Agua Negra es, en los papeles, una obra de integración regional; en la práctica, un proyecto atravesado por el clima. El túnel vial binacional que busca unir San Juan con la Región de Coquimbo, a través de la cordillera de los Andes, aspira a ofrecer un paso estable de unos 14 kilómetros en una zona donde hoy manda la meteorología: nieve, tormentas y condiciones extremas que convierten cada cruce en una apuesta estacional.
Un túnel para estabilizar un cruce dominado por el clima
La iniciativa apunta a resolver una limitación histórica. Allí donde la prudencia climática obliga a cerrar pasos durante meses, el túnel aparece como una respuesta estructural al impacto del invierno andino. No es casual que el proyecto haya sido presentado, desde sus orígenes, como una forma de “blindar” la conectividad frente a un entorno natural imprevisible.
El respaldo financiero existe. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó préstamos por 280 millones de dólares -130 millones destinados a Argentina y 150 millones a Chile- para la primera etapa de la obra, enmarcada en un corredor bioceánico más amplio. En Chile, el Ministerio de Obras Públicas también difundió el aval del organismo para avanzar con la conexión desde Coquimbo, una región que mira al Pacífico pero también a la montaña como frontera climática.
En el plano político, el Gobierno Regional de Coquimbo volvió a colocar el proyecto en agenda mediante reuniones con CORPAN, la corporación binacional encargada del paso. El discurso insiste en los beneficios para el comercio, el turismo y la integración social. Sin embargo, el avance no es simétrico. Mientras el cónsul chileno en San Juan, Mario Schiavone, aseguró que del lado chileno las obras se reanudaron, el inicio de los trabajos en territorio argentino sigue pendiente.
Más allá de la coyuntura política, el factor climático emerge como un condicionante estructural. La alta montaña no solo enfrenta cierres recurrentes por nieve, sino también un escenario de estrés hídrico y retroceso de glaciares, especialmente monitoreado en Chile. Estos procesos plantean interrogantes de largo plazo sobre la disponibilidad de agua, la gestión de cuencas y la resiliencia de infraestructuras críticas en zonas andinas.
Financiamiento, política y una cordillera que impone límites naturales
El trasfondo geológico refuerza esa complejidad. La cordillera es el resultado de procesos tectónicos de subducción que explican tanto su altura como la dificultad técnica -y el alto costo- de perforarla. Construir allí no es solo una decisión de ingeniería o de presupuesto: es también una apuesta frente a un entorno natural cambiante.
Así, el debate sobre Agua Negra excede la obra en sí. No se trata únicamente de abrir un túnel, sino de evaluar si ambos Estados pueden sostener un proyecto largo, costoso y políticamente sensible en un contexto donde el clima impone cada vez más límites.