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, más de 1.160 millones de personas estarán expuestas al menos una vez a una crisis alimentaria grave antes de 2100. De ese total, más de 600 millones serían niños y más de 200 millones podrían enfrentar su primera crisis durante su primer año de vida.
La tendencia ya es preocupante: el número de personas expuestas a inseguridad alimentaria severa casi se triplicó en menos de una década, pasando de 50 millones en 2011 a cerca de 150 millones en 2020.
El impacto sería particularmente severo en África. Para 2099, más de 170 millones de personas podrían enfrentar crisis alimentarias extremas en ese continente en un solo año. Las zonas más críticas se concentrarían en el Cuerno de África y partes del Sahel, regiones que ya presentan altos niveles de vulnerabilidad y que, además, registran un fuerte crecimiento demográfico.
La diferencia entre crisis y resiliencia
El estudio también ofrece un margen de esperanza. Si los países reducen de forma drástica las emisiones y avanzan hacia modelos de desarrollo sostenible, la exposición a crisis alimentarias podría reducirse a más de la mitad. En números concretos, alrededor de 780 millones de personas podrían evitar atravesar una crisis alimentaria antes de 2100.
Según las proyecciones, el promedio anual de personas afectadas podría bajar de 89 millones (promedio entre 2005 y 2015) a 42 millones hacia finales de siglo si los gobiernos aceleran la descarbonización y la expansión de energías limpias.
En África, los beneficios de una transición sostenible serían especialmente significativos. El modelo sugiere que, si el continente logra reducir conflictos y disminuir la dependencia de combustibles fósiles, la exposición a crisis alimentarias podría caer con rapidez después de 2050, otorgándole mayor margen de mejora que a Asia.
Más que producir alimentos
Los investigadores subrayan que el problema no se resuelve únicamente aumentando la producción agrícola. La seguridad alimentaria depende de sistemas capaces de resistir inundaciones, sequías y otros eventos extremos vinculados al cambio climático, así como de políticas que promuevan equidad, estabilidad y adaptación.
El mensaje central es claro: el cambio climático incrementa el riesgo, pero las decisiones políticas determinan si ese riesgo se transforma en una catástrofe humanitaria. Sin una acción coordinada para reducir emisiones y fortalecer sistemas alimentarios resilientes, el número de personas expuestas al hambre podría escalar a niveles sin precedentes.